Exempleados de Dasy afirman que en la misma tolva se mezclaban animales enteros de saneamiento y productos de despiece para piensos
Exempleados de Dasy afirman que en la misma tolva se mezclaban animales enteros de saneamiento y productos de despiece para piensos - ABC

Extrabajadores de la planta de Osuna confirman el uso de animales enfermos

Relatan a ABC que «se hacía de noche. Mezclaban en la trituradora cadáveres de animales enfermos con carne despiezada destinada a piensos»

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La pasada semana, varios directivos y trabajadores de Dasy, la empresa de transformación de subproductos cárnicos de Osuna, fueron imputados por usar presuntamente animales enfermos o no aptos para consumo humano con el fin de obtener harinas y grasas destinadas a piensos de pollos, vacas y cerdos, entrando así en la cadena alimentaria humana. ABC ha logrado contactar con extrabajadores de Dasy -empresa del grupo PGG- que han confirmado que era práctica habitual usar animales enfermos o no aptos para hacer piensos. Mientras tanto, la Consejería de Agricultura mantiene silencio, a pesar de ser responsable de la sanidad animal en Andalucía.

Dasy tiene en un mismo edificio dos plantas de Sandach (Subproductos de Origen Animal no destinados a Consumo Humano). La planta Sandach categoría 1 comenzó a funcionar en 2002 para la destrucción de animales enfermos (vacas locas, lengua azul, brucelosis, salmonelosis...) o no aptos para consumo humano (caballos, perros o gastos), de los que obtiene harinas que deben ser incineradas en cementeras y grasas destinadas a plantas de biodiésel. La planta Sandach categoría 3 inició su actividad en 2005 y está autorizada para usar restos de animales destinados a consumo humano pero que no tienen ese fin por razones comerciales (como son las carcasas de pollos tras del despiece). Las harinas y grasas de los Sandach categoría 3 se destinan a piensos de animales de abasto (vacas, cerdos y pollos) y de compañía.

En la planta C1 entran los cadáveres de animales enteros: caballos, cerdos, vacas, jabalíes silvestres, perros o gatos de clínicas veterinarias. En la planta C3 entran restos de animales procedentes de mataderos, es decir, despiezados. «Según la Ley, las plantas de Sandach C1 y C3 no deben estar bajo el mismo techo. Por eso, Luis Gázquez Soria, exdirector general de Producciones Agrarias de la Junta, se negó a autorizar la planta C3 a Dasy. Sí lo hizo su sucesor en el cargo, Manuel Sánchez Jurado, quien tras dejar la Junta se convirtió en director general de PPG, grupo propietario de Dasy», cuenta un trabajador que fue mando intermedio de la planta y que ha pedido quedar en el anonimato por miedo a represalias.

«Sólo un muro de hormigón y una chapa separan la planta C1 de la C3 en Dasy. Al principio se abrió en la chapa una trampilla por la que se echaban los animales enteros del C1 al C3. Después perdieron el miedo y directamente las palas echaban los animales enteros a la tolva del C3. Se hacía de noche normalmente y así por la mañana ya sólo quedaba harina o grasa de los animales después de haberlos pasado por la trituradora y la olla a presión», señala uno de esos exempleados, que vio en numerosas ocasiones en la planta C3 cadáveres de jabalíes, vacas hinchadas y caballos enteros mezclados con restos de origen animal procedentes de mataderos.

«Dasy hacía caso omiso de la normativa de bienestar animal que obliga a tener corrales o bebederos para animales vivos que llegaban a la planta para ser sacrificados y destruidos. Normalmente se les mataba antes de triturarlos pero en ocasiones no morían del disparo que recibían y los tiraban vivos a la tolva», insisten estos extrabajadores, que aseguran que «en 2012 llegaron a Dasy cerdos que tenían presuntamente peste porcina africana y se echaron a la tolva de C3 para hacer harinas y grasas para piensos».

«En ocasiones, la harina presuntamente de pollo salía con pelos de cochino. Aquello era un descaro. Mandaban las harinas a la fábrica de Lérida y hacían una criba para dejarla limpia», cuenta un exdirectivo, que asegura que «la olla a presión de la planta C1 en la que que se cocían los subproductos cárnicos no solía trabajar a 133 grados, 20 minutos y una presión de 3 bares para esterilizar la harina y la grasa. Los ordenadores trabajaban con dos pantallas, uno en “modo trabajo”, que era cómo realmente funcionaban las máquinas, y otra en “modo visita”, para hacer informes oficiales».

¿Realizaba la Junta inspecciones a Dasy? Según estos testimonios, Luis Vázquez Muñoz, jefe de Sanidad Animal de la Junta en Sevilla -que ha declarado ante la Guardia Civil acompañado de abogado- «realizaba inspecciones a Dasy pero sus visitas eran anunciadas con quince días de antelación a Dulce Osuna López, directiva de la fábrica, para que todo estuviera perfecto cuando él llegara».