Apescto del Bernabéu en el Real Madrid-Nápoles
Apescto del Bernabéu en el Real Madrid-Nápoles - ABC

Champions | Legia-Real Madrid«Jugar a puerta cerrada es como ver un partido por la tele sin sonido»

Martín Vázquez y Buyo rememoran el histórico Real Madrid-Nápoles de 1987 jugado en un Santiago Bernabéu sin aficionados

ENVIADO ESPECIAL A VARSOVIAActualizado:

Se cuentan con dos dedos de la mano las veces que el Real Madrid ha tenido que jugar un partido de Copa de Europa a puerta cerrada. Este miércoles, el rey continental vivirá su tercera experiencia europea de disputar un encuentro de fútbol descafeinado. Será en Varsovia, donde los blancos se enfrentarán a un Legia sancionado por el violento comportamiento de sus ultras en el encuentro ante el Borussia de la primera jornada: «Es una sensación muy extraña, rarísima. Aunque el mayor perjudicado sea el equipo local y te toque jugar de visitante, como le ocurrirá al Madrid en Polonia, es preferible jugar en un campo a reventar que en uno vacío. Es como si se fuera a jugar un encuentro entre amigos o como si te sentarás en el sofá a ver un partido por la tele con el mute, sin sonido», detalla Martín Vázquez a ABC.

Roma-Real Madrid de 2004, con un estadio Olímpico vacío
Roma-Real Madrid de 2004, con un estadio Olímpico vacío - ABC

El mítico exmadridista ha sido uno de los pocos jugadores de la historia del Real Madrid que ha sufrido tan inhabitual coyuntura. Fue en septiembre de 1987, cuando el mejor Nápoles de la historia, liderado por Maradona, rindió visita a un Bernabéu vacío por culpa de una sanción de la UEFA al club blanco: «Aquel encuentro me recordó a los partidos de entrenamiento que jugábamos los jueves por la tarde en el Santiago Bernabéu. Lo que más me llamó la atención fue el eco que se formaba incluso hasta cuando un jugador golpeaba el balón», recuerda Buyo, portero en aquel partido ante los italianos.

«Se formaba eco hasta cuando un jugador golpeaba el balón», revela Buyo

Claro que la dureza del contrincante no será la misma para el Real Madrid. Aquel Nápoles, brillante ganador de la Serie A, era un temido equipo que contaba con el mejor jugador del mundo de la época. Nada que ver con el rival de este miércoles. El Legia es endeble como una magdalena, pero la atmósfera puede jugar en contra de los blancos: «Sin el público se pierde la salsa del fútbol y se puede llegar a perder la concentración porque inconscientemente piensas que el partido no es serio ni tiene importancia, cuando no es así. El Madrid debe ganar para no complicarse la primera plaza de su grupo», explica Martín Vázquez.

Preparación a medida

El partido contra el Nápoles, de primera ronda de la Copa de Europa 87-88, generó pánico en el club blanco. El Madrid tenía asimilado que la decisión de la UEFA era inamovible, pero lo que no esperaban es que el sorteo les emparejara con el equipo mas fuerte del bombo de los no cabezas de serie. Por eso, la preparación fue especial: «Beenhakker (entrenador del Real Madrid por entonces) nos estuvo mentalizando para ese partido durante varias semanas. De vez en cuando dejábamos la antigua Ciudad Deportiva de Plaza Castilla e íbamos a entrenarnos al Santiago Bernabéu para que nos fuéramos haciendo a la idea de lo que nos esperaba. Fue muy acertado por su parte. Logramos ganar 2-0 y en el partido de vuelta empatamos a uno y pasamos a la siguiente ronda», explica Buyo.

«Beenhakker nos mentalizó yendo a entrenar al Bernabéu algunos días», cuenta Buyo

El duelo ante el Nápoles y el Roma-Real Madrid, disputado en diciembre de 2004 en el estadio Olímpico (0-3), han sido los dos partidos que el club blanco ha tenido que jugar a puerta cerrada. En la capital italiana, Zidane estaba con el «5» a la espalda. Pasado mañana, en Varsovia, le tocará vivirlo con traje y corbata: «Es un castigo para el equipo local, pero también para el visitante que tiene que ir a jugar a un campo desangelado. El espectáculo es el que más dañado sale. Solo los entrenadores sacan algún beneficio ya que podrán dar las instrucciones a sus jugadores sin interferencia ninguna. Pero es un pobre consuelo», sentencia Martín Vázquez.