Un fuerte terremoto de 7,3 grados hizo que miles de sevillanos desalojaran sus casas durante la madrugada del 28 de febrero de 1969
Un fuerte terremoto de 7,3 grados hizo que miles de sevillanos desalojaran sus casas durante la madrugada del 28 de febrero de 1969 - abc
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La noche que Sevilla sobrevivió al mayor terremoto de España en el siglo XX

Se cumplen 45 años del seísmo de 7,3 grados que sacó de la cama a miles de sevillanos causando daños materiales en la ciudad

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Sobre las 3.45 horas de la madrugada del 28 de febrero del año 1969, un fuerte temblor de tierra que duró unos 30 segundos despertó súbitamente a la ciudad de Sevilla. Lo hizo irrumpiendo en los dormitorios de miles de sevillanos que vieron sus camas agitadas por el seísmo. El caos se imponía en mitad de la calma nocturna. El fenómeno quebró violentamente la débil frontera entre la irrealidad del sueño y la conciencia propia. El miedo se hizo sitio en los cuerpos, desplazando con un golpe seco los posibles rastros de pereza o pudor. No había tiempo que perder para escapar del cuarto, pues cualquier segundo podía resultar vital. Las imágenes de cisternas vacías por las vibraciones del suelo, los cuadros descolgados y los muebles abatidos no calmaban los nervios. La seguridad de todo el hogar se tornó en amenaza, con las lámparas zarándose con intención de liberarse de sus grilletes y los tabiques y los techos haciendo por crujir, en amago de desarme. Había que echar mano de los niños y dejarlo todo atrás...

Sin experiencia previa en este tipo de circunstancias, los sevillanos que hubieron de enfrentarse hace 45 años a un tremendo terremoto no pudieron más que seguir su instinto. Sin tiempo para desprenderse de la ropa de dormir o lavarse la cara (ya estaban bastante despabilados) cogieron algo de abrigo, quizá unas mantas, y escaparon a toda prisa a la intemperie.

Apenas instantes después de rugir la tierra las calles de Sevilla estaban llenas de somnolientes vecinos que aguardaban noticias bajo el refugio de las estrellas. Los más medrosos huían en busca de lugares alejados de edificaciones por si estas cedían ante las vibraciones. Así, el Prado de San Sebastián, el Paseo de Colón, las avenidas del Parque de María Luisa, los descampados junto al Benito Villamarín o el Ramón Sánchez-Pizjuán y la autopista de San Pablo se poblaron rápidamente con vehículos cargados de familias enteras.

El recuerdo del terremoto

Las imágenes de desconcierto vividas en esa noche siguen vivas en la memoria de muchos. Es el caso de Francisco Quesada, que recuerda como con apenas 8 años de edad sus padres lo apremiaron para abandonar su casa de Nervión en busca de un descampado próximo a Gran Plaza. «Recuerdo bien la imagen de las lámparas balanceándose y la sensación de las piernas temblando, como cuando fallan las fuerzas» Además, «esa sensación la tuve varias veces durante la noche», recuerda Quesada. Dolores Solano, narra a sus 81 años como tuvo que sacar a sus tres hijos «a toda prisa y descalzos» de su casa en el barrio sevillano de Su Eminencia. «Al salir a la calle allí estaban todos los vecinos», recuerda Solano, a quién le sobrevino el fenómeno con su marido emigrado en Alemania y estando embarazada de varias semanas.

«Sentí el terremoto como si un tractor hubiera entrado en mi propia casa»Estampas similares se vivieron en los pueblos de la provincia, desde el Aljarafe a la Sierra Sur. En Cantillana, por ejemplo, una vecina recuerda como sintió en plena madrugada «como si un tractor hubiera entrado en el zaguán» de su vivienda, tras lo que salió corriendo junto a su marido y sus tres hijos, de entre doce y dos años por aquel entonces, prácticamente desnudos a la calle.

Tras los temblores iniciales y una vez recompuesta la calma, tocaba esperar noticias. ¿Qué había ocurrido? ¿Era seguro volver a casa? ¿Estarían bien los familiares?. El desasoeigo se acentuaba ante la inexistencia de nuevas en los primeros momentos. Ninguno de los teléfonos de servicio público ni los medios de información aportaban datos sobre la relevancia del terremoto y sus posibles daños. Las líneas telefónicas se colapsaron en pocos instantes, quedando bloqueadas por los apremiantes intentos de llamada a familiares y servicios oficiales. Las primeras informaciones llegaron poco después, a través de la radio. El programa musical que emitía de madrugada Radio Nacional se interrumpió para arrojar algo de luz a través de su Centro Emisor del Sur. «No se habían producido víctimas ni daños y las familias podían regresar a sus hogares», según avalaba el gobernador civil.

Derrumbe en la parte superior de una vivienda en la calle Santa María la Blanca

No quedaba más que volver a casa a intentar descansar. Aunque no sería fácil. Más si cabe cuando sobre las cinco de la madrugada volvían a sentirse los estertores del primer temblor. Con el nerviosismo y la preocupación metido en los huesos, la luz eléctrica, que no llegó a verse afectada, daría paso a las claras del día entre el canto quebrado del gallo y el desvelo de los sevillanos.

