Manifestación celebrada en 2014 contra el llamado clan de los chorizos
Estepa

Los Chorizos: de víctimas del racismo a traficantes

El clan huyó de Estepa en 2014 cuando les quemaron sus casas en una jornada de furia de los vecinos, hartos de la inseguridad en el pueblo

SEVILLAActualizado:

En el verano de 2014 la localidad de Estepa tuvo unos cuantos y tristes minutos de gloria. Una fama efímera que nada tiene que ver con sus afamados polvorones de Navidad. Hace dos años el país situó en el mapa, por unos instantes, a este pueblo de 12.000 habitantes que la tarde del 4 de julio estalló de rabia. Una manifestación convocada por redes sociales contra la inseguridad acabó con la quema de varias viviendas ocupadas por un clan señalado.Los Chorizos negaban estar detrás de la oleada de robosy aseguraban ser víctimas del racismo. 24 vecinos acabaron procesados por delitos de desórdenes públicos y realización arbitraria del propio derecho.

Los titulares estaban servidos: un pueblo se había tomado la justicia por su mano. La crispación era absoluta y la comunidad gitana, con rostros conocidos como el padre de la niña Mari Luz, Juan José Cortés, se ofreció a mediar en el conflicto. Los Chorizos abandonaron Estepa, pero fue algo temporal.

Una investigación de la Guardia Civil, que toma su nombre del apodo del clan («Operación Longanissa»), ha destapado cómo el citado clan que denunciaba ataques injustificados de un pueblo, había regresado a Estepa cuando los focos mediáticos se apagaron, ocuparon ilegalmente dos viviendas propiedad de una entidad financiera y en ellas instalaron un próspero negocio de venta al por menor de droga.

Cocaína para la comarca y provincias vecinas

Tal era la fama que había adquirido la coca que vendía Consuelo, la matriarca de la familia, que hasta la localidad de la Campiña sevillana viajaban a diario consumidores de municipios de otras provincias. «Se hacían 100 kilómetros, sumando ida y vuelta, para conseguir su dosis. Se había corrido la voz de que la droga era de altísima calidad», relata para ABC el jefe del equipo de Policía Judicial de Osuna, responsable de desmantelar los negocios de Los Chorizos.

El dinero intervenido en la operación desarrollada el pasado mes de marzo
El dinero intervenido en la operación desarrollada el pasado mes de marzo - ABC

El golpe maestro, con la detención de quince personas, se produjo el pasado mes de marzo. Ésa fue la fase final de una larga investigación alentada por unos vecinos que volvían a tener el problema de la inseguridad en la puerta de sus casas. El clan había vuelto y había instalado puntos de ventas de droga en las calles del municipio, con el consiguiente deterioro social que conllevan estos negocios de trapicheos.

Esta vez no hubo manifestaciones improvisadas ni disturbios, sino constantes avisos por carta pidiendo ayuda a la Subdelegación. Los vecinos veían que lo ocurrido hacía dos años no había servido de nada y temían que se volvieran a reproducir los problemas de antaño. Desde la Guardia Civil confirman que hubo varias reuniones del juez que ha instruido la operación, con la fiscal y los agentes para «realizar una investigación lo más exhaustiva posible porque la preocupación social era importante». Consuelo y su familia son de sobra conocidos por sus antecedentes por delitos contra la salud pública pero esta vez querían reunir pruebas para asestarle un golpe que la apartara un buen tiempo del negocio para tranquilidad del vecindario.

Los vecinos volvieron a alertar del regreso del clan con sucesivas cartas a las autoridades, «la preocupación social era máxima«, dicen desde la Guardia Civil

Las pesquisas han llegado a las finanzas del clan, «algo que no se había hecho jamás», señala el jefe del operativo. Aunque de aspecto modesto, a través de la droga se financiaba una extensa familia que oficialmente está dentro de las bolsas de emergencia social. Por eso algunos de sus integrantes son receptores de ayudas y en 2014, las viviendas que salieron ardiendo en el barrio de Los Poetas son de propiedad pública, para personas con escasos recursos. Entre los bienes intervenidos, el juez ordenó el bloqueo de más de 310.000 euros en cuentas bancarias, aunque es una cifra estimativa porque las indagaciones sobre el patrimonio de Los Chorizos continúan. Les imputan un delito de blanqueo.

Matriarca de 13 hijos

Al frente del clan está una mujer de 50 años, que tiene 13 hijos y se ha casado tres veces. Su última pareja, Rachid, es de origen marroquí y participaba también de los trapicheos, según la Guardia Civil. A diferencia de otras organizaciones, este grupo lo dirige una mujer que ha levantado sola el negocio. No lo ha heredado ni tampoco imitó las actividades de sus anteriores parejas. El equipo de Policía Judicial de Osuna descubrió que su anterior marido renegaba de esa actividad.

