¿Quién fue Quidiello, el señor de las sillas?
En Sevilla se pronuncia este apellido como si no perteneciera a nadie. Las sillas de Quidiello son patrimonio de la ciudad. Pero merece la pena sentarse a conocer la historia de su fundador

Quidiello es un apellido que en Sevilla ha alcanzado la gloria de la metonimia. No hace falta decir nada más para saber que hablamos de las sillas de alquiler, bien de enea, bien de tijera. En sillas de Quidiello hemos visto cada detalle de las cofradías, sus estandartes, los escudos de los nazarenos, los pormenores de las cruces de guía. Y hemos asistido al milagro de la Feria. Quidiello puede presumir de haber igualado a todas las clases sociales de la ciudad en su cátedra de sevillanía. Pero muy poca gente conoce su historia. No la de la silla, sino la de su impulsor: Juan José Quidiello Corujo. En realidad el creador de este negocio fue su padre, aunque él capitalizó todos sus éxitos. Todo comenzó en un corralón de la calle Castilla, concretamente en el número 51, en el año 1907. Quidiello le vio la punta al negocio del alquiler de sillas en una época en la que la Feria comenzaba a adquirir su esplendor y la Semana Santa a masificarse. Así que primero trabajó las neas, que fueron el santo y seña de su triunfo.
Aquel corralón estaba justo enfrente de la Parroquia de La O, de cuya hermandad era Quidiello el número 4, y hasta que se dedicó a almacén de sillas había sido un parador, es decir, una especie de fonda para caballeros en la que había cuadras y camas. Juan Quidiello tomó el testigo del fundador y convirtió las viejas eneas del Corpus y de las casetas en un símbolo de Sevilla. Al principio sus obras fueron conocidas como sillas trianeras. Pero finalmente se impuso su apellido. Quidiello falleció en su arrabal de nacimiento el día de Reyes de 2011. Desde entonces lleva el negocio su hijo Juan José, que vive en la calle San Jacinto, aunque las instalaciones fueron trasladadas al Polígono Los Álamos, en Fuente del Rey. Esta Semana Santa sacará de sus almacenes más de 16.000 sillas para la Carrera Oficial. Porque gracias a esta familia Sevilla no se sienta en tronos de conquistadores, sino en las neas y maderas que barniza la costumbre.
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