El bordador y restaurador Jesús Rosado usa exquisitas materias primas en sus trabajos
El bordador y restaurador Jesús Rosado usa exquisitas materias primas en sus trabajos - A.L.
ÉCIJA

El maestro Jesús Rosado borda mantos y devociones para todo el mundo

Fue el único niño aprendiz en el taller de costura las monjas filipensas y ahora en su taller ecijano trabajan a pleno rendimiento catorce mujeres

ÉCIJAActualizado:

Jesús Rosado Borja era el único niño aprendiz en el taller de costura de las monjas filipensas de Écija; pero tenía tan claro lo que quería que de ser un elemento extraño en aquel universo femenino pasó a hacerse indispensable. Hoy, unas tres décadas después, dirige uno de los mejores talleres de bordado de toda España, con encargos que traspasan las fronteras españolas hasta llegar hasta Puerto Rico o el Vaticano y trascienden lo religioso.

No obstante, a este bordador y restaurador astigitano se le conoce especialmente en el arte sacro por firmar trabajos de relevancia como la restauración del manto de la Virgen de las Lágrimas de la hermandad de la Exaltación de Sevilla (Premio Defómilo 2010), el pendón de los Siete Cuchillos de la Hermandad de las Angustias de Jerez de la Frontera o los bordados del paso de palio de la Virgen de la Victoria de Las Cigarreras.

Esta temporada no ha sido menor: el restaurado palio de la Virgen de las Mercedes de Santa Genoveva y los nuevos faldones de los pasos de la Virgen de los Dolores y el Cristo de la Providencia de Los Servitas han salido este año de su taller, ubicado en una casa ecijana del siglo XVIII y dominado por un frontispicio que, en latín, lanza un mensaje muy claro: «Yo creo más en mi trabajo que en la suerte, porque es más importante ser que parecer. La vida pondrá a cada uno en su sitio, pues el arte es largo y la vida breve».

Como confirma, la temporada de encargos ha sido buena y ha dejado la sensación de que se «empieza a arrancar», aunque la incertidumbre política siga pisando el freno. Tal y como señala, los precios siguen «ajustados al máximo», lo que no ayuda a aliviar el «gran problema» fiscal de los talleres, causado por altos impuestos y seguros sociales más un IVA del 21 por ciento. «Además, tenemos que luchar con la competencia de talleres que no están dados de alta», lamenta.

En noviembre, el artesano cumplirá 25 años de profesión, sembrados de centenares de proyectos de nueva creación y restauración, éstos últimos, reconoce, quizás más complejos por la «exposición» que supone ceñirse a un artista anterior. «Si te sales: o te coge el toro o te quedas en el burladero», dice.

El punto llano

Amante de los bordados del Renacimiento español, con preferencia por el punto llano y oro tendido frente al volumen que se suele demandar en la actualidad, Jesús Rosado basa su formación en lo que han aprendido sus manos y las profusas lecturas de los libros de cabecera del oficio que colmatan su despacho.

«Si hubiera dedicado a mi vida de estudiante lo que empleado en trabajar sería catedrático de Historia del Arte», bromea. No obstante, también ha colaborado con la Universidad de Sevilla en la catalogación de obras bordadas.

En sus proyectos religiosos le gusta trabajar con las mejores materias primas: los terciopelos manuales venecianos, los brocados y el damasco de venta exclusiva en Sevilla... hasta de Tetuán trajo el tejido de camello que usó para confeccionar una túnica para la hermandad sevillana de San Gonzalo. También siente un profundo interés por moda nupcial, taurina o la alta costura, en la que ha colaborado de la mano de Eduardo Ladrón de Guevara.

Hay un proyecto que lo tiene en vilo: un encargo de un particular español para Tierra Santa que va tomando forma. Sin poder dar más detalles, afirma entusiasmado que «será trabajar para el principio de todo». Mientras llega el momento, quedan por delante la fragua de los días de Semana Santa, que a ratos disfruta, pero que la mayoría del tiempo pasa trabajando y cerrando proyectos para el futuro.