Ella fue el epicentro de la operación que arrancó de manera sigilosa en noviembre, cuando los agentes identificaron los puntos de venta y los sometieron a vigilancia. El primero, situado en una vivienda ocupada de la calle Dehesa, próximo a un colegio. Un barrio normal que de la noche a la mañana comenzó a ver el trasiego diario de hasta 400 toxicómanos y pequeños traficantes que iban a la casa de Consuelo a abastecerse de cocaína, heroína y rebujito, una mezcla de ambas sustancias.

Los agentes no sólo llegaron a contar ese número tan elevado de clientes, también confirmaron que en esa casa vivía Consuelo con su pareja y sus dos hijos pequeños, de 7 y 9 años. Unos niños que dormían a pocos metros de un fumadero. «En la casa había instalado una habitación para que la gente consumiera allí y no tuvieran que salir con la droga en los bolsillos».

Según relata este agente de la Benemérita, Consuelo adoptaba medidas de precaución para en caso de que estuvieran investigándola, «al menos no la cogieran con mucha droga». La puerta de entrada estaba blindada y reforzada por una reja de hierro que a los agentes les contó tirar cuando realizaron el registro. Algo habitual en los puntos de venta de los narcos porque les permite ganar tiempo para deshacerse de la mercancía antes de que puedan entrar los investigadores e incautarla.

El búnker

La investigación identificó que el clan también operaba desde un almacén, que llamaban el búnker, levantado en el extrarradio del municipio, en la zona de El Jarambel. Desde fuera sólo se observa una modesta construcción, tipo nave, levantada en un suelo rural. Sin embargo, a los vecinos les llamó pronto la atención el constante movimiento de coches que entraban y salían de esa parcela. Al lado hay fincas particulares donde las familias suelen acudir los fines de semana.

En este modesta construcción, llamada el búnker, el clan vendía droga las 24 horas del día
En este modesta construcción, llamada el búnker, el clan vendía droga las 24 horas del día - ABC

Según el Instituto Armado, ese terreno había sido adquirido por José María, alias el Checo, hijo de Consuelo y quien parece estar llamado a heredar el negocio familiar. En esa nave también vendían droga las 24 horas del día. Ese punto lo controlaba el Checo con ayuda de su mujer. Cuando los agentes tocaron a la puerta, comprobaron que la modesta construcción estaba dotada de medidas de seguridad, con cámaras que vigilaban todo el perímetro.

El tercer objetivo de la «Operación Longanissa» fue otra casa que había sido ocupada en 2014 en la calle Cuesta, desde donde los Chorizos también vendían su mercancía. Al frente de él, los investigadores sitúan a otro hijo de Consuelo, Christian.

El distribuidor, en Osuna

A los agentes sólo les faltaba saber dónde conseguían la droga Los Chorizos para distribuirla por toda la Campiña sevillana y provincias limítrofes. A través de los seguimientos y los pinchazos telefónicos, los agentes llegaron a su presunto distribuidor: Diego, el de la Bolera. Un traficante vinculado a un conocido clan de Osuna a quien le intervinieron gran parte de la droga incautada en la operación, más de un kilo de cocaína que estaba oculta detrás de un enchufe. Yako, uno de los perros de la Unidad Cinológica de la Benemérita, dio con el escondite.

A este traficante, los Chorizos acudían a diario a abastecerse de droga, según reveló la investigación. La clave era no tener mucha cantidad de droga entre las manos y darle salida rápido. Los traficantes al menudeo saben que en caso de detención, la cantidad de estupefaciente intervenido determina la pena de cárcel. Por eso es tan habitual que estos narcos de perfil bajo acumulen muchos antecedentes pero con condenas bajas. El resultado es una vida a caballo entre la cárcel y la calle.

Los agentes comprobaron así que Consuelo y su familia se desplazaba una o dos veces al día a Osuna para conseguir mercancía, que no superaba nunca los 100 gramos en cada transporte. «En cada viaje guardaban también medidas de seguridad como mandar un coche lanzadera que iba por delante del vehículo donde estaba la droga».

De los quince detenidos en la «Operación Longanissa», el juez envió a la cárcel a seis personas, cinco miembros del clan (Consuelo, su pareja, dos de sus hijos y una nuera) y el distribuidor de Osuna. El resto de detenidos salió en libertad con cargos y tras pasar por el juzgado, regresó a Estepa.