El presidente de Inés Rosales acompañado de varios trabajadores
El presidente de Inés Rosales acompañado de varios trabajadores - ABC
Aniversario

Un cuarto de siglo labrando tortas de Inés Rosales en Huévar del Aljarafe

El municipio y la marca celebran los 25 años de la fábrica y homenajean a los trabajadores

Huévar del AljarafeActualizado:

En 1991, la empresa Inés Rosales se instalaba en el municipio sevillano de Huévar del Aljarafe procedente de la vecina localidad de Castilleja de la Cuesta. El objetivo era ampliar las instalaciones y aumentar la producción de su producto más famoso, las tortas de aceite. Ahora, 25 años después, la marca y el municipio mantienen una relación que se ha vuelto indosoluble y que el Consistorio ha querido homenajear en uno de los días mas señalados de la localidad, el día de San Sebastián.

En el acto celebrado el viernes estuvieron presentes la corporación municipal al completo, el presidente de Inés Rosales, Juan Moreno, y unos invitados muy especiales:los trabajadores que ayer celebraban, también, el cuarto de siglo trabajando para Inés Rosales.

«Aún recuerdo cuando se empezó a rumorear en el pueblo que iban a abrir la fábrica de las tortas aquí», rememora Ángeles. Tanto ella como Dolores, Carmen, José Manuel, Carmen Mª y Maricarmen entraron a trabajar justo después de la apertura de las instalaciones. Eran parte de los 24 trabajadores con los que se inauguró la planta en la localidad. Ahora, el número de empleados alcanza los 130. De ellos, más de la mitad es de Huévar del Aljarafe, un pueblo en el que el aroma del ajonjolí se ha convertido en una seña de identidad más. «Aquí es muy difícil encontrar una familia que no tenga, mínimo, uno de sus miembros trabajando en la fábrica», reconocen.

Madres, sobrinas, hijas, hermanas y vecinas, el 80% de los empleados son mujeres, que se mezclan con chicos y chicas de apenas veintinco años, que áun no habían nacido cuando llegó a sus vidas Inés Rosales y que han entrado a formar parte de la plantilla en los últimos años. «Yo entré a trabajar menor de edad y llevo toda la vida allí. Ojalá nunca falte», pide Carmen Mª, la más joven de los trabajadores homenajeados por los 25 años en la fábrica. La mayoría sigue trabajando en ella, aunque aseguran que «nada se puede comparar a los inicios». «Cuando comenzó todo éramos como una familia», recuerdan con nostalgia. «Ahora somos muchos más compañeros, la producción ha crecido mucho y ha cambiado al ritmo que lo ha hecho la vida».

Lo que no ha cambiado, según explican, es la fabricación de las famosas tortas de aceite de Inés Rosales, que se siguen haciendo de manera artesanal. «La maquinaria ha avanzado mucho en estos 25 años hay una parte del proceso sigue haciéndose exactamente igual», afirma Dolores. Esta parte no es otra que el labrado, la fase en la que las trabajadoras, conocidas como «labradoras», le dan forma a cada torta a mano.

Exportación internacional

Este tipo de producción, en la que se combina la tecnología con el tratamiento artesanal de las tortas, ha dado como resultado un producto que se exporta a 39 países. «Cada día, 300.000 personas abren una torta Inés Rosales en el mundo», afirmaba Juan Moreno. El presidente de la empresa también quiso hacer balance de estos 25 años en Huévar donde, aseguraba, «la marca se ha terminado de profesionalizar y donde ha crecido humanamente». «Cuando empezamos aquí la situación era insuficiente:pocos servicios, un tejido industrial muy escaso... ahora nos encontramos en un polígono completamente equipado», detallaba. «El pueblo ha crecido al mismo ritmo que Inés Rosales, y viceversa». Además del aumento de la plantilla, las instalaciones han doblado su superficie y se ha aumentado la producción:a las tortas se le han sumado los cortadillos, las tortas saladas, los pestiños...

Juan Moreno recordaba también que los productos de Inés Rosales están unidos a toda la comarca del Aljarafe, de donde proceden numerosos trabajadores. Y, por su puesto, si hay un pueblo, además de Huévar, que esté irremediablemente ligado al sabor de las tortas de aceite es Castilleja de la Cuesta, donde, en 1910, Inés Rosales comenzó a fabricarlas siguiendo una receta tradicional. Buscándose la vida, comenzó a venderlas en la estación de tren de Sevilla, donde resultaron del agrado de los viajantes. Quién iba a imaginar que, más de un siglo después, serían un emblema del Aljarafe.