Una manada de toros cruzando el río Guadiamar en Aznalcóllar (Sevilla), en una zona restaurada tras el vertido de la mina
Una manada de toros cruzando el río Guadiamar en Aznalcóllar (Sevilla), en una zona restaurada tras el vertido de la mina - EFE/Fermín Cabanillas

Los contaminantes que aún persisten en la zona del vertido de Aznalcóllar, 20 años después

Los ciudadanos han mostrado su preocupación por determinadas actividades en la zona, como la cría de ganado para uso recreativo o la recolección

AznalcóllarActualizado:

El Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha acudido este pasado jueves al municipio sevillano de Sanlúcar la Mayor para informar a los vecinos sobre la contaminación residual persistente en la zona tras el vertido de lodos tóxicos de la mina del municipio sevillano de Aznalcóllar ocurrido en 1998.

Y es que, cuando recientemente se ha cumplido el vigésimo aniversario, los municipios del entorno afectado continúan con interrogantes sobre las actividades ganaderas y extractivas que pueden realizarse sin peligro para la salud humana, según señala el CSIC en una nota.

La jornada fue inaugurada por la delegada institucional del CSIC en Andalucía, Margarita Paneque; el edil delegado de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Sanlúcar la Mayor, Álvaro García, y el director del Instituto de Recursos Naturales y Agrobiología de Sevilla (Irnas/CSIC), José Enrique Fernández.

De este instituto de investigación acudieron dos investigadores al coloquio, Teodoro Marañón y Francisco Cabrera, acompañados de una investigadora de la Universidad de Sevilla, Maite Domínguez, quienes fueron los encargados de transmitir un resumen de los 154 artículos científicos que en estos 20 años ha desarrollado este centro sobre la contaminación en suelo y plantas tras el vertido.

Según datos del último y más importante, el proyecto europeo 'Recare', sobre prevención y recuperación de suelo degradado en Europa, «la concentración total de metales pesados, como el arsénico o el cadmio, persisten, pero no se mueven, es decir, no está disponibles y no se trasladan a las plantas, al agua o a los pastizales», en palabras de Teodoro Marañón, quien añadió que «los vecinos deben comprender que los contaminantes no se han eliminado, ni se eliminarán en cientos de años, por lo que hay que hacer un seguimiento y tener muy en cuenta que habrá restricciones de actividades».

Concretamente, los ciudadanos mostraron su preocupación por determinadas actividades en la zona, como la cría de ganado para uso recreativo --para el consumo humano está prohibido--, así como la recolección de caracoles, tagarninas, espárragos, espinacas o setas.

Ante ello, la investigadora Maite Domínguez arrojó unos datos recogidos de investigación en 2010 y 2016, que señalan que los niveles de concentración de cadmio y arsénico en caracoles y dos especies de setas, objeto de estudio por parte del Irnas, se exceden «con creces» de los niveles recomendables para la salud, por lo que «no está recomendado su consumo de ninguna manera».

En concreto, en el caso de los caracoles, el nivel máximo recomendado de concentración de arsénico es de 1miligramo por kilo, y los análisis recogieron una media de 1,6 mg/kg de arsénico.

En el caso del cadmio es aún mayor, llegando a detectarse 4,5 mg/kg de este metal pesado. En lo que se refiere a las setas, cuando el máximo recomendable es de 0,2 mg/kg, se han encontrado valores en alguna especie de hasta 9 mg/kg de concentración de cadmio.

No obstante, respecto a la cría de ganado, tras analizar los pastizales, excrementos y las crines de los caballos que pastan en la zona, en una investigación realizada en 2006-2007, se concluyó, sin embargo, que no había riesgo ninguno para los animales, y que sus niveles de concentración de metales pesados eran similares a los de la misma especie en otras zonas.

Los investigadores concluyeron que es necesario apostar por que la investigación continúe en la zona a más largo plazo, y haya un seguimiento científico exhaustivo. «De esta forma, podremos realizar una gestión adaptativa según los datos que vayamos teniendo», afirmó Teodoro Marañón.

Un servicio social

Este coloquio con los vecinos de la zona respondió a una iniciativa del CSIC para demostrar el compromiso social de la ciencia y así lo enfatizó su delegada institucional al afirmar que «es importante acercarnos sociedad civil e investigadores y ver los interrogantes y las respuestas que nos podemos dar los unos a los otros».

Margarita Paneque añadió que «es imperativo acercar ciencia y sociedad y que la ciudadanía tenga conocimiento científico», en alusión a la desinformación que en numerosas ocasiones prevalece tras acontecimientos como el de un vertido de la magnitud del de Aznalcóllar.

En esta línea, tanto responsables políticos como investigadores y vecinos acordaron que es imprescindible fomentar la educación ambiental sobre la contaminación y sus efectos, y concretamente a los vecinos de la zona sobre la contaminación aún persistente y los potenciales riesgos que pueda tener para la salud humana.

«En Europa hay 342.000 lugares contaminados, el 34,8 por ciento por metales pesados. Además, según informes científicos es la primera causa de mortandad no natural en el mundo, con casi nueve millones de personas que fallecen prematuramente por la contaminación», sentenció Marañón.

El CSIC y el Ayuntamiento de Sanlúcar la Mayor han llegado a un compromiso para que las conclusiones de este coloquio sean trasladadas a los vecinos de este municipio y otros del entorno afectado por el vertido al Guadiamar, de manera que la información científica esté «al alcance de la ciudadanía».