Ambiente dentro de la ermita de la Blanca Paloma
Ambiente dentro de la ermita de la Blanca Paloma - J.M.SERRANO
EL ROCÍO 2018

El Rocío de Muñoz y Pabón, impulsor de la Coronación

El religioso, literato y humanista hinojero promovió con ahínco, aprovechando su singular posición social y sus relaciones personales, el hito que cambió para siempre la dimensión de la devoción rociera

ALMONTEActualizado:

«La Virgen del Rocío no es obra humana», escribía en forma de seguidillas el canónigo natural de Hinojos Juan Francisco Muñoz y Pabón. Le cantaba así de igual modo que también había reflejado en distintas obras literarias y periodísticas a la que fue, sin duda, la devoción que marcó su a veces controvertida figura, situándolo para la historia del Rocío como una pieza determinante, sino incluso como artífice decidido, del hito que marcó el punto de inflexión definitivo del fervor hacia la Blanca Paloma.

En efecto, y tal y como Santiago Padilla Díaz de la Serna recoge profusamente en su obra Muñoz y Pabón, Ilustre Cantor de la Blanca Paloma, la Coronación Canónica de la Virgen del Rocío, acontecida el 8 de junio de 1919 y de la que en unos meses se conmemorará el centenario, cambió la percepción que se tenía de una devoción muy limitada por su propio espacio, de facto hostil e inaccesible teniendo en cuenta los medios de la época, lanzándola a la universalización de la que goza hoy día.

No imaginaría Muñoz y Pabón que su iniciativa, espoleada por la fiebre de coronaciones que se vivía en la España y la América de principios del siglo XX y por la experiencia adquirida por su participación en los actos de coronación de la Virgen de los Reyes, Patrona de la Sevilla en la que residía y desempeñaba su labor religiosa, la bendición de la corona de la Virgen de la Macarena o la coronación de la Patrona del Puerto de Santa María, tendría semejante relevancia.

El caso es que, lanzado en su carrera religiosa por su protector y benefactor, el cardenal Spinola, bien situado en la sociedad sevillana de la época, especialmente en ámbitos culturales y literarios, y apoyado por el prelado que más tarde habría de colocar la esperada presea sobre la cabeza de la Blanca Paloma, el cardenal Enrique Almaraz, Muñoz y Pabón no dudó en lanzar, con el beneplácito de este, el órdago que publicaría El Correo de Andalucía en sus páginas del 25 de mayo de 1918 con la forma de un artículo titulado La pelota está en el tejado.

Las adhesiones a la idea de la coronación de la Virgen del Rocío fueron inmediatas, un movimiento que Muñoz y Pabón rentabilizó hábilmente a favor de su proyecto haciendo públicas en las páginas del mismo diario la mayoría de las cartas de apoyo que recibía, y movilizando los resortes que habrían de desembocar en la conformación de la Junta Central de Caballeros y Señoras, las Juntas Locales de La Palma y Almonte, la tramitación del expediente en el Vaticano, la recaudación de fondos y la elección de las coronas tanto de la Virgen, inspirada en la de la Inmaculada Grande de la Catedral de Sevilla, como del Niño.

El 8 de septiembre de 1918, el Papa Benedicto XV firmaba el visto bueno y encomendaba al propio Enrique Almaraz la investidura de la Reina de las Marismas, cosa que sucedió, tal y como recoge la crónica de Ignacio de Cepeda y Soldán, a las once y cuarto de la mañana de aquel 8 de junio, «en medio del más encendido júbilo de todos los presentes». Fue la culminación del anhelo perseguido con tanto tesón y perseverancia por el canónigo hinojero, que según las narraciones que han perdurado tuvo que «hincarse» al bajar de la plataforma desde la que se había consumado la Coronación y taparse el rostro con las manos para ocultar una emoción que tuvo que ser tremenda.

Había visto cumplido su más profundo deseo personal y con él, como señala Santiago Padilla, «nacería para esta devoción una nueva proyección histórica en tantas facetas y dimensiones, que se ha confirmado plena y cumplidamente» a punto del centenario.

Juan Francisco Muñoz y Pabón fallecería prematuramente, con 53 años, meses después de la muerte en Talavera de su gran amigo Joselito El Gallo, quien a instancias de este y en una demostración de los importantes lazos que mantenía el hinojero a todos los niveles, incluso formó parte de la Junta de Caballeros de la Coronación de la Virgen del Rocío.