Córdoba, tanto ciudad como provincia, es un lugar vivo que combina historia, cultura, naturaleza y gastronomía. Todo ello se traduce en experiencias únicas para quienes la visitan. Turismo y Restauración se han consolidado como motores fundamentales de la economía cordobesa, generando empleo directo y dinamizando sectores como el comercio, la agricultura y las industrias creativas y culturales.
Este crecimiento ha ido acompañado de una transformación del modelo turístico, que hoy busca ser más sostenible, profesional y diverso. Córdoba se ha adaptado a un visitante más exigente, que no busca únicamente un monumento o una buena mesa, sino una vivencia completa que conecte con la identidad local, el entorno y la autenticidad del destino.
Además del patrimonio monumental –que sigue siendo importantísimo–, el turismo cordobés incluye: el rural, el de naturaleza, el activo y el de artesanía; así como el gastronómico y el enoturismo, que en estos momentos están alcanzando un auge extraordinario.
La gastronomía cordobesa, por su parte, ha sabido mantener un equilibrio entre tradición y creatividad. Se apuesta por el producto local, el respeto al medioambiente y la cocina con identidad, pero también por la innovación, la investigación y el diseño de nuevas experiencias culinarias. La comida se convierte en lenguaje cultural, en una forma de contar el territorio.
Pese al crecimiento y la diversidad, el sector turístico y gastronómico de Córdoba sigue afrontando retos importantes. Entre ellos, la estacionalidad, la saturación del centro histórico de la capital, la falta de profesionalización en algunas áreas, la necesidad de regular las nuevas formas de alojamiento y la mejora de infraestructuras, especialmente en el medio rural.
Para garantizar un turismo de calidad, equilibrado y duradero, será clave seguir colaborando entre administraciones, empresas, entidades educativas y ciudadanía.
El vino como patrimonio cultural y expresión gastronómica:
El vino es patrimonio. Más allá de ser un producto agrícola o gastronómico, el vino se posiciona como un atractivo singular dentro de la amplia oferta turística, reforzando la imagen de Córdoba como destino auténtico y con personalidad.
La viña y el vino forman parte del paisaje, la cultura y la historia de la provincia. Las bodegas, como espacios vivos de tradición y conocimiento, se han convertido en auténticos centros de experiencia y atracción turística.
El Enoturismo ofrece al visitante la posibilidad de conocer de cerca el proceso de elaboración del vino, su cata, explorar el entorno rural, descubrir antiguas tradiciones y conectar con la identidad local a través de los sentidos.
Este tipo de turismo también contribuye al desarrollo económico, creando empleo y sinergias con el alojamiento rural.
El vino es gastronomía. El vino cordobés forma parte inseparable de la restauración, integrándose en la cocina local y enriqueciendo la experiencia del comensal:
-Para el cliente habitual, de Córdoba, representa orgullo, tradición y cercanía, calidad conocida y conexión emocional con sus raíces. (“El vino que bebía mi padre”, se suele evocar).
-Al visitante, le permite descubrir el carácter del territorio a través de sus aromas y sabores, conectar con su cultura y vivir una experiencia sensorial que enriquece su viaje. (“El turista demanda vino local”, son palabras de hostelero).
Pérez Barquero en el sector Turismo y Restauración
Dentro del mapa enoturístico cordobés, las Bodegas Pérez Barquero, en Montilla, participan activamente en esta evolución del sector sin perder de vista sus raíces.
Desde 1905, la bodega forma parte del paisaje vitivinícola de Montilla-Moriles. Ofrece cada día visitas guiadas en varios idiomas y catas especializadas que permiten descubrir de cerca el proceso de elaboración y crianza de sus vinos, brandies, vinagres, vemouth,…; degustarlos; recorrer patios andaluces, bodegas de tinajas y bodegas de botas centenarias; y entender cómo la singular crianza bajo velo de flor, la tierra albariza, el especial microclima y la uva Pedro Ximénez hacen posible estos vinos únicos en el mundo. En colaboración con restaurantes-catering locales y provinciales, propone menús armonizados con vinos.
Más allá del turismo tradicional, Pérez Barquero ha dado pasos importantes en su apertura al segmento MICE, acogiendo grupos vinculados a congresos, eventos profesionales y viajes corporativos, que encuentran en las bodegas y “sacristías” un espacio auténtico, cultural y muy diferente para enriquecer sus programas. La cercanía con Córdoba capital permite además integrarla fácilmente dentro de propuestas completas para el visitante congresual.
Pérez Barquero forma parte de la Ruta del Vino Montilla-Moriles y de EMCOTUR – Tierras de Córdoba, dos asociaciones que impulsan el enoturismo y el turismo rural mediante colaboración entre empresas, complementando la oferta de la capital con la provincia y ayudando a prolongar las estancias en Córdoba (pernoctaciones).
Diversificación e inversión en I+D+i
Su afán por la búsqueda de la excelencia en todo se acredita con el enorme esfuerzo inversor que viene realizando tanto en mejora y perfeccionamiento de sus instalaciones de bodega como en proyectos de I+D+i.
Adaptándose a las nuevas tendencias de consumo, Pérez Barquero ha incorporado nuevos tipos a su gama: vinos jóvenes y espumosos, vermouths, vinos de tinaja y vinos de pasto. Todos ellos elaborados con el respeto al carácter de la zona y apostando por la calidad. Diversificando así su oferta de vinos generosos viejos de gran prestigio, que son clásicos atemporales de clase mundial.
Consciente de la importancia de la innovación y de la realidad del cambio climático, viene desarrollando sistemáticamente proyectos de I+D+i con CDTI, destacando el de creación de “G1 Brut Nature con levadura autóctona de velo de flor”, un espumoso de alta gama elaborado en colaboración con la Universidad de Córdoba; o el de “optimización de la crianza biológica”, con dos objetivos básicos: conseguir levaduras más resistentes al cambio climático y lograr que el velo de flor se mantenga durante más tiempo en la bota.
Otro de los pilares fundamentales de la filosofía de Pérez Barquero es su compromiso con la sostenibilidad. Acaba de recibir la certificación “Sustainable Wineries for Climate Protection” (SWfCP), la primera y única certificación específica para bodegas en materia de lo que se denomina “sostenibilidad integral”, pues, más allá de las exigencias medioambientales, incorpora criterios de sostenibilidad social, económica y de gobernanza. El sello SWfCP demuestra el desempeño en sostenibilidad de la Bodega de forma rigurosa y medible, conforme a los estándares más exigentes de mejora continua, y la adaptación de sus procesos y estrategias a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) marcados por la Organización de Naciones Unidas.
En un momento en que los consumidores valoran tanto el origen como los valores de las marcas, este compromiso se convierte también en una forma de conectar con las personas.
Proyección internacional
Los vinos de Pérez Barquero son apreciados más allá de nuestras fronteras. Han sido reconocidos por los más prestigiosos críticos del mundo, incluido Robert Parker, que ha otorgado, por dos veces, la máxima calificación (¡100 puntos!) al “Amontillado 1905 Solera Fundacional”.
Líder de exportación de la zona, Pérez Barquero lleva el nombre de Montilla-Moriles y de Córdoba a mercados cada vez más diversos.
Esta proyección internacional es también un escaparate para el territorio del que proceden sus vinos. Recibir visitantes de otros países, participar en ferias y acciones de promoción, formar parte de cartas de grandes restaurantes de todo el mundo o ser citados en guías especializadas es el resultado de un trabajo constante basado en la búsqueda de la excelencia, la calidad, la autenticidad y el compromiso.
En definitiva: Córdoba tiene todos los ingredientes para consolidarse como destino enogastronómico de referencia en el sur de Europa: un patrimonio diverso, una gastronomía enraizada, una naturaleza viva y un sector vinícola que une identidad, historia y futuro.
Con una actitud abierta, colaborativa y comprometida, es posible crecer sin perder autenticidad.
Y el vino –mucho más que un producto– puede ser una forma de conocer, cuidar y compartir el territorio.
