El campo fontaniego se encuetra en julio en plena campaña de recolección
El campo fontaniego se encuetra en julio en plena campaña de recolección - A.L.
FUENTES DE ANDALUCÍA

El garbanzo «gourmet» de Fuentes de Andalucía resucita tras décadas en barbecho

Su ternura y calidad no tienen competencia y alcanzan los mejores precios. La cooperativa fontaniega Nuestra Señora del Rosario busca ahora una denominación de origen propia

FUENTES DE ANDALUCÍAActualizado:

El campo fontaniego está en plena campaña de recolección del garbanzo: las cosechadoras en faena son una estampa habitual en los predios de la zona durante el mes de julio. La tierra aquí, al igual que en el territorio que se extiende hasta Marchena y Écija, es especialmente apta para la siembra de la legumbre por sus propiedades y la tolerancia de esta planta a la escasez de agua.

El garbanzo fontaniego tiene una larga historia, aunque azotada por enfermedades que atacaron duramente a su más preciada variedad, el garbanzo «blanco lechoso», que incluso desapareció de sus tierras durante décadas. No obstante, los agricultores no tiraron la toalla y siguieron cultivando otras variedades comerciales como el garbanzo «castellano», «pedrosillano» o el conocido como «mexicano», que hoy se venden bajo el sello de grandes marcas e incluso en categoría gourmet.

Este año, de hecho, la campaña está dando rendimiento, a pesar del clima adverso que alternó sequía con abundantes lluvias en la primavera tardía. Desde la Sociedad García Toro Siglo XXI de servicios agrícolas cuentan que esta temporada han gestionado unos 54 contratos con agricultores fontaniegos, que han dado lugar a la siembra de unas 500 hectáreas de garbanzo «castellano» y «pedrosillano».

Esta producción, que por el momento arroja cifras de 800-1.000 kilos por hectárea de media, viajará hasta León, donde será envasada y distribuida por la gran industria nacional de la legumbre. Esta es precisamente, según Juan García Toro, la asignatura pendiente de Andalucía en este mercado:la transformación. «Somos fuertes en materia prima, pero perdemos oportunidades de negocio en la transformación de la legumbre», comenta.

Más cerca, a la empresa familiar Legumbres Valle, en El Coronil, se traslada la producción de los agricultores asociados en la Cooperativa Nuestra Señora del Rosario. Este año son un centenar los que han sembrado garbanzos, entre 500 y 600 hectáreas, pero con la novedad de que sobre un 40% es de «blanco lechoso», el autóctono fontaniego.

La vuelta de este garbanzo al campo fontaniego se debe a la disponibilidad de una variedad más resistente a los hongos, especialmente al fusarium, mortal para la planta.

Denominación de origen

Aprovechando este avance, la cooperativa impulsa desde hace tres años la vuelta al cultivo del «blanco lechoso», porque su delicadeza se compensa tanto por su calidad, como por sus mejores precios en el mercado y su particularidad, con poca competencia, según explica Miguel Fernández, presidente de Nuestra Señora del Rosario.

Esta promoción quieren respaldarla con la obtención de una Denominación de Origen propia, algo que ya han planteado al Grupo de Desarrollo Rural Campiña-Alcores, y que sería muy interesante por las ayudas económicas que puede traer aparejadas.

Cualidades, según los agricultores, no le faltan para conseguirlo: «Es muy tierno, de buen tamaño, con una textura totalmente distinta y una cochura excepcional». Para ello, hay que empezar por aumentar la producción y estar dispuestos a invertir en los proceso que, a medio plazo, acaben desembocando en una marca propia del garbanzo fontaniego.