crítica de danza
El Ballet Nacional en otra dimensión
Exito de la compañía institucional en el estreno absoluto de 'Afanador' en el teatro de la Maestranza
Rubén Olmo: «Cuando llegué a Madrid me encontré con otro flamenco»

Crítica de Danza
'Afanador'
- Idea y dirección artística Maros Morau
- Coreografía: Marcos Morau & La Veronal
- Dramaturgia: Roberto Fratini
- Diseño Escenografía: Max Glaenzel
- Composición musical: Juan Cristóbal Saavedra
- Diseño Vestuario: Silvia Delagneau
- Diseño Iluminación: Bernat Jansá
- Fotografía: Ruven Afanador
- Teatro Maestranza Estreno Absoluto
- Día: 1 de diciembre de 2023
Cuando una compañía de Danza entra en otra dimensión, por la obra, por sus protagonistas o por la apuesta que hace al cambiar de registro, es algo emocionante y que se queda en la memoria de quienes pudimos ser testigos de algo así. Al Ballet Nacional de España esto le ha ocurrido en más de una ocasión, por citar una fecha histórica, aquel programa que estrenó en 1984 y que contenía tres obras maestras: 'Ritmos' de Alberto Lorca, 'Danza y Tronío' de Mariemma y 'Medea' del maestro Granero.
En este caso, la apuesta es arriesgada e intensa y viene de la mano de uno de los creadores más rabiosamente brillantes de los últimos tiempos en el mundo de la danza europea, el valenciano Marcos Morau y su equipo de la Veronal. Que el bailarín y coreógrafo sevillano, Rubén Olmo, director del Ballet Nacional de España apostara por Marcos Morau era toda una declaración de intenciones, claramente de crecer hacia el siglo XXI para incorporar nuevas estéticas al Nacional, sin olvidar, como hace, su repertorio histórico y más tradicional.
Pero además, Marcos Morau ofrece a Rubén Olmo una idea de espectáculo sobre Ruvén Afanador, fotógrafo colombiano residente en Nueva York, cuyo trabajo en Sevilla es sobradamente conocido por realizar el cartel de la Bienal de Flamenco 2008 y la exposición de fotografías de artistas flamencos, con un estilo rompedor, que reunió a lo más 'granao' de la profesión en poses y estéticas nunca vistas, colección en la que uno de los participantes en esas sesiones fue precisamente Rubén Olmo y que durante más de un mes estuvieron expuestas por toda la ciudad.
Estos mimbres son fundamentales a la hora de contar lo que ocurrió en el Maestranza en este estreno absoluto de 'Afanador', una obra que seguramente pasará a la historia del Nacional. El espectáculo es sobrecogedor, impresionante, con una visión de la danza española absolutamente novedosa, en la que no falta nada, pero con una interpretación que poco tiene que ver con lo tradicional realizado hasta ahora por el Nacional aunque recoge todo su espíritu.
Con seguridad parte del público esperaba ver al Nacional de 'La Bella Otero' o 'Invocación Bolera', pero lo que vió fue un sorprendente elenco, de una altísima calidad técnica, expresiva, dancística que no dejó en ningún momento de bailar en un montaje coral en el que nadie destaca, salvo el sólo del propio Olmo rememorando el momento en que en la Real Maestranza posó en 2008 para Afanador.
Decía Rubén Olmo que los bailarines de Danza Española son los mejores del mundo. A tenor de esta obra puede decirse que es así. No habrá un elenco de bailarines capaces de llevar a cabo una obra como esta en la que la coreografía más contemporánea flamenca, se combina con la danza folklórica, en la que el intrépido y endemoniadamente rápido zapateado se turna con los pasos de la jota y al mismo tiempo se interpretan palillos, sin olvidar los escorzos, braceo, manos abiertas, dedos colocadísmos y cabezas milimétricas y saber bailar una ensoñación por seguiriyas al cante y a la guitarra. No señores, no, esto no lo hace un bailarín cualquiera, lo hace un bailarín de Danza Española.
La obra explora sin duda el laberíntico universo de Afanador a través de sus dos libros, 'Ángel Gitano' o 'Mil Besos', y por ello la coreografía parece reconstruir toda esa gestualidad que tienen las imágenes del colombiano. Es como si los protagonistas de las fotos de Afanador hubiera cobrado vida y se hubieran subido al escenario. Marcos Morau no ha querido hacer danza contemporánea, sino que se ha acercado al lenguaje de la Danza Española para llevar el suyo propio, que es muy particular y preciso, y que siempre tiende a avanzar en el mundo coreográfico y creativo, nunca a repetir.
