Un momento del funeral, a las puertas de la parroquia de San Sebastián esta misma mañana - A. H.
Accidente Sevilla

Las Cabezas despide entre lágrimas y dolor a los cinco trabajadores fallecidos en el brutal accidente de Arahal

El vicario general de la Archidiócesis de Sevilla, Teodoro León Muñoz, ha presidido la misa conjunta

Crónica gráfica del funeral por las víctimas del accidente

Alejandro Hernández
Las Cabezas de San JuanActualizado:

Tras una larga noche en vela, el funeral por las cinco víctimas del accidente de tráfico ocurrido este pasado jueves en la carretera que une Arahal y Utrera ha llenado de familiares, amigos, autoridades y vecinos la parroquia de San Juan Bautista en Las Cabezas de San Juan, de donde eran los cinco fallecidos. La misa se ha celebrado a las once de la mañana.

La afluencia de público ha sido tal que se ha tenido que suspender el tradicional pésame. Ha sido una misa de exequias presidida por el vicario general de la Archidiócesis, Teodoro León Muñoz.

Los restos mortales de Manuel Rodríguez Barrer0 (38 años), Miguel Montenegro Guisado (48 años), José Manuel Pérez Marchena (36), Antonio Jesús Cortés (19) y Juan Bornes Gómez (32) fueron llegandoantes de las once de la mañana al altar de la parroquia de San Juan, donde recibieron el último adiós.

Tres de las víctimas del accidente de tráfico se entierran en el cementerio de San Sebastian de Las Cabezas y dos se incineran, uno en Utrera y otro en Arahal, por expreso deseo de sus familiares.

En principio iba a estar presidida por el arzobispo de Sevilla, Juan José Asenjo, pero excusó su ausencia al estar indispuesto por problemas de salud.

Llegada de los féretros a la parroquia de San Sebastián de Las Cabezas
Llegada de los féretros a la parroquia de San Sebastián de Las Cabezas - A. H.

Aun así, ha mandado un carta en la que manifiesta que «rezamos por los fallecidos y pedimos al Señor que les conceda su paz y su descanso y que conceda a sus familiares y amigos y a la comunidad cristiana de Las Cabezas el consuelo, la fortaleza y la esperanza que nacen de nuestra fe en la resurrección del Señor, que es el fundamento más firme de nuestra fe y de nuestra esperanza en la resurrección de los muertos».