Gregorio XVII, Pedro II, Gregorio XVIII y Pedro III, los «papas» del Palmar
Gregorio XVII, Pedro II, Gregorio XVIII y Pedro III, los «papas» del Palmar - ABC

Los cuatro «papas» del Palmar de Troya

Tras la muerte de Gregorio XVII, vidente principal de las supuestas apariciones de 1968, la iglesia palmariana se partió en dos por su sucesión: primero, Pedro II, luego Gregorio XVIII (el dimisionario) y, ahora, le llega el turno a Pedro III

SEVILLAActualizado:

¿Quién es el nuevo «papa» del Palmar de Troya? El profesor Magnus Lundberg de la Universidad de Uppsala en Suecia ha dado el nombre del sucesor del pontífice dimisionario, que ha abandonado la orden sin despedirse para marcharse, según apuntan algunas fuentes, con una mujer a Monachil tras haberse enamorado.

El nuevo «papa» del Palmar
El nuevo «papa» del Palmar

Según Lundberg, este nuevo «papa» sería un suizo llamado Joseph Odermatt, cuyo nombre de obispo es Eliseo María. Poco se sabe sobre él, sólo que es el que el anterior pontífice palmariano lo nominó para su sucesión, quien era hasta ahora secretario de estado de la secta que tiene su sede en la pedanía utrerana.

Los foros en Internet arden desde que se conoció la noticia de que el pasado 22 de abril renunciara el «papa». En ellos hay un encendido debate entre antiguos miembros escindidos de la Iglesia de la Santa Faz y los que aún permanecen dentro.

Esta secta que rompió con Roma tras el Concilio Vaticano II y que no reconoce a los papas de la Iglesia Católica desde la muerte de Pablo VI, está viviendo una enorme crisis interna, que ha terminado con la salida de numerosos obispos y la venta de propiedades. Éstos son los perfiles de los «papas» que han ocupado la sede de la Iglesia Palmariana:

Gregorio XVII

El papa Clemente en éxtasis
El papa Clemente en éxtasis

Con él comenzó todo. Clemente Domínguez Gómez (Écija, 1946), era el vidente principal del lugar de apariciones del Palmar de Troya en 1968 y quien, ayudado por su abogado Manuel Alonso Corral, se convirtió en el líder de todos ellos. Domínguez fue el producto de una infancia y juventud difíciles, marcadas por las fugas del domicilio paterno y, según confesión de su propia madre, de unas facultades mentales perturbadas.

Su peculiar forma de llevar la contabilidad le hizo abandonar una compañía de seguros en la que trabajó fugazmente antes de emprender junto a Manuel Alonso Corral, su «secretario de estado», el «camino a la santidad». En 1969 entró en éxtasis delante de 30.000 personas y se estigmatizó. Los estigmas visibles eran manchas y heridas sangrantes. La recepción del Niño Jesús en sus brazos era motivo de adoración para todo el pueblo presente. Esto se producía mientras un olor a incienso se daba cita en el lugar extrañamente. Fue así como comenzó la manipulación de parte de este pequeño pueblo de Utrera.

Clemente y su abogado necesitaban, ahora, persuadir a las instituciones para que financiaran la construcción de una basílica. Lo consiguieron, nadie sabe cómo, y fue levantándose poco a poco en la misma finca donde se produjeron las apariciones.

En este contexto, y para darle aún más suspense a la historia, durante un viaje en automóvil por la autopista Bilbao-Behovia, Domínguez sufrió un grave accidente que le hizo perder la vista el 29 de mayo de 1976.

A la muerte del Papa Pablo VI, Clemente Domínguez se autoproclamó su sucesor bajo el nombre de Gregorio XVII y canonizó sobre la marcha a Franco (cuentan que fue el régimen quien financió a la secta), José Antonio, Colón, Don Pelayo y hasta Adolf Hitler posteriormente, por el gran número de alemanes con los que contaba la congregación.

El papa Clemente, en el centro, con ayudantes
El papa Clemente, en el centro, con ayudantes

Fue entonces cuando rompieron con la Iglesia, a quienes consideran como la «gran ramera», la «sinagoga de Satanás» que «tragó la Iglesia de Roma y la verdadera Iglesia de Cristo tenía que huir al desierto». Restableció la misa tridentina y excomulgó a Juan XXIII y Juan Pablo II, a quienes consideraba que usurpaban el trono del Vaticano, desde entonces la «sede del Anticristo».

Clemente, para legalizar en España su organización religiosa, se vio obligado a suprimir la palabra Papa en sus estatutos, y convertirla en Jefe de la Orden de los Carmelitas de la Santa Faz. El 4 de enero de 1988, el Tribunal Supremo dictó una sentencia por la que se permitió la inscripción de la Iglesia Cristiana Palmeriana en el Registro de Asociaciones Religiosas.

Durante la década de los 90, fue acusado de abusos sexuales a algunos de los sacerdotes y monjas de su orden. En 1997, Domínguez admitió tales abusos y pidió perdón por ellos. Falleció a los 58 años, en 2005, apenas 11 días antes que Juan Pablo II.

Clemente fue objeto de numerosos documentales, películas y hasta de canciones, como la de Carlos Cano, que popularizó aquello de «Clemente no te quedes con la gente».

Pedro II

Manuel Alonso Corral
Manuel Alonso Corral

Según sus seguidores, Clemente Domínguez estaba destinado a ser el último papa y a ser crucificado y morir en Jerusalén, regresando a la Tierra bajo el nombre de Pedro II. No se cumplió la profecía. Antes de morir, nombró como sucesor a Manuel Alonso Corral (Cabeza del Buey, Badajoz, 1934), su abogado y confidente. Manuel Alonso era obispo de la Iglesia, bajo el nombre de Padre Isidoro María. Está considerado por muchos como el verdadero «cabecilla» de toda la trama de El Palmar de Troya. Cuando fue nombrado Papa, tres días después de la muerte de Clemente, eligió el nombre, precisamente, de Pedro II.

Esta decisión trajo consigo una fractura dentro de la iglesia palmariana ya que muchos obispos la abandonaron al conocer el sucesor. Consideran a Pedro II como el antipapa que usurpa el trono de El Palmar.

Gregorio XVIII

Sergio María, el papa dimisionario
Sergio María, el papa dimisionario

En 2011, fallecía Manuel Alonso Corral y la iglesia palmariana, que se iba desmoronando cada vez a mayor velocidad, nombraba a Sergio Ginés María Jesús Hernández y Martínez (Mula, Murcia, 1959), quien ocupaba la secretaría de estado de la secta con Manuel Alonso Corral.

Hernández era un militar del Ejército retirado, con ideas carlistas y, según quienes lo conocen, antes de ser nombrado «papa» tenía fama de «agresivo» y con un «estricto código de conducta». Con este nuevo antipapa, la congregación fue perdiendo aún más seguidores (la mayoría de ellos extranjeros) e incluso prohibió a los miembros relacionarse con los vecinos del pueblo.

Sus prohibiciones a los integrantes de la orden, referentes a la forma de vestir y los hábitos de vida, se le volvieron en su contra. El pasado 22 de abril, dejó una carta a todos los seguidores asegurando que había perdido la fe y que abandonaba la iglesia. Cuentan que su destino está en Monachil, a donde se habría marchado junto a una mujer de la que estaría enamorado.

Su lugar lo ocupa ahora el suizo Joseph Odermatt, que ha adoptado el nombre de Pedro III.