Ignacio Osuna Gómez
Ignacio Osuna Gómez - ABC
Écija

Ignacio Osuna Gómez: el médico que puede ser santo

Hace tres años se inició el proceso para canonizarlo por su entrega a los más necesitados

Sevilla Actualizado: Guardar
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«Hay hombres que nunca deberían morir; pero mueren porque son como el grano de trigo que cae en el surco, y se transforman desde esta tierra a la del cielo para poder vivir y seguir dando vida abundante. Son los hombres que han hecho de su vida una lucha, un sacrificio, una entrega, un acto de servicio a sus hermanos, cuyos nombres serán recordados y alabados siempre. Su muerte es el acto supremo de entrega a Dios y a la humanidad. Y uno de estos hombres es Ignacio Osuna Gómez». Así describe el sacerdote Federico Flores Pistón al doctor Osuna en el prólogo del libro que este médico escribió sobre la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo desde la Medicina y la Fe.

Ignacio Osuna Gómez nació en Écija en 1957, en una familia muy católica. Era el cuarto de diez hermanos. En la casa había una capilla donde el pequeño Ignacio se vestía de monaguillo, incluso de cura. Ayudaba a misa y siempre estaba muy contento. Quien habla así de él es su hermano Fernando Osuna, un letrado muy reconocido y popular por las sentencias que ha ganado en los juicios donde se dirimen las demandas de paternidad. Este abogado que va buscando los padres de los hijos que antes se llamaban naturales, habla con emoción de su hermano Ignacio, al que quieren hacer santo.

«Estudió en los jesuitas de Portaceli, en Sevilla, y se echó una novia. Pero cuando estaba estudiando Medicina recibe la llamada de Dios. Deja a la novia y entra en el seminario de Toledo. Al cabo de una semana descubrió que la llamada no iba por ahí, sino por la Medicina. Tiene que empezar de nuevo, sin novia y humillado ante el fracaso que supuso esa decisión. Termina la carrera, siempre pendiente de uno de nuestros hermanos, que es deficiente. También se preocupa de los amigos de su pandilla que tienen ese problema, o del resto del grupo, donde había pobres, marginados…». Ahí estaba su campo de actuación.

Si algo lo define, es su entrega a los demás. Llevaba a los gitanos a la vendimia para que no tuvieran que gastar dinero en transporte. No tenía tiempo para él. Todas las horas del día eran pocas para dedicárselas a los demás. Se convierte en un médico rural que es capaz de recorrer aquellas carreteras maltrechas a diario para ver a un enfermo de cáncer que lo esperaba como si fuera el milagro de cada día. Ahí está la clave del proceso que han iniciado su familia y el cura Flores Pistón para beatificarlo y posteriormente canonizarlo. Su hermano lo tiene claro: «Si entre los múltiples testimonios que estamos recogiendo entre las gentes a las que sirvió aparece alguien que nos diga que obró un milagro, entonces el camino ya estará expedito».

En estos tiempos donde la inmensa mayoría de las canonizaciones recaen en religiosos, el abogado Fernando Osuna postula que sería necesario que un laico comprometido con la Iglesia y con los más pobres debería subir a los altares para servir como ejemplo. El médico Ignacio Osuna murió en 2006 de un terrible cáncer de páncreas que se lo llevó en muy poco tiempo. Estaba casado y tenía tres hijos. Nunca se quejó. Su entierro en Baena fue multitudinario. Allí estaban los suyos: los inmigrantes, los ancianos, los pobres. El centro de salud de la localidad cordobesa lleva su nombre. También tiene una calle con su nombre en Baena, y otra en su Écija natal.

«Hace tres años un jesuita nos dijo que la vida de Iglesia de mi hermano merecería un proceso de canonización, y en ellos estamos. Se ha nombrado a un instructor que actúa como postulante. Estamos buscando testimonios de personas que recibieron su ayuda. La causa va adelante y la lleva don Fernando Flores, el párroco de Cañada del Rosal. Es curioso, porque sin ser cura, mi hermano ayudó a muchos curas, sobre todo a los que padecían el mal de la soledad», afirma Fernando Osuna con esperanza y ternura. El próximo día 25 se oficiará una misa en los Paules de Écija. En su libro, Ignacio Osuna Gómez viaja continuamente desde la Medicina a la Fe, desde los tormentos físicos que padeció Jesús de Nazaret en su Pasión y Muerte, hasta la Resurrección. Tal vez estaba contando su propia vida sin saber que al cabo de los diez años de su muerte comenzaría un proceso para llevarlo desde el centro de salud hasta los altares.