Seis heridos leves... y cuatro vidas perdidas

Tocaba pues sobreponerse y comentar lo vivido en la parada del autobús o la frutería. Pero, sobretodo, hacer balance. Las crónicas de la época [ así contó ABC de Sevilla el suceso] relatan que tan solo hubo seis heridos leves afectados directamente por el terremoto. Sin embargo, tres personas fallecieron a consecuencia de ataques al corazón sufridos tras la impresión que les produjo el seísmo. Las víctimas fueron un hombre de 64 años de la calle Relator, que sufrió una crisis en su afección cardíaca y murió fulminantemente; una viuda de 62 años que vivía en la calle Pavia del barrio del Postigo; además de una mujer impedida de 74 años que no pudo soportar la amargura de verse incapaz de salir de su propia casa, en Camas. Además, en la misma noche del cataclismo una mujer de 33 años residente en San Juan de Aznalfarache sufrió un aborto cuando estaba embarazada de seis meses.

El seísmo afectó a la Catedral de Sevilla

En cuanto a los daños materiales, fueron numerosos en monumentos y edificios de la ciudad. La Catedral de Sevilla fue uno de los que más acusó el temblor, cuyos efectos se incrementaron debido a unas lluvias previas que reblandecieron la arenisca que da forma a los adornos góticos del templo. Así, se produjeron desprendimientos de pináculos, remates y gárgolas. La portada de la Asunción y la iglesia parroquial del Sagrario fueron las partes más afectadas. En el caso del principal acceso al templo, abierto a la Avenida, se produjo el derrumbe desde unos dos metros de altura de una cruz patriarcal de hierro.

Otros trozos de piedra cayeron sobre la Avenida y de puro milagro no lo hicieron sobre los coches que a esa hora abandonaban a toda prisa el Centro. El más significativo de estos trozos, de unos 25 kilos de peso, fue a parar al escaparate de una zapatería originando cuantiosos daños en el negocio. El interior de la Catedral amaneció cubierto de piedrecillas y polvo arenoso, caído desde las cubiertas percutidas por los trozos de remate que arrancó el seísmo.

Daños materiales por toda Sevilla

No sería el único enclave representativo afectado por el terremoto en Sevilla. En uno de los salones principales de la Casa Consistorial cayeron trozos del techo, el cupulillo de la Torre del Oro se desplazó de su base, en el Alcázar se cuartearon muros, al igual que en la sala Murillo del Museo de Bellas Artes. Incluso una de las azucenas de bronce que rematan el campanario de la Giralda se desprendió parcialmente.

Otro edificio afectados fue el de la Telefónica, en la Plaza Nueva, del que se desgajó uno de los pináculos. Los bomberos, que recibieron más de cien avisos en unas horas, también derribaron algunos lienzos de adornos que quedaron afectados y amenazaban con desprenderse en cualquier momento. También en el edifico de Correos hubo que retirar elementos decorativos, como en establecimientos de Menéndez Pelayo, en viviendas de Santa María la Blanca o en el edificio del Equipo Quirúrgico, por mencionar solo algunos puntos.

Donde más daños materiales hubo que lamentar fue en la Sevilla más modesta. Las viviendas más humildes se volvieron ruinosas, sufriendo hundimientos parciales e importantes desprendimientos. En una de estas zonas vivía cuando tenía nueve años Manuel Aguilar. Este vecino de las antiguas viviendas de Regiones Devastadas recuerda como «de madrugada sentí un fuerte ruido como si se derrumbara la casa, duró varios segundos. Mis padres, mi hermana y yo nos despertamos y nos protegimos debajo de la cama -pensábamos que así estaríamos más seguros-. Al pasar unos minutos y asegurarnos que no había más temblores, bajamos a la calle y vimos que todos los vecinos hicieron lo mismo. Había mucho nerviosismo. Cuando volvimos a la casa, estuvimos un rato despiertos hasta que nos venció el sueño. Al día siguiente todo el mundo lo comentaba».

Los históricos datos del terremoto

Con todo, las consecuencias de un temblor tan fuerte pudieron ser mucho mayores. Más tarde se conoció que el sismo tuvo su epicentro a escasos 200 kilómetros al sur del cabo de San Vicente, a unos 500 kilómetros al oeste del Estrecho de Gibraltar y afectó además al sur del país luso y a las pronvicias de Huelva, Cádiz y Granada. Los geólogos de la época catalogaron el seísmo como de grado 7,3 sobre la escala de Richter, cuyo tope es el 9, lo que lo convierte en el mayor temblor registrado en España durante el siglo XX y sin que ningún otro lo haya superado en virulencia desde entonces. Ni siquiera el catastrófico terremoto de Lorca de mayo de 2011, que alcanzó los 5,2 grados, tuvo tanta fuerza. Y sin embargó, se cobró ocho víctimas mortales y dejó cuantiosas pérdidas materiales .