La obra es brillante desde un inicio sobrecogedor en una especie de estudio fotográfico en blanco y negro, estética que está en toda la pieza muy 'afanadoriana', podríamos decir, igual que en el rompedor vestuario y en una escenografía sorprendente con lo que parecen escasos elementos, pero que sin embargo conforman un universo en cada escena. El diseño de luces es espectacular, absolutamente fascinante, con unos recursos lumínicos pocas veces vistos en el montaje de una compañia española.

Atronador inicio de la obra a telón bajado con una banda sonora percutiva y necesariamente alta porque así luego, a lo largo del recorrido, te das cuenta que es necesario este volumen. Tras ese breve inicio comienza 'Afanador' con una especie de momento a lo 'Bob Fosse' con todos los bailarines colocados en perfecta fila, tras una cortina casi bajada viendo sólo sólo los pies, zapateando en intricadas composiciones. Hay que indicar que para el flamenco Marcos Morau ha contado con la inestimable colaboración de Miguel Angel Corbacho, coreógrafo y asistente de dirección de Olmo y en los palillos y danza española con la maestra Maribel Gallardo.
Desde ese momento 'americano' imagino que en referencia a la residencia de Afanador en Nueva York, volvemos a la realidad española con la presencia en bici de un afilador y su característico sonido. Nos recogen y nos llevan al mundo Afanador/Morau.
A partir de ese momento la obra es un no parar de danza con una cantidad inmensa de icónicos gestos, instantes, una imagen espectacular de la compañía en blanco y negro, bailando fuera de sus registros con una seguridad y limpieza de pasos y gestualidad que asombra. No hay un segundo de descanso. Morau ha sido implacable con los bailarines, les han pedido todo, no que bailen, sino que se transformen, y lo han hecho.
El toro de Osborne, la estampa con palillos, las batas de cola negra, dos movimientos con pasos de jota, los cantes de trilla, la música percutivas de los timbales, la espectacular proyección sobre la pared blanca con la que interactuan los bailarines, la hermosísima seguiriya de Gabriel de la Tomasa con las guitarras de Enrique y Jonathan Bermúdez, una estampa poderosa en la que la seguiriya toma otra dimensión, más allá de la danza, y se convierte en una ceremonia.
Aparecen en esta coreografía las imágenes de 'Mil besos' de Afanador como la de aquella foto de Esperanza Fernández con un enorme y larga cabellera colgando de un balcón, junto a la que bailan los intérpretes; O los grandes abanicos como el que lucía Eva Yerbabuena en una de las imágenes del libro; las tiras de cabello largas como cintas de la fotografía de la bailaora Yolanda Heredia; los lazos inmensos negros sobre la cabeza, como el que lucía Matilde Coral en la foto de Afanador; la larguísima bata de cola puesta en vertical que lucía la Farruca..., todo el universo y objetos del fotógrafo recogido en 'Mil besos' están en la composición dancística y estética de Morau y en la danza, protagonista principal de esta obra.
En Morau hay una seña de identidad, y es que no se saben nunca lo que va a pasar en la siguiente escena, y eso es un acicate para el espectador que en esta obra se ve constatemente sorprendido. Bellísimos los sólos Francisco Velasco, el de Inmaculada Salomón y finalmente Rubén Olmo, rememorando el que hiciera con Afanador en la otra Maestranza, con un mantón negro, que es el colofón dramático.
'Afanador' es otra dimensión de la Danza Española, es haber abierto una nueva puerta para la contemporaneidad de una danza que conservando sus orígenes y su espíritu puede ser renovada sin temor si se hace desde el conocimiento y el respeto.
El público del Maestranza atronó en aplausos y vítores, y había mucha gente joven de conservatorios y escuelas entre el respetable, algo siempre alentador. Los nuevos públicos son necesarios, y oir sus comentarios como...«ya no hace falta esperar que venga el Nederland para ver una gran compañía, la tenemos aquí», da alegría y orgullo.
Por cierto, el fotógrafo colombiano estaba en el teatro venido expresamente desde Nueva York y se mostró «sobrecogido» tras la representación. 'Afanador' nos ha dejado a todos pensando que la Danza Española es el patrimonio más grande que tenemos, y que esta obra sin duda, abrirá nuevos canales de visibilidad al Nacional en teatros y festivales que sin duda lo acogerán desde otra mirada.
Nosotros nos quedamos con las imágenes, el blanco y negro, la sobrecogedora danza, cuyos infinitos gestos se nos pierden de tantos y tantos, y sobre todo por la osadía de querer ir más allá y estar en otra dimensión. Ésta es la única forma de no morir en la Danza y en la vida.
Esta funcionalidad es sólo para suscriptores
Suscribete
Esta funcionalidad es sólo para suscriptores
Suscribete