La Virgen del Rocío, rodeada por una multitud de fieles - Manuel Gómez

El Rocío 2019Las siete claves de una procesión histórica de la Virgen del Rocío

En una de las salidas más multitudinarias que se recuerdan en la aldea, la Blanca Paloma dejó estampas de una belleza inigualable

Sevilla Actualizado: Guardar
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Hay dos maneras de mirar la procesión de la Virgen del Rocío: desde una perspectiva general, alejada, multitudinaria, donde el revuelo bajo su paso desvía la atención de la imagen; o, por otro lado, la de los pequeños detalles que deja la Blanca Paloma en la calle. La de 2019, sin duda, pasará a la historia por ser una de las más multitudinarias que se recuerdan, justo en el año del centenario de la coronación canónica. También lo hará por el impacto estético que tuvo la Virgen, sobre todo cuando apareció el sol, porque nada era igual en su atavío y, al mismo tiempo, todo era como siempre.

Porque, en eso, el Rocío ha sabido conservar su esencia, pese a la masificación y la imagen que a veces se exporta, y muestra la gran verdad de la fiesta que, desde fuera, puede quedar eclipsada por la ya cada vez menor presencia de famosos o por la peculiaridad con la que los almonteños portan a la Señora. Esos mismos hombres de la Virgen tienen tanta fuerza física como grandeza de corazón, y acercan a su patrona hasta el punto de poner en sus mismas plantas a personas en sillas de ruedas o llevan el paso hasta un pequeño comercio cuya propietaria anda enferma.

Luego están las historias anónimas, como la del padre que lleva por primera vez a su hijo y le dice al verla: «Fíjate bien, porque nunca verás nada más bonito que esto». O aquellas de personas que hacen verdaderos sacrificios para llegar esta noche sólo para dar gracias a la Virgen por una promesa cumplida, como una nueva vida.

Quédense con esta certeza del Rocío, la de la fe de un pueblo que se extiende por toda Andalucía y España, donde este Lunes de Pentecostés llegó a ser noticia de primera plana en algunos informativos, junto con la victoria de Nadal en París o los pactos de gobierno. La procesión de la Blanca Paloma tuvo siete claves, el número de la perfección para una jornada perfecta:

1. Tempranera y larga

Viendo el ritmo con el que pasaban los simpecados durante el rosario a partir de la medianoche, se intuía que el salto de la reja iba a producirse con premura. Y así fue, a las 2.49 horas de la madrugada, los almonteños se lanzaron a por la Virgen, en una salida que, como lleva ocurriendo ya más de un lustro, fue limpia, pero la presión que soportaron en el templo fue excesiva. No cabía un alma en el interior. Y, cuando escucharon las palmas ante la llegada del Simpecado de la Matriz, saltaron la reja.

Teniendo en cuenta que en septiembre salió de forma extraordinaria y que, en agosto, será la Venida hasta Almonte, con todo lo que queda por delante en 2020 con la procesión por el pueblo, la vuelta a la aldea y la romería; hubo quien pensaba que la entrada sería tempranera. Nada más lejos de la realidad. Pasadas las diez de la mañana aún no había llegado a Jerez, y quedaban por delante muchos simpecados.

2. Multitudinaria

Fue la opinión generalizada desde que la Blanca Paloma apareció por la explanada minutos antes de las tres de la mañana. Había más gente que nunca. No se recuerda una procesión de Lunes de Pentecostés tan multitudinaria.

Desde la salida hasta la llegada al Acebuchal, donde Umbrete le lanza la tradicional petalada, el recorrido estaba desbordado de público. Luego, hasta llegar a Triana, a eso de las seis, la Virgen se pudo ver con cierta comodidad. Sin embargo, fue llegar a Sanlúcar de Barrameda con las claritas del alba y, de nuevo, desbordarse la procesión. Fue la última de Juan Ignacio Reales como presidente de la hermandad. Su despedida tenía que estar a la altura de su mandato, que ha sido más que provechoso en todos los sentidos.

