Diez huellas de los Montpensier en Sevilla
Fachada del Palacio de San Telmo, actual sede de la Presidencia de la Junta de Andalucía - abc
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Diez huellas de los Montpensier en Sevilla

Cuando la familia Orleans se instaló en el Palacio de San Telmo comenzó la revolución de las costumbres de la ciudad. ABC de Sevilla descubre su legado

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Cuando la familia Orleans se instaló en el Palacio de San Telmo comenzó la revolución de las costumbres de la ciudad. ABC de Sevilla descubre su legado

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  1. Palacio de San Telmo

    Fachada del Palacio de San Telmo, actual sede de la Presidencia de la Junta de Andalucía
    Fachada del Palacio de San Telmo, actual sede de la Presidencia de la Junta de Andalucía - abc

    Año 1848. Cuando Luis Felipe I tiene que huir al proclamarse la República de Francia, Antonio de Orleans se escabulló por el palacio de las Tullerías de París para exiliarse en Inglaterra y, posteriormente, en Sevilla. Tanto él como su esposa María Luisa Fernanda, duques de Montpensier, se instalan a vivir en el Palacio de San Telmo. Comienza así una revolución en las costumbres de la ciudad. Los duques se muestran continuamente en la vida cotidiana, convirtiéndose en referentes para la sociedad sevillana. Ese glamour del que se vistió la ciudad hizo que Sevilla empezara a explotar su componente turístico.

    Los Montpensier dejaron multitud de huellas, no sólo en las costumbres, sino en el urbanismo y el arte. Como mecenas, los duques legaron a la ciudad multitud de cuadros de los mejores pintores. En cuanto a la arquitectura, participaron en la restauración de numerosas iglesias y monumentos; así como fueron los impulsores del gran pulmón verde de la ciudad, el parque de María Luisa, o de edificios tan caracterísicos como el Costurero de la Reina.

    Pero, si hay un lugar que puso en valor la familia Orleans fue el Palacio de San Telmo, un edificio de estilo barroco del siglo XVII, que acogió el Colegio de la Marina, y que fue adquirido y restaurado por los Montpensier en 1849. Fue en San Telmo donde se mostró el poder de atracción de esta familia y, como dijo Luis de Teste, se trataba de «una mansión de un lujo mayestático, decorada con un gusto exquisito, con muebles de gran calidad antigüedades, bustos, obras de arte y bellísimos cuadros de la escuela de Sevilla».

    Al morir en 1890 Antonio de Orleans, siete años más tarde su viuda donó el palacio a la Archidiócesis quien, en 1989, lo cedió a la Junta de Andalucía para albergar la sede del gobierno.

  2. Parque de María Luisa

    Merendero del Parque de María Luísa
    Merendero del Parque de María Luísa - abc

    Otra parte de la herencia que dejaron los Montpensier a Sevilla fueron los jardines privados del palacio de San Telmo. Tres años después de la muerte de Antonio de Orleans, su esposa María Luisa Fernanda regaló a la ciudad el actual parque que lleva el nombre de la infanta.

    El Parque de María Luisa fue, entonces, reformado por Jean-Claude Nicolas Forestier, quien le aportó un toque romántico al inspirarse en los jardines del Generalife y la Alhambra de Granada y en los Alcázares de Sevilla. En esta transformación se abrieron las Plazas de España y de América. Once años más tarde de su donación, el parque fue inaugurado el 18 de abril de 1914. El próximo año se cumplirá su primer centenario.

  3. Costurero de la Reina

    El Costurero de la Reina
    El Costurero de la Reina - abc

    El mismo año que la infanta María Luisa Fernanda donó a la ciudad los jardines del palacio, en 1893, comenzó a edificarse en la zona que continuaba siendo privada uno de los edificios más característicos de la ciudad, realizado por el arquitecto Juan Talavera y de la Vega. Se trataba de un pequeño castillete para el guarda de seguridad, de estilo neomudéjar (el primero de este estilo en Sevilla).

