Un momento de la homilía celebrada este pasado viernes en la parroquia San Juan Bautista de Las Cabezas - A. H.
Accidente Sevilla

Accidente Arahal: «En este momento es muy difícil encontrar una palabra de consuelo que pueda aliviaros»

El párroco de San Juan Bautista confortó durante su homilía a los familiares de los cinco trabajadores muertos este jueves en un brutal accidente de tráfico

Cuatro de los trabajadores fallecidos en el accidente de Arahal dejan hijos y uno, además, una nieta pequeña

Las Cabezas de San JuanActualizado:

La iglesia de San Juan Bautista que corona la localidad sevillana de Las Cabezas de San Juan se quedó pequeña en la mañana de ayer para acoger a la cantidad de personas que acudieron a la celebración de la misa de exequias por los cinco trabajadores fallecidos en el accidente de tráfico de Arahal.

Desde antes de las diez de la mañana, el templo mayor cabeceño se fue llenando de vecinos que querían solidarizarse con el dolor de las familias de los fallecidos.

En un respetuoso silencio, solo roto por el desgarrador llanto de algunos familiares, y con los cinco féretros con los cuerpos sin vida de los accidentados a los pies del altar mayor presidido por una imagen de la Inmaculada Concepción, se desarrolló todo el ritual católico propio de una misa de difuntos.

Los familiares de Miguel Montenegro Guisado (48 años), José Manuel Pérez Marchena (36), Manuel Rodríguez Barrero (38), Antonio Jesús Cortés (19) y Juan Bornes Gómez (32) llegaron al filo de las once de la mañana acompañando a sus fallecidos desde el tanatorio, el cercano convento de Santa Ángela de la Cruz y el salón parroquial, lugares habilitados en los que tuvieron lugar de forma individualizada cada uno de los cinco velatorios que se alargaron desde las cinco de la tarde del jueves hasta antes del funeral de ayer.

El párroco de San Juan Bautista, Marco Antonio Fernández, indicó a ABC que la noche en los velatorios «ha sido serena y con constantes visitas de vecinos, muchos con café y caldo para los presentes». Fernández quiso destacar la «ejemplar y solidaria» actitud que «en todo momento ha mantenido el pueblo de Las Cabezas, a pesar del trágico accidente ocurrido».

A la llegada de los familiares al templo, las tres naves de la iglesia y el coro ya estaban repletas de vecinos, amigos y autoridades, entre las que se encontraban la corporación municipal de Las Cabezas en pleno, los alcaldes de las localidades vecinas de Lebrija y El Cuervo, y representantes de la Confederación de Empresarios de Sevilla (CES) y de los cuerpos y fuerzas de seguridad. Entre los asistentes, unos treinta compañeros de trabajo de los fallecidos y de la dirección de la empresa que, al igual que los familiares, no podían evitar expresar el intenso dolor que sentían.

La misa fue presidida por el vicario general de la Archidiócesis de Sevilla, Teodoro León Muñoz, y concelebrada con el párroco Marco Antonio Fernández; el vicario parroquial, Antonio Escribano; y los sacerdotes Jaime Ruiz, Diego Román y Eloy Ganfornina, todos en algún momento de su ministerio vinculados con Las Cabezas.

El vicario general leyó una carta remitida por el arzobispo de Sevilla, Juan José Asenjo, que no pudo asistir por un problema de salud. En la homilía, el párroco de San Juan Bautista, dirigiéndose a los familiares de los fallecidos, reconoció que «os confieso que en este momento es muy difícil encontrar una palabra de consuelo y de aliento que pueda aliviaros […] Las palabras se nos quedan cortas. Por eso nuestra primera actitud en este momento es un respetuoso silencio, un silencio que acompaña a la consolación».

Al finalizar la misa de exequias, tres de los fallecidos fueron trasladados al cementerio de San Sebastián de Las Cabezas, donde fueron enterrados, y dos fueron incinerados en Utrera y en Arahal.