La guitarra de Tomatito llena de palmas el Maestranza de Sevilla
El espectáculo contó con invitados especiales, como la bailaora Nazaret Reyes, Niña Pastori y la cantaora La Macanita, entre otros
El concierto de Tomatito en el Maestranza, en imágenes
A pocos minutos para las ocho de la tarde, Sevilla se acomodaba en las butacas del Teatro de la Maestranza. El público, en su mayoría de mediana edad, esperó pacientemente a que se apagaran las luces del recinto y apareciera el protagonista de la noche: Tomatito.
La sala se fue quedando a oscuras de manera progresiva, hasta que el destello de tres focos blancos iluminaron la entrada de José Fernández Torres. A pesar del silencio que reinaba en el lugar, en señal de respeto, la ilusión se veía reflejada en el rostro de cada uno de los asistentes, al igual que en el de Tomatito. Unos acordes después, los músicos que le acompañarían durante el espectáculo se abrieron paso sobre la tarima: José del Tomate, hijo de Tomatito, a la segunda guitarra; Morenito de Íllora y Kiki Cortiñas al cante; e Israel Suárez, conocido como Piraña, a la percusión.
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Sonriente y desprendiendo serenidad, Tomatito tocó una bulerías lentas en solitario. El ritmo comenzó a aumentar a medida que el resto de músicos se unieron a él, y un jaleo se apoderó de los instrumentos. La fiesta termina con padre e hijo, a solas, sobre el escenario.
'Two Much' es el próximo tema en ser interpretado. Una canción que Tomatito sacó en el año 2000 con Michel Camilo, esta tarde fue dedicada a Paco de Lucía, «el mejor guitarrista que ha dado la historia», «porque está Paco de Lucía en mayúsculas, y luego estamos los demás». Este homenaje termina con 'Entre dos aguas', la canción más conocida del gaditano. A continuación, el Piraña, Morenito de Íllora y Kiki Cortiñas regresaron para poner el ritmo de la caja y las palmas a una bulería en honor al otro hermano, Pepe de Lucía, porque «le ha dado los mejores temas a Andalucía».
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La guitarra, el sello de la familia
Escuchando el toque de su padre, Tomate, de su abuelo, Miguel Tomate, y de su tío, 'El Niño Miguel', Tomatito creció rodeado de talento. A la vista está de que, en esta familia, el arte se hereda. José del Tomate es otra prueba de ello. El joven demostró su soltura con la guitarra flamenca cuando Tomatito lo dejó a solas frente al público, y fue premiado con una gran ovación.
Por su parte, unos tangos dieron la bienvenida a la bailaora Nazaret Reyes que, vestida de rojo, robó la atención de los asistentes, y fue marcando el compás y la métrica con su taconeo. La sincronización y el control que poseía sobre sus pies dejó boquiabierto a más de un espectador. La Macanita fue otra de las invitadas. Sin embargo, esta vez, los sevillanos fueron deleitados por la potencia vocal de la jerezana.
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Además de a Paco y Pepe de Lucía, a lo largo de su trayectoria, Tomatito ha tenido el placer de conocer a otras leyendas del mundo flamenco. Camarón de la Isla es una de ellas. Por esta razón, el tocaor se aseguró de recordar a su compañero y amigo en una velada tan especial como la de esta noche. Su recuerdo retumbó por todo el Maestranza al son de 'La leyenda del tiempo'.
La última invitada de la noche fue, ni más ni menos, que Niña Pastori. Acompañada de su marido El Chaboli a la guitarra, junto con Tomatito y su hijo, 'Ya no quiero ser' sonó más especial que nunca. «Para mí esta invitación ha sido muy especial. No me la esperaba. Es un privilegio estar aquí esta noche contigo», agradecía Niña Pastori. A lo que Tomatito respondió con una mirada llena de orgullo, recordando que «llevo conociéndola desde que era así» -pequeña- «y mira, toda una artista».
Como una canción se quedaba corta, optaron por un segundo tema, y no podía ser otro que 'Cai'. «¡Viva Cai, viva Sevilla y viva el Tomate!», concluyó Niña Pastori. Por desgracia, esa parecía ser la última canción, porque todos los artistas e invitados que habían formado parte del espectáculo salieron a despedirse de una tarde-noche que jamás olvidarán.
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Una despedida no es cualquier cosa, y a los conciertos hay que ponerles el punto final como se merecen: por la puerta grande. Nadie se iría al 'backstage'. No sin antes interpretar las últimas bulerías. Y así fue. Niña Pastori y La Macanita cantaron, Nazaret Reyes bailó… Cada uno puso el broche de oro al evento a su manera: haciendo lo que mejor sabía hacer.
Los aplausos de un teatro con aforo para 1.800 personas en pie fueron el mejor 'feedback' que los intérpretes podrían haber recibido. Sobre el escenario, muchos abrazos y muestras de cariño. Incluso un taconeo por parte de Tomatito, algo que avivó, aún más, las palmas del público.
Con un largo recorrido a la espalda, pero aún camino por delante, José Fernández dejaba a la capital hispalense con la miel en los labios, porque, a pesar de la hora y media de concierto, su arte nunca es suficiente. Tomatito, ha sido un placer.
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