    Este castillete guarda una de las leyendas más románticas de la ciudad. Cuentan que la hija del duque de Montpensier, María de las Mercedes de Orleans, contrae matrimonio con el Rey Alfonso XII, convirtiéndose en Reina consorte de España, enfermó. Debido a su delicado estado de salud, según el mito, pasaba gran parte de su tiempo en el castillete cosiendo y tomando el sol. Allí, era visitada frecuentemente por el Rey, que iba a caballo desde el Alcázar. De ahí le viene el nombre que actualmente tiene el castillete: el Costurero de la Reina.

    No obstante, la leyenda no deja de estar alejada de la realidad, ya que la Reina falleció en 1878 y el castillete fue construido en 1893.

  4. El embarcadero secreto de los duques

    Imagen antigua del actual Muelle de Nueva York
    Imagen antigua del actual Muelle de Nueva York - luis león masson (atribuída)

    Otro de los lugares que aguarda la huella de los Montpensier es el actual Muelle de Nueva York. Los duques construyeron un embarcadero secreto, que conectaba el palacio de San Telmo con la orilla del río por un túnel.

    Como se aprecia en la fotografía de la época, recogida en el libro de Vicente Lleó Cañal «La Sevilla de los Montpensier», se trataba de un embarcadero recubierto por un toldo, que escondía la ruta secreta de escape de Antonio de Orleans, quien se había granjeado multitud de enemigos al aspirar a la Corona de España. Desde allí, en caso de necesidad, huiría hasta Sanlúcar de Barrameda.

    El muelle, tal y como lo conocemos, se construyó en 1905, y se le denominó de Nueva York porque desde él salían las líneas que partían hacia Estados Unidos.

  5. Palacio de Villamanrique de la Condesa

    Entrada al Palacio de los Montpensier en Villamanrique
    Entrada al Palacio de los Montpensier en Villamanrique - abc

    No sólo en Sevilla capital hay señales del paso de los Montpensier. En Villamanrique de la Condesa se levantó un palacio en el centro del pueblo, realizado por arquitectos franceses, cuyos jardines están inspirados en los del Palacio de San Telmo.

    Los Montpensier ayudaron, con este palacio, al desarrollo urbanístico y económico de Villamanrique. Antonio de Orleans lo construyó en 1859, tras comprar unos terrenos desde Gatos hasta la aldea del Rocío y la casa palacio de los Altamira. Y así, años más tarde, se cambió el nombre del municipio en honor de la hija de los duques, doña María Isabel de Orleans, condesa de París.

    En los terrenos del palacio, el duque construyó también una de las primeras centrales eléctricas de España, aunque de pequeño tamaño.

  6. Ermita de Valme

    Ermita de la Virgen de Valme
    Ermita de la Virgen de Valme - abc

    Los Montpensier contribuyeron también a la celebración de las romerías. Al igual que con la del Rocío, revitalizaron la de Valme, en Dos Hermanas, que estaba extinguida.

    Gracias a una obra de la novelista Cecilia Böhl de Faber ambientada en Dos Hermanas, los Duques de Montpensier la leyeron la obra y supieron del estado de abandono en el que se encontraban la ermita de Valme y el pendón ofrecido a la Virgen por San Fernando. Por ello, decidieron restaurar el pendón y, tras esto, lo restituyeron solemnemente en la iglesia de Dos Hermanas el 1 de mayo de 1857.

    Dos años después llevaron a cabo la reedificación de la ermita, donde fue trasladada la Virgen de Valme hasta que los vecinos del pueblo, en 1869, volvieron a llevársela hasta la capilla de la parroquia, donde hoy sigue siendo venerada.

    Un año más tarde, en 1870, se reorganizó la hermandad y se decidió realizar anualmente una romería en otoño llevando a la Virgen hasta la ermita.

  7. Castillo de Hernán Cortés (Castilleja de la Cuesta)

    Antiguo Castillo de Hernán Cortés, hoy colegio de las Irlandesas de Castilleja de la Cuesta
    Antiguo Castillo de Hernán Cortés, hoy colegio de las Irlandesas de Castilleja de la Cuesta - abc

    Como en tantos edificios y monumentos, los Montpensier contribuyeron a la reforma y ampliación del Castillo de Hernán Cortés, en Castilleja de la Cuesta, hoy colegio de las Irlandesas.

