Julián Granado, en su consulta de Morón de la Frontera junto con dos de sus libros ya editados
Julián Granado, en su consulta de Morón de la Frontera junto con dos de sus libros ya editados - J. L. M.
MORÓN DE LA FRONTERA

Julián Granado: el dentista novelista que Morón de la Frontera adoptó hace tres décadas

Nacido en Huelva, el odontólogo combina su labor médica con una dilatada carrera como escritor multipremiado

Juan Luis Mármol
Morón d ela FronteraActualizado:

El doctor Julián Granado es un onubense afincado en Sevilla que desempeña su trabajo en Morón de la Frontera. Aquí, en la calle Carrera, tiene su clínica dental. Y esto es lo primero que vendrá a la cabeza de los moronenses cuando escuchen este nombre, ya sea porque forman parte del grupo de sus pacientes o porque hayan escuchado alguna vez las cuñas publicitarias en la radio. Pero hay otro nutrido grupo que conoce otra faceta del doctor Granado: la de novelista.

Porque Julián Granado es un prolífico autor, con una amplia bibliografía en su currículum que incluye novelas, colaboraciones en prensa y relatos cortos. Y cuenta, además, con el reconocimiento de la crítica, ya que atesora más de una decena de premios. Su obra más reciente se titula «Los Entresijos», una pequeña novela de 2017 que trata sobre la epidemia del Síndrome Tóxico, una de las catástrofes sanitarias más graves de la historia reciente de España.

A este relato se suma una lista en la que se encuentran novelas con personajes históricos como protagonistas. Ahí están «Mendizábal, el caballero Neto» (con Juan Álvarez de Mendizábal) o «El Fajín del Virrey» (con Queipo de Llano). Como se puede ver, una carrera literaria de altura que compagina con su labor como dentista. Dos carreras esencialmente vocacionales, aunque Granado tiene claro cuál le identifica más.

«Mal me iría si no me identificara con la odontología», reconoce con una sonrisa. «Llevo treinta y cinco años ejerciendo y esto no es una profesión que se pueda hacer sin vocación». No obstante, eso no quita que «la literatura ha sido siempre una verdadera pasión vocacional. Si no me he dedicado a ella con carácter exclusivo ha sido por motivos económicos».

Citando a Borges, explica que «igual que cuando compras un libro te tendrían que dar también el tiempo para leerlo, a mí me lo tendrían que dar para escribir».

El dentista onubense afirma que «es muy difícil vivir de la escritura», aunque queda claro que él sí vive para las letras. Su pasión (dentro de la pasión) se encuentra en la historia, en los personajes reales que han existido.

«Se me podría considerar un escritor de novela histórica, aunque no puro. Sí soy historicista», reconoce. «A mí no me gusta inventar peripecias, pero sí contar a mi manera las que han ocurrido».

Esto le beneficia y le separa de los historiadores y novelistas históricos ortodoxos en tanto que ellos «son esclavos de la documentación: si los papeles dicen que las cosas ocurrieron de una forma, ellos no están autorizados a manipular esos datos».

En el caso de Granado, «la Historia está al servicio de la historia». Eso sí: tras cada novela hay una cantidad ingente de documentación, por supuesto.

Entonces, ¿cómo se compaginan dos labores tan exigentes? «Sacándole horas al reloj. Cuando llego a casa del trabajo me pongo con el “trabajo b”». Más que compaginar entre ambas, la escritura sirve como una vía de escape.

«Me permite desconectar del presente e irme a otro tiempo para ponerme en contacto con personajes que sólo tengo ocasión de tratar con el papel». ¿Cómo influye una en la otra? «Cualquier rama de la medicina te surte de un material impagable, que es el contacto humano. Todo es útil para el proceso de creación: las experiencias, las paradojas… herramientas que ayudan a la creación de las peripecias y a ponerles carne a esos personajes que solo existen en tu imaginación».

Además, y quizá más importante, la literatura sirve a su labor como dentista porque «me ayuda a dignificar mi trabajo, a no verlo como un instrumento de lucro con el que hacer trabajos chabacanos».

Así ha estado treinta y cinco años, de los que treinta y tres han sido en Morón de la Frontera. Prácticamente su carrera médica y literaria al completo se han desarrollado aquí, por lo que Granado afirma que «me considero moronense de adopción».