Leyendas urbanas de Sevilla: La sartén de aceite hirviendo, la Bella Susona y otras historias
El cuerpo incorrupto de Doña María Coronel - r. ruz

Leyendas urbanas de Sevilla: La sartén de aceite hirviendo, la Bella Susona y otras historias

Muchas calles de la ciudad esconden historias llenas de amor, fe, traición y crímenes. Algunas son reales y otras ¿quién sabe?

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Muchas calles de la ciudad esconden historias llenas de amor, fe, traición y crímenes. Algunas son reales y otras ¿quién sabe?

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  1. Doña María Coronel y la sartén de aceite hirviendo

    El cuerpo incorrupto de Doña María Coronel
    El cuerpo incorrupto de Doña María Coronel - r. ruz

    Una de las más bellas leyendas sevillanas tiene como protagonista a Doña María Coronel, hija del copero del Rey Don Pedro I. El monarca mandó matar al padre y al esposo de Doña María y se enamoró locamente de ella. La viuda decidió retirarse a un convento, aunque según cuenta la historia, ello no impidió que Don Pedro (Justiciero para algunos y Cruel para otros) la persiguiera insistentemente.

    Una de las versiones de la leyenda asegura que la desgraciada viuda, acosada por las visitas en persona al convento del propio rey, se derramó el aceite hirviendo de una de las sartenes de la cocina para desfigurarse el rostro y acabar así con las pretensiones Don Pedro.

    El cuerpo incorrupto de Doña María Coronel reposa en el coro del Monasterio de Santa Inés, en la capital hispalense.

    Lee la historia completa en este enlace

  2. Cómo la Virgen Macarena fue cambiada por un reloj

    El palio de la Macarena, en el hospital de las Cinco Llagas en 1937
    El palio de la Macarena, en el hospital de las Cinco Llagas en 1937 - serrano

    Aunque la talla de la Esperanza Macarena se remonta, según los entendidos, a finales del siglo VII, el hecho de ser anónima ha dado lugar a más de una historia sobre su origen. Una esas leyendas se remonta al siglo XVI, cuando una recién fundada hermandad buscaba una imagen para su templo de San Basilio.

    No lejos de allí, en el hospital de las Cinco Llagas (actual sede del Parlamento de Andalucía) se guardaba con misterio la maleta de un viajante italiano que pretendía partir hacia las Indias, pero una enfermedad mortal se lo impidió.

    Un año después de su fallecimiento, el hospital abrió el equipaje y descubrió la bella imagen. La hermandad se enteró y sabiendo que al hospital le hacía falta un nuevo reloj, propusieron el trueque, aunque con una condición: Si la Virgen volvía a entrar alguna vez en el hospital, no volvería a salir de allí... Lee la historia completa en este enlace

  3. La Bella Susona

    Fotografía de la calle Susona tomada en 1942
    Fotografía de la calle Susona tomada en 1942 - serrano

    Los ingredientes de esta historia son el amor, la muerte y la traición. Su protagonista es Susana Ben Susón, la bella hija de un judío converso que encabezó un intento de sublevación para hacerse con el control de la ciudad, harto de la persecución de la que eran objeto los judíos.

    La reunión para conspirar tuvo lugar lugar en la casa de Diego Susón y su hija lo escuchó todo. Susona, que mantenía una relación con un joven cristiano de la nobleza, corrió a avisar a su amado para que se salvase. Este avisó a su vez al asistente de la ciudad, Diego de Merlo, que ordenó detener a los implicados incluido el padre de Susona. Los conspiradores fueron ahorcados.

    Susona, desolada por la muerte de su padre, vivió sus últimos días retirada en un convento, dando orden de que a su muerte se separara su cabeza de su cuerpo y fuera expuesta a las puertas de su casa en la calle muerte, en el barrio de Santa Cruz. Así fue y en la actualidad puede verse un azulejo con una calavera en dicha vía, que pasó a llamarse como la protagonista de la historia.

    Lee la historia completa en este enlace

  4. La cabeza del rey don Pedro

    Hornacina en la calle Cabeza del Rey don Pedro
    Hornacina en la calle Cabeza del Rey don Pedro - r. doblado

    El Rey Don Pedro I protagoniza otra de las historias más antiguas de la ciudad y que tiene como protagonista a su propia cabeza. Iba el monarca por el casco antiguo de Sevilla cuando se topó con un enemigo, hijo del Conde de Niebla, que apoyaba al hermano bastardo del rey. Ambos se enzarzaron en una pelea a espadas y el de los Guzmanes acabó muerto. Una anciana que vivía en la calle de enfrente lo vio todo desde la ventana y al retirarse de la misma se le cayó el candil y por el ruido fue descubierta.