    Se trata de un edificio del siglo XVI, que en el siglo XIX era propiedad de la familia Orleans, quienes embellecieron su interior creando los jardines. Los duques lo adquirieron en 1855 para convertirlo en su palacete de primavera y verano. El castillo le fue regalado a su hija María Luisa por su boda con Alfonso XIII. Al morir la Reina a los cinco meses de casada, el Rey le dio el palacio a su hija mayor, la Princesa de Asturias.

    En 1903 pasa a ser propiedad de las religiosas del Instituto de la Bienaventurada Virgen María, procedentes de Gibraltar, de ahí que sean conocidas como las Irlandesas.

    En este castillo pasó sus últimos años de vida Hernán Cortés quién redactó uno de sus testamentos en 1.547. Una lápida ante la puerta que da acceso a las habitaciones que ocupó, da cuenta del histórico hecho: «Aquí murió el gran conquistador de Méjico en 1.547».

  8. Iglesia del Salvador

    Interior de la iglesia del Salvador
    Interior de la iglesia del Salvador - abc

    Otro de los templos cuya restauración fue patrocinada por los Montpensier fue el del Salvador. En 1870, Antonio de Orleans sufragó las vidrieras y los ventanales de la colegiata.

    En las vidrieras aparecen recurrentemente castillos y leones para simbolizar la fundación real de la antigua colegial. También representan el emblema del Salvador.

  9. Monumento Pascual de la Catedral

    La Virgen de la Concepción del Silencio ante el desaparecido Monumento Pascual de la Catedral
    La Virgen de la Concepción del Silencio ante el desaparecido Monumento Pascual de la Catedral - abc

    Otra de las obras que restauraron los Montpensier fue el majestuoso Monumento Pascual de la Catedral, hoy almacenado. Este monumento eucarístico daba fe del esplendor de las celebraciones litúrgicas de la Catedral.

    El monumento, del siglo XVI, se levantaba en la Seo hispalense con motivo del Jueves Santo para acoger al Santísimo Sacramento. Para esta función, ahora, se utiliza el Altar del Jubileo de Laureano de Pina.

    El elevado coste del montaje y desmontahe del monumento pascual, y mal estado de conservación del mismo, hicieron que se decidiera dejar de instalarlo en los años 60 del siglo pasado.

  10. La Semana Santa

    El palio de la Virgen de Montserrar está repleto de símbolos de los Montpensier
    El palio de la Virgen de Montserrar está repleto de símbolos de los Montpensier - abc

    Los duques de Montpensier, como señala Lleó Cañal, «supieron introducirse con suma habilidad en el mundo de las devociones sevillanas. A parte de ser hermanos mayores honorarios de las cofradías de la Soledad del Puerto de Santa María y de Montserrat, donaron sayas y mantos a la Virgen del Carmen del ex convento de los Remedios, a la Virgen de la Salud de San Isidoro, a la Virgen de la Paz de Santa Cruz o a la Virgen de la O»

    Pero el legado fundamental que dejaron los Montpensier en la Semana Santa fueron las hermandades de la Carretería y Montserrat, que resurgieron de aquella segunda corte de España. Plasmaron el romanticismo imperante de la época en estas cofradías. Ambas hermandades contaron con el patrocinio de los Montpensier, al igual que La Lanzada o las Cigarreras.

    Otro de los legados que dejó la presencia de la familia Orleans en Sevilla fueron los Santo Entierro Magnos. El 29 de marzo de 1850, apenas un año después de instalarse en la capital hispalense, se convocó a todas las hermandades a participar en una magna procesión en la que acudirían por orden cronológico las imágenes cristíferas. Esto, a su vez, serviría de revitalización de la Hermandad del Santo Entierro.

    La idea gustó y, tan sólo cuatro años más tarde, en 1854, las infantas de España y, de nuevo, los Duques de Montpensier, volvieron a ser artífices de un nuevo Santo Entierro Magno.