Las informaciones sobre el tráfico eran paradigmáticas: atascos en la carretera en dirección al Rocío y mayor fluidez que otros años en el regreso a primera hora de la mañana.

3. El impacto estético de la Virgen

Pero, si hay algo que marcará para la historia la procesión de 2019, será sin duda el impacto que causó el paso con las bambalinas, el nuevo terno de la Virgen y la nueva corona de oro. La imagen lo eclipsó absolutamente todo. Las andas de la Blanca Paloma fueron como nunca, una belleza incomparable, sobre todo cuando el sol se levantó cuando la Virgen pisaba El Real.

Quizá, se haga ya difícil entender el palio sin las bambalinas. Estaba rematado, cada cosa en su sitio. Pero, sobre todo, la imagen con el nuevo traje, manto y corona. A la luz del sol era un ascua de luz por sí sola, que se reflejaba en su rostro nacarado. Sublime.

4. Amanece en Sanlúcar

Pasó de noche por la Puebla, donde le cantaron la salve de los Romeros, y por la Palma del Condado, Triana y Carrión. El cielo se puso de color añil justo cuando se enfrentó con el Simpecado de Rociana, hermandad que cumple cien años, tantos como lleva la Virgen coronada. Por eso, los almonteños quisieron llevarla hasta la misma puerta de la casa. Se metió entre los balcones, y las lágrimas afloraron.

Llovieron pétalos y puso rumbo hasta Sanlúcar de Barrameda, donde llegó la alboreá. Llamaban las campanas de la gran torre de la casa que marca la fecha de fundación de una de las más antiguas: 1666. En ese momento, en El Real había tanto público que la Blanca Paloma apenas podía avanzar. En los andamios de la plaza de la Coronación había centenares de personas desafiando la firmeza del vallado. Una pancarta dejaba claro que allí no se podía subir nadie. Pero se contaban por cientos. No ocurrió nada, pero aquella zona hay que controlarla mejor.

5. Cien años de la casa de las camaristas

Con las primeras luces del día apareció el sonido de los vencejos en los árboles, que parecían cantar a la Virgen, mientras se acercaba a la casa de las camaristas. Eran las 6.45 de la mañana y Carmen Rocío, la hija, se subió en el paso, que se acercó hasta la misma puerta. Rezó la salve y vivas por el pueblo de Almonte mientras se agarraba con fuerza a los varales.

6. Los detalles de los «hombres de la Virgen»

Ya en Villamanrique, en los primeros metros del recorrido, levantaron a un paralítico en su coche y lo pusieron a la altura de la Virgen. Parecen rudos, pero no cabe más entrega que la de los almonteños que llevan a su patrona. Justo antes de emprender el camino hasta Huelva, cuando la hija de la camarista lanzaba los vivas desde lo alto del paso, la marabunta elevó a una chica enferma hasta que llegó a las mismas plantas de la Virgen. Esa imagen se repitió en numerosos momentos del recorrido, como el que se vivió justo antes de llegar a Gines, cuando desde abajo se mandó llevar a la Blanca Paloma hasta las puertas de un pequeño comercio, cuya propietaria está enferma, saltándose los Simpecados que había, para luego retroceder y saludarlos.

7. Y Sevilla...

Durante toda la noche se rumoreó que la Virgen iba a dar la vuelta a la plaza de Doñana para llegar hasta la casa hermandad de Sevilla, la hermandad a la que pertenecía el pregonero del centenario de la coronación, Rafael Serna, que falleció hace unos meses, y cuyo coro cantó el domingo en el pontifical.

Hace años, la Virgen alargó el recorrido para llegar hasta Gines, y se habla de que seguirá haciéndolo hasta la casa hermandad de Sevilla, ya que cada vez hay más filiales. En el plano de la hermandad Matriz cambió la ubicación tradicional del Simpecado de Sevilla, que suele ponerse a la salida de la calle El Rocío. Este año, lo mandaron a la esquina, ya que le indicaron que algún año llegaría la Blanca Paloma hasta su casa, pero finalmente tuvieron que adelantarse ante la imposibilidad de llegar por tiempo. Se quedó muy cerca, quizá en 2020...