    Cuando los Guzmanes pidieron justicia, la anciana -que había reconocido a Don Pedro-, se negó a declarar. El monarca, que quería comprobar hasta que punto era verdad la afirmación del entonces alcalde de que ningún crimen en Sevilla quedaba sin castigo, pidió llamar a la mujer a su presencia. Le preguntó por el autor del crimen y la mujer hizo traer un espejo, que puso frente al rostro de Don Pedro. «Aquí tenéis al asesino», dijo.

    Don Pedro había prometido entregar la cabeza del criminal y lo cumplió, pero sin morir en el intento y sin confesar su autoría. Hizo encerrar un busto suyo en una caja de madera y posarlo en una hornacina en la calle de los hechos, con la condición de que no se abriera hasta su muerte; y así se hizo. Hoy día puede verse el busto en la calle «Cabeza del Rey Don Pedro» y la vía que hay frente a ella lleva el nombre de «Candilejo», por el candil -diminutivo, candilejo- con que se alumbraba la testigo que reconoció al rey a pesar de ir embozado por el chasquido de las rodillas. El busto y nicho actual son obra de Marcos Cabrera, colocados alrededor de los años 1620-30, sustituyendo a los más antiguos, de barro, que había en el mismo lugar. Representa al rey, coronado y con manto real sobre los hombros. En la mano derecha lleva un cetro que apoya sobre el hombro y la mano izquierda descansa sobre la espada.

  5. El pie del Cristo de las Mieles y el suicidio de su autor

    Monumento homenaje a Antonio Susillo en 1924
    Monumento homenaje a Antonio Susillo en 1924

    Esta leyenda se encarga de aportar romanticismo al trágico hecho de que el escultor Antonio Susillo se suicidase a los 39 años.

    Aunque todo apunta a que se quitó la vida por motivos económicos, la historia cuenta que Susillo, al completar la talla del Cristo de las Mieles -que preside el cementerio de San Fernando- se percató de que había esculpido los pies con la postura cambiada. Este fallo le impactó tanto que se disparó en la cabeza.

    Lo que sí es cierto es que la Iglesia permitió que fuera enterrado a los pies de su obra y no en el cementerio civil como se hacía con los suicidas. El mismo Cristo fue también protagonista de otra fantástica historia... Lee la leyenda completa en este enlace

  6. San Fernando y su visión de la Virgen de los Reyes

    Ilustración de San Fernando con la Virgen y la talla de la Virgen de los Reyes
    Ilustración de San Fernando con la Virgen y la talla de la Virgen de los Reyes - j.j.u./v.g.

    La devoción mariana del rey San Fernando se remonta a su niñez. Al padecer una grave enfermedad, su madre decidió encomendarse a la Virgen en un monasterio de Burgos. Su súplicas fueron escuchadas y de adulto, poco antes de conquistar Sevilla, el monarca pidió que se esculpiera una Virgen para entrar con ella en la ciudad. Y ahí nació la leyenda. San Fernando soñó con el rostro de la talla e intentó que se reprodujese fielmente, pero ningún escultor lo lograba.

    Un día aparecieron dos jóvenes aceptaron el reto. El rey les proporcionó las herramientas necesarias y los dejó solos. Alguien de palacio fue a comprobar si todo marchaba bien y su sorpresa fue que los mancebos no tallaban nada, sino que sino querezaban plegarias en medio de un gran resplandor. Cuando San Fernando fue a comprobar lo que sucedía, los jóvenes se habían marchado, dejando allí la Virgen con la que San Fernando había soñado. ¿Quiénes eran los jóvenes misteriosos? Lee la historia completa en este enlace

  7. Cuando el Gran Poder visitó a un hombre en su garaje

    El Gran Poder, por el Puente de San Bernardo durante las Misiones de 1965
    El Gran Poder, por el Puente de San Bernardo durante las Misiones de 1965 - pasionensevilla

    El protagonista de esta historia es Juan Araújo, exfutbolista del Sevilla FC, quien en 1965 tuvo que enfrentarse al dolor de ver morir a su hijo tras una larga enfermedad. Durante su padecimiento, Araújo, devoto del Cristo del Gran Poder, le pidió en repetidas ocasiones que sanara a su hijo. Tras el trágico desenlace, el padre, roto de dolor, renegó de su fe y le