Coronación de la Virgen del Rocío
Coronación de la Virgen del Rocío - ABC

El Rocío 2019El Rocío, herramienta pastoral para la evangelización del pueblo

En el transcurso del siglo XIX, creció muchísimo el fervor popular rendido a Ella, cuando paradójicamente comenzó a decaer la Iglesia a consecuencia del anticlericalismo

SevillaActualizado:

Y hablando de caminos. Una senda importante que condujo el Rocío hasta la consecución de la Coronación, con el respaldo de Roma y toda la jerarquía eclesiástica, fue el secreto de su gran éxito devocional entre tanta gente de clase humilde, y su capacidad integradora de reunir a pueblos distintos, en convivencia. Nuestra Señora del Rocío, venerada durante siglos mayormente por ganaderos y personas del campo que transitaban el entorno del coto de Doñana, se alzó en el principal símbolo de unidad tanto de los almonteños como de los vecinos de otras localidades limítrofes. Caracterizaban al Rocío la alegría, la fiesta, pero también la penitencia emanada de la gran devoción que le profesaban los fieles a la Santísima Virgen.

En el transcurso del siglo XIX, creció muchísimo el fervor popular rendido a Ella, cuando paradójicamente comenzó a decaer la Iglesia a consecuencia del anticlericalismo. La titular se convirtió en un auténtico referente, que recibía culto de masas. Su inusitado poder milagroso atraía la encomienda de promesas desde todos los lugares. Se celebraba en su honor una importante fiesta de encuentro entre paisanos de distintos pueblos, que venían hasta su ermita peregrinando en cortejos romeros, después de recorrer tierras del aljarafe sevillano y el condado onubense. También, las orillas de la desembocadura gaditana del Guadalquivir. A inicios del siglo XX, el Rocío hermanaba tres provincias andaluzas (Huelva, Cádiz y Sevilla), pues distintas hermandades filiales concursaban en la romería, función y procesión de la Virgen. Era ya la que mayor número de romeros congregaba de toda España.

La Coronación tuvo lugar el 8 de junio de 1919, hace ahora justamente cien años. En pleno trienio bolchevique, nuestro país se había consagrado al Sagrado Corazón de Jesús, el 30 de mayo de 1919, escasos días antes del histórico acontecimiento rociero. Ya había concluido la Primera Guerra Mundial, pero no cesaban las huelgas ni las protestas en nuestro campo andaluz. Había un enrarecido ambiente de conflictividad social. Además, sobrevinieron corrientes ideológicas contrarias a la fe católica y la Iglesia sentía la amenaza de la revolución rusa, tal como ya había vaticinado la Virgen, en Fátima, el 13 de mayo de 1917.

En aquella coyuntura emergió la Virgen del Rocío como valedora y defensora de la fe. El principal símbolo que mejor podía mantener la unidad del pueblo. No cabe duda de que la Iglesia se valió del importante predicamento que, entre el pueblo llano, atesoraba la Reina de las Marismas. Una imagen capaz de hermanar a personas de clases sociales distintas, o enfrentadas por otras cuestiones de la vida. El prestigio de la efigie se extendió con mayor facilidad a raíz de la producción de artículos de recuerdos. Entonces comenzaron a acuñarse medallas, se imprimieron estampas, postales, fotografías –como la oficial de Alcañiz–, y franquiciaron comercios fuera de Almonte (en ciudades como Sevilla), donde se pusieron a la venta multitud de objetos piadosos relacionados con la Virgen del Rocío.

Huelva y Sevilla

En el pasado fueron prácticamente una misma tierra, pues localidades como Almonte pertenecieron al antiguo reino de Sevilla. Pero en 1833, el ministro Javier de Burgos promovió la división territorial de las provincias españolas. Huelva y Sevilla quedaron delimitadas, civilmente, como se conoce en la actualidad. Sin embargo, permanecieron unidas en el ámbito espiritual bajo la archidiócesis sevillana hasta la creación del obispado de Huelva, en 1954.

Pese a recibir culto en una ermita situada en el campo, alejada de la urbanidad, la Virgen del Rocío se erigió en la principal mediadora que podía evitar desencuentros. Por ejemplo, el originado entre las provincias de Huelva y Sevilla, puesto de manifiesto en el preámbulo de la Coronación por el sacerdote Jurado Carrillo al reivindicarse este como su primer mentor. De su idea, hizo la causa de Huelva frente a Sevilla.

El clero se agarró a la Virgen del Rocío para sensibilizar al pueblo ante el avance del laicismo, propugnado por las revoluciones sociales de aquel tiempo. Es el caso del protestantismo en Huelva, tierra que acogía a los ingleses que regentaban las Minas de Riotinto. Merced a la Virgen del Rocío, muchas familias no son hoy ateas. Esta sabia convivencia de idearios religiosos y políticos la retrató, años más tarde, el genial periodista Manuel Chaves Nogales, en un reportaje titulado La Andalucía Roja y la Blanca Paloma, que publicó el diario madrileño «Ahora» el 4 de junio de 1936.

Por eso recobran plena vigencia la hermosa invocación dedicada a la Virgen por el entonces cardenal de Sevilla, don Enrique Almaraz, en la homilía de la Coronación. Ahora hace un siglo que se escuchó decir en la aldea, desde aquel altar provisional instalado en el Real, que Nuestra Señora del Rocío era la patrona de la paz y de la justicia social.