A los ocho años de su restauración, la espina dorsal del Giraldillo se oxida
Vista del Giraldillo - jesús serrano
patrimonio

A los ocho años de su restauración, la espina dorsal del Giraldillo se oxida

El anterior esqueleto duró 200 años antes de ser sustituido en unos trabajos integrales que costaron 600.000 euros

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Sólo ocho años después de su restauración, la estructura interna del Giraldillo muestra síntomas de oxidación, un deterioro que se descubrió hace año y medio, en enero de 2012, cuando técnicos del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico (IAPH), invitados por el Cabildo Catedral, aprovecharon los andamios de las revisiones anuales a la Catedral y la Torre para inspeccionar el comportamiento y el estado de la veleta.

Entonces ya emitió un informe en el que se recogía el principio de oxidación del vástago interno de la Giganta. Sin embargo, ha trascurrido año y medio y aún no se han tomado medidas para frenar este deterioro. Por ello, el Cabildo Catedral ha pedido a este organismo dependiente de la Junta de Andalucía que detalle los daños y la intervención que requiera la espina dorsal de la Santa Juana, que sustituyó a la que se le instaló en 1770 en una costosa restauración que, entre 1999 y 2005, realizaron los técnicos del IAPH, y que ascendió a 600.000 euros, pagados íntegramente por la administración.

Tal y como confirmó a ABC de Sevilla el canónigo delegado de Administración y Patrimonio, Francisco Ortiz, y tras destacar la «buena sintonía con el IAPH», esperan que este último informe esté listo este mes de septiembre para poder emprender los trabajos que se requieran para frenar el proceso de oxidación del esqueleto de la Santa Juana, propiedad del Cabildo Catedral pero también Bien de Interés Cultural.

Ortiz confía en que no sea algo «de envergadura» y de que se trate de «ajustes», de «alguna pieza oxidada del vástago», que es la estructura que permite el movimiento y el giro de la veleta, a la que en 2005 se instaló un sistema de instrumentación con 21 sensores para realizar el seguimiento de la respuesta mecánica y estado de conservación. Al parecer, estos instrumentos de control y medición no funcionan en la actualidad.

Ahora y hasta que el Cabildo tenga en sus manos este estudio definitivo, el temor que asalta entre aquellos que conocen esta circunstancia es que haya que desmontar o incluso, hipotéticamente y en el peor de los casos, vover a bajar el Giraldillo para reparar desperfectos y daños que se han producido sólo en ocho años, un periodo de tiempo ínfimo comparado con los más de dos siglos en los que se mantuvo con su anterior estructura de hierro y más aún si se piensa que el Coloso de la Fe Victoriosa corona la Giralda desde 1568.

Por el momento, ya hay un cierto movimiento que revive la polémica que se suscitó durante los años de restauración sobre la conveniencia de devolver el Giraldillo a su ubicación original o mantener en la Torre la réplica del mismo que se hizo ex profeso. En un pulso entre la Archidiócesis, el Cabildo Catedral y voces expertas en patrimonio contra la Consejería de Cultura, cuya titular era a la sazón Carmen Calvo, ganó, por imperativo legal, esgrimiendo la Ley de Patrimonio, que el Coloso original volviera a las alturas de la Giralda.