El ingeniero José Luis Martínez, con la prensa hidráulica (a su espalda) donde se somete a fuertes temperaturas y presión una cápsula con un diamante «semilla», grafito y metales - Vanessa Gómez
CARMONA

Así se «cultivan» diamantes sintéticos en una fábrica de la localidad sevillana de Carmona

Inversores internacionales compran a la familia Raventós, propietaria de Cordoníu, la firma Irisgem

SevillaActualizado:

En Carmona, una localidad de la campiña sevillana, se localiza Irisgem, la única fábrica de España que «cultiva» diamantes sintéticos mediante el sistema HPHT, que recrea tecnológicamente las condiciones de alta presión (40.000 atmósferas) y temperatura (1.500 grados) que originan esos preciados cristales en procesos geológicos. El resultado es un diamante más barato, con las mismas características de uno natural y con la garantía de que no se ha obtenido en países donde hay guerra y que, por tanto, no sirven para financiar conflictos bélicos.

Constituida en 2001 por Grupo Tecnológica y el Instituto Andaluz de Tecnología para fabricar diamantes con fines industriales y científicos, Irisgem fue adquirida posteriormente por la familia Raventós, propietaria de Cordorníu, para orientarse al sector joyero. Cansado de inyectar muchos millones de euros a la fábrica, hace un año cesó su producción y el pasado verano Jordi Raventós vendió la marca y la fábrica a Terzo Inversores, que aglutina a inversores internacionales, según el nuevo propietario.

Diamantes «semilla» que se usan para cultivar esos cristales preciosos en Irisgem
Diamantes «semilla» que se usan para cultivar esos cristales preciosos en Irisgem - ABC

Terzo Inversiones quiere que Irisgem se centre en el mercado de joyería y funerarias, ya que se ha puesto de moda usar cabello o cenizas de un difunto o una mascota para hacer «diamantes» en memoria del fallecido. «La gente llevaba antes relicarios y camafeos con cabellos de personas queridas y ahora prefieren diamantes», declara Pablo Reyes, geólogo y director comercial de Irisgem. Además, Irisgem ha hecho «biodiamantes» con otras fuentes de carbono, como césped del estadio del Santos, un equipo de la liga brasileña donde jugó Pelé y que se proclamó campeón en 2011 de la Copa Libertadores.

«Hicimos diamantes en color verde con hierba del Santos y en color ámbar con el cabello de Pelé, diamantes que salieron a subasta con fines benéficos para niños hospitalizados. También fabricamos más de mil diamantes con cabello de Pele para conmemorar los goles que marcó el jugador brasileño», añade Pablo Reyes.

Plumas de halcón y cordón umbilical

«Hemos cultivado también diamantes con un cordón umbilical, con espárragos para un fabricante alemán, con plumas de halcón para una firma joyera, cáscaras de plátano de Canarias, pelo de mascotas, pétalos de rosa y césped del Camp Nou, el Real Madrid...», manifiesta Reyes, que afirma que también reciben pedidos de novios para hacer diamantes con los cabellos de los futuros cónyuges.

«A diferencia de los diamantes sintéticos o cultivados que se hacen en serie en Asia, los de Irisgem se fabrican bajo pedido, ya que el cliente elige el color, tamaño, talla y materia orgánica que se usará en su elaboración. Es, por tanto, un diamante personalizado y nosotros garantizamos la trazabilidad». Así, se pueden «cultivar» diamantes en diferentes colores: incoloro, azul, amarillo, ámbar, verde y también rojo. «Son biodiamantes que tienen un valor gemológico para las joyerías, pero también emocional para los clientes», subraya.

Cubo en el que se inserta la cápsula cilíndrica con el diamante «semilla», el grafito obtenido de los cabellos de un difunto y metales varios
Cubo en el que se inserta la cápsula cilíndrica con el diamante «semilla», el grafito obtenido de los cabellos de un difunto y metales varios - Vanessa Gómez

«Es difícil que un gemólogo o un joyero puedan distinguir a simple vista un diamante natural de uno sintético. Si han quedado restos del metal donde crece el diamante sería necesario una lupa o un microscopio para detectarlo. Si no, harían falta máquinas especiales porque los diamantes sintéticos y los naturales tienen las mismas propiedades físicas, químicas, cristalográficas y ópticas», dice Pablo Reyes, responsable comercial de la única firma española que fabrica «biodiamantes» con precios que oscilan entre los 700 y los 6.000 euros. Los más caros son los azules y los más económicos, los color ámbar.

¿Hay un diamante perfecto?

«Los diamantes sintéticos son diamantes auténticos porque es una gema perfecta. Incluso podría decirse que un diamante cultivado se acerca más al diamante perfecto porque el diamante natural posee tensiones internas provocadas por los procesos geológicos, procesos que no sufre un diamante sintético que crece en un medio estable», explica Reyes.

¿Pero cómo se cultiva un diamante en un laboratorio? Para ello hace falta una «semilla» de diamante de menos de un milímetro de diámetro, a partir de la cual crecerá el cristal, según manifiesta el ingeniero industrial José Luis Martínez, que trabaja en Irisgem desde 2002. Básicamente, el proceso de fabricación de un diamante en bruto es de 3 a 15 días, dependiente del tamaño y color. Desde que se encarga el diamante hasta que es devuelto en forma de brillante (tallado) pasan unos tres meses.

Hay cuatro fases en el proceso de fabricación de un biodiamante. «El primero es carbonizar la materia que se usará para hacer el diamante: cabello, hierba, cordón umbilical... El segundo paso es convertir esa ceniza en un disco de grafito de unos 14 milímetros. En el tercer paso, ese disco de grafito se mete en una cápsula cilíndrica en el que también irá la semilla de diamante, hierro, níquel y cobalto. Esa cápsula se introduce en un pequeño cubo que, a su vez, se meterá en el núcleo de una prensa hidráulica. Ese cubo se rodea de piezas de carburo de wolframio que forman un octaedro y se les aplica durante días altas temperaturas y presiones. El carburo de wolframio se usa porque resiste temperaturas de hasta 1.500 grados y una presión de 40.000 atmósferas», informa el ingeniero José Luis Martínez.

¿Cómo se logran diamantes de color azul o verde?

Como consecuencia de esa temperatura y presión, dentro del cilindro se funden los metales y el grafito, y el diamante «semilla» comienza a crecer. Se obtiene un diamante en bruto, normalmente de color ámbar. «Para hacerlo incoloro se le quita nitrógreno y se le somete a temperatura. Para que sea azul, se le quita nitrógeno y se le añade boro. Para que sea verde, se le quita nitrógeno y se le añade boro. El color rojo -dice Martínez- exige temperatura y un tratamiento especial con un acelerador de electrones». El diamante en bruto mayor que ha «cultivado» Irisgem era de color ámbar y tenía siete quilates.

Pablo Reyes, geólogo y director comercial de Irisgem
Pablo Reyes, geólogo y director comercial de Irisgem - Vanessa Gómez

Y llega el cuarto y último paso para tener un brillante. «Una vez que tenemos el diamante en bruto lo enviamos a Amberes (Bélgica) para tallarlo. Una vez tallado, el diamante azul puede tener como máximo dos quilates y el incoloro, medio quilate. El coste del tallado es un 5% del total, ya que el proceso de fabricación es caro y laborioso», indican fuentes de Irisgem, que cifran en cien quilates al mes la capacidad de producción de la fábrica.

Desde sus inicios, esta fábrica ha «cultivado» miles de diamantes, para los que Irisgem expide opcionamente un certificado gemológico y una inscripción láser en el filetín del diamante con una frase o una fecha que elija el cliente.