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¿Te lo vas a comer?

Un restaurante de las Ramblas intenta engañar a Chicote con una paella encargada: «Me tomas por imbécil»

Los encargados del restaurante barcelonés encargaron la paella en un hotel cercano al restaurante para que Chicote no criticase la baja calidad de su cocina

LA SEXTA
Actualizado
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Este miércoles se emitió en La Sexta la última entrega de la segunda temporada de «¿Te lo vas a comer?», el programa de reportajes que dirige el chef Alberto Chicote. Tras examinar la calidad de la comida en residencias de estudiantes, en centros de alto rendimiento deportivo y en cuarteles del ejército, entre otros lugares, Chicote cierra la temporada poniendo el foco en la comida que está orientada a los turistas que visitan España. El turismo es uno de los motores económicos del país, y la gastronomía uno de los grandes reclamos de la industria turística española.

Para empezar su recorrido Chicote se dirige a Barcelona, la ciudad turística por excelencia en España. Allí se encuentra con el periodista especializado en gastronomía Mikel Iturriaga, con quien se fue de paseo por el Mercado de la Boquería. «Esto ha cambiado con la llegada, en la última década, del turismo más masivo», explicó Iturriaga, «antes era un mercado tradicional y ahora todo está destinado al turista». Mientras paseaban se pararon en varios de los puestos para probar la comida que allí servían, y a ninguno de los dos les gustó nada de lo que comieron. Los calamares, en concreto, dijeron que estaban «horribles».

El chef luego siguió explorando Barcelona, esta vez con el periodista gastronómico Óscar Broc, y se dirigó hacia las Ramblas, arteria principal de turismo en la Ciudad Condal. «No creo que ningún barcelonés venga a comer a la Ramblas», le explicó su acompañante, «aquí se ha generado algo bastante alejado de lo que es la gastronomía en Barcelona». Al azar eligieron un restaurante lleno de turistas y se sentaron a pedir.

Lo primero que les sorprendió, a la hora de pedir las bebida,s fue que no tenían botellas o vasos pequeños, solamente jarras de un litro. «Esta sangría es peleona, sabe a vinacho», se quejó Óscar Broc. Luego miraron el menú y decidieron pedirse unos calamares y dos paellas pequeñas. Estaban sentados en la mesa esperando la comida cuando un viandante se les acercó para alertarles sobre la estratagema que estaban preparando en el restaurante.

«Hemos oído al jefe de camareros decir que iban a cocinar lo vuestro en el Hotel Oriente porque así le saldría mejor. Al ver que veníais con cámaras...», les alertó el señor. «Vamos, que nos la quieren colar», repuso Chicote. Les trajeron los entrantes, pero les chocó que el camarero viniese de otro restaurante y con una camisa negra en vez de la blanca del resto de camareros. «Es que lo tenemos todo junto, la cocina y todo», intentó defenderse el camarero.

«Es la primera vez que me pasa algo así», lamentó el chef. Cuando trajeron las paellas Chicote volvió a insistir con las preguntas y el camarero volvió a argumentar que les faltaban ingredientes en su cocina. Tanto Chicote como su acompañante vieron perfectamente cómo una persona salía del restaurante de la acera de enfrente con las paellas, se metía en el que comía Chicote y a los pocos segundos un camarero salía de nuevo para servirla.

Los encargados del restaurante siguieron intentando hacerle ver a Chicote que la paella se había cocinado en su restaurante, pero el chef televisivo les mostró el vídeo que le habían hecho al camarero sacándola del otro establecimiento y se quedaron sin palabras. «Tengo la sensación de que me tomas por imbécil», protestó Chicote. Probaron el arroz que, pese a haber sido encargado en otro local, era muy malo: «Me quedo con ganas de saber como es el arroz que ponen aquí realmente, porque si este es malo no me quiero imaginar cómo será el de verdad». Y a la baja calidad había que sumarle el desorbitado precio de la comida: 72 euros.