A la izquierda, la Torre de Gibalbín en 2016 y a la derecha, en su estado actual tras el derrumbe
A la izquierda, la Torre de Gibalbín en 2016 y a la derecha, en su estado actual tras el derrumbe - A. H.
El Cuervo de Sevilla

La historia de El Cuervo se resiente con el derrumbe de la Torre de Gibalbín

La atalaya, que cuenta con catalogación BIC, sufre los estragos del abandono acumulado durante años

Alejandro Hernández
Actualizado:

El Ateneo Cultural Andaluz Arbonaida de El Cuervo de Sevilladenuncia el derrumbe de una parte importante de la Torre de Gibalbín provocado por su mal estado y el abandono que sufre desde hace tiempo. La atalaya se localiza en la sierra del mismo nombre, dentro del término municipal gaditano de Jerez de la Frontera pero muy vinculada y arraigada entre los cuerveños «que durante años trabajaron en los cortijos de la zona, por lo que su impacto es más directo en El Cuervo que en Jerez», asegura a ABC Gonzalo Amarillo, uno de los socios fundadores del ateneo.

«Como ya se venía denunciando desde hace años, a través de conferencias, charlas informales y reuniones, la Torre de Gibalbín se encontraba en ruinas con un acebuche en la cumbre cuyas raíces abrían en dos los últimos restos del lienzo sur», describe el ateneo en la nota de denuncia donde también explica que «recientemente hemos tenido noticia de que la grieta se ha abierto lo suficiente como para que parte del lienzo se haya venido abajo». Aunque es complicado estimar el momento exacto, continúa, «por contactos y referencias todo parece indicar que sucediera en torno a las navidades pasadas».

El también conocido como Castillo de Gibalbín, del que solo quedan los restos de la torre que forma un cuadrilátero de 20 por 30 metros, tiene la catalogación de Bien Interés Cultural (BIC), la máxima protección en patrimonio a nivel estatal, desde el 29 de junio de 1985, pero «su seguimiento se hace complicado y el acceso, al estar en propiedad privada, se convierte en casi imposible para los curiosos e investigadores», destaca Arbonaida. Esta circunstancia es respaldada por Javier Luego, responsable del proyecto histórico arqueológico que se lleva a cabo en el entorno de El Cuervo, que indica que «no se ha estudiado apenas por la dificultad de acceso; la torre se localiza en la intersección entre los cortijos de la Sierra, la Mazmorra y la Blanquilla y no se sabe a ciencia cierta en qué propiedad concreta se ubica».

La entidad cultural apunta que «son muchos los investigadores que han pasado por aquí y son muchas las personas del vecindario cuyas anécdotas están vinculadas a este emblema local» y subraya que «aunque la investigación puede esperar, la conservación es urgente».

Una vez que el ateneo recibió la primera notificación sobre el estado de la Torre de Gibalbín, «nos pusimos en contacto con el Museo Arqueológico de Jerez de la Frontera, el cual nos indicó la necesidad de poner los hechos en conocimiento de la delegación territorial de Cultura de Cádiz». Tras establecer contacto, describir la situación y mandar las fotos que así lo atestiguaban, «nos indicaron su desconocimiento, pero al mismo tiempo su implicación, enviando al equipo técnico necesario para estimar las medidas oportunas y urgentes en materia de conservación». La primera medida que se va a adoptar, comenta Gonzalo Amarillo, «es solicitar en el Registro de la Propiedad una nota simple para saber de quién es el terreno» sobre el que se erige la torre, «a la vez que se inician los trabajos de apuntalamiento para evitar futuros desprendimientos».

La historia alrededor de la Torre de Gibalbín está llena de misterio. Javier Luengo explica que «no parece existir consenso» sobre su edad y origen «y esto se debe a la falta de estudios publicados de carácter científico». El arqueólogo comenta que «se ha venido indicando que la torre es almohade o almorávide, pero al mismo tiempo se han dado cronologías en torno al siglo XV, lo que imposibilita esos períodos cronológicos». Si fuera de ese siglo, advierte, «debería ser cristiana, pero esto solo deja claro la necesidad de un mayor estudio sobre la Torre de Gilbalbín que esperemos llevar a cabo durante los próximos meses».

Sumada a la situación de la torre se da la circunstancia de que en el entorno existen restos inexplorados de una antigua ciudad romana, de hecho se supone que parte de la atalaya fue construida con materiales de esa ciudad. «La mayor parte de los restos de la ciudad romana se encuentran en el cortijo de la Mazmorra», estima Gonzalo Amarillo, que recuerda que los expertos que han podido visitarlos «se han sorprendido por la importancia que podrían tener, lo que cambiaría lo que se conoce sobre la historia de los asentamientos humanos en la sierra de Giblabín y su entorno, incluido El Cuervo».