Varias botellas de gazpacho sobre la línea de envasado de la empresa Majao, en Mairena del Aljarafe
Varias botellas de gazpacho sobre la línea de envasado de la empresa Majao, en Mairena del Aljarafe - Efe
Mairena del Aljarafe

La abuela Reyes, la dueña de la receta que hace más universal al gazpacho desde Mairena del Aljarafe

Esta empresa fue la que llevó a cabo la primera degustación de este producto en la Expo 92 de Sevilla

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Desde 1940 la antigua Venta Ruiz sevillana guardaba celosamente la receta de su gazpacho, que era considerado de los mejores que se servían en Sevilla, pero hoy no sólo es un producto gourmet sino que se exporta desde Mairena del Aljarafe a países tan dispares como Australia.

La historia de la venta acabó con la llegada de la Expo,92, ya que su sitio fue ocupado por la propia exposición de La Cartuja sevillana, pero la receta de su gazpacho no se perdió, y sigue estando en la mente de la abuela Reyes, la mujer que, a sus 90 años, mantiene su propia fórmula de la Coca Cola, pero en forma de uno de los productos más conocidos de la gastronomía andaluza.

Su receta, guardada con secreto y esmero, se sirve ahora en Majao, la empresa que tiene su sede en Mairena, que ha hecho posible que el gazpacho andaluz se sirva en mesas francesas o australianas, y de él «se puede explicar todo, menos la receta», como señala Antonio Castaño, responsable de Relaciones Institucionales y Marketing de la empresa.

El trabajo de la compañía no es de un día, de hecho fue la que tuvo la idea, con el nombre de Gazpachería Andaluza, de llevar a cabo la primera degustación de este producto en la Expo 92, con quioscos que ofrecían el producto al visitante, «y entendemos que se puede considerar actualmente como la lanzadora al mundo del gazpacho como algo de consumo general», afirma Castaño.

Con el paso de los años llegó el nombre de Majao, nacido «en una etapa en la que buscábamos un nombre comercial», bajo el amparo de la empresa New Way Foods, la que ahora mantiene su producción en el polígono Pisa de Mairena del Aljarafe.

«Encontrar el nombre fue tan fácil como que un día se nos viene a la cabeza este, que es un nombre precioso, corto, simbólico, que lo dice todo del gazpacho, que definía una bebida de labradores, fresca, nutritiva, y parecía difícil que nadie lo hubiese usado, pero no estaba en el registro de patentes, así que lo adoptamos», ha señalado.

El secreto no se cuenta

Antonio Castaño da todos los detalles sobre un producto embotellado que lleva «tomate, pimiento, pepino, ajo, aceite, pan, y otra receta sin pan, sal, y vinagre y agua, y el secreto de la abuela, que ese no se cuenta», recordando que «para hacer el gazpacho no sólo hay que poner los ingredientes, sino que hay una forma que tenga un sabor más cremoso y sea más sabroso», pero eso ya forma parte de las entrañas de la idea.

Otro secreto, aunque este sí se puede contar, es «vigilar la calidad de los tomates, que dependen de la temporada, y los compramos en Almería en invierno, y en Los Palacios o Chiclana», procurando que haya siempre un producto de la máxima calidad, que una vez embotellado se conserva, siempre que no se rompa la cadena de frío, 45 días.

Antonio Castaño, responsable de Relaciones Institucionales y Marketing de la empresa
Antonio Castaño, responsable de Relaciones Institucionales y Marketing de la empresa - Efe

Cada botella se llena con un tratamiento de choque de frío «y una higiene que prácticamente es un quirófano, y se embotella con atmósfera controlada, con nitrógeno para que no se oxide», con un producto final que ya se vende en toda España, pero que busca nuevos mercados ahora en países como el Reino Unido o Alemania.

Antonio Castaño asegura que el acuerdo para vender también directamente a la hostelería ha hecho que algunos cocineros dejen de elaborar su gazpacho propio y sirvan el suyo, y entiende que el producto está destino a llegar a varios mercados más, avalado por el certificado IFS, una distinción internacional que se considera el Aenor de la alimentación.

Su labor parece querer demostrar que la alimentación es algo sin límites, y que sobrevive aún en la mente de una nonagenaria puede hacer felices a muchas personas de muchos países, aplicando a una idea de hace 80 años la tecnología del siglo XXI.