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Sevilla / EL POLVORÍN DE LA SIERRA SUR

El Coronil: las trincheras del subsidio

Día 17/02/2013 - 14.51h
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El SAT y el PSOE («la derecha de aquí»), enfrentados por gestionar las migajas laborales

Una campaña de promoción turística de la Diputación Provincial de los últimos años vendía como eslogan «Hay otra Sevilla». Y la hay. Vaya si la hay. En la Sierra Sur hay una Sevilla campesina en crisis perpetua. Una Sevilla de arado y necesidad. Hasta de hambre. De silencios y miedos. Y de comunismo y socialismo en una lucha encarnizada desde hace años para gestionar —y también para sacar rédito en forma de poder— la carestía de cada familia. Casi cuarenta años. Peonada a peonada. Contrato a contrato. Subvención a subvención. Favor a favor. Voto a voto. Calle por calle y casa por casa, como en la famosa batalla de Stalingrado. Y de entre todos sus municipios, El Coronil es el emblema.

A sólo 45 kilómetros de Sevilla, un escenario de otros tiempos, el eco de aquella España negra y cainita. Unas calles que son el símbolo de esa pelea entre el socialismo andaluz más ortodoxo y la rama comunista más heterodoxa, la vinculada a la hoz, la del omnipresente en estas tierras Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT). El Gran Hermano. El ojo que todo lo ve y que dirige Diego Cañamero, otrora alcalde y ahora azote del regidor socialista que se hizo con el bastón en 2011 con un histórico triunfo y veinte puntos de ventaja sobre las siglas que englobaban a la organización jornalera, en este caso IU.

Desde la misma entrada al pueblo la presencia se hace más que evidente. En una vieja valla publicitaria, el SAT pide reformas y mejoras en el paro agrícola. Alguna pegatina en coches de la calle principal llega a intimidar. «Nuestro pueblo, nuestras reglas». Reglas que han llevado al sindicato a forzar una huelga en la recogida de basura que ha provocado que por primera vez se decrete en España una alerta sanitaria por acumulación de residuos en las calles de un municipio. La primera vez. La bolsa de trabajo de este servicio municipal, suprimida por el Ayuntamiento tras doce años de funcionamiento y auténtico «legado» de Cañamero de su etapa como regidor, ha servido de justificación para establecer un conflicto que dura ya más de un mes y que no ha hecho más que reforzar dos verdaderas trincheras.

El SAT se niega en banda a la supresión pues en esta bolsa de peones está inscrito medio pueblo. Para trabajar quince días al año, sí. «Esto es un pueblo. Quince días con la basura son 600 euros, más veinte días en la aceituna, más los diez días en el melocotón, más el que pueda coger el PER, más los caracoles... Eso da para vivir. Sin lujos, pero para vivir», explican los partidarios de «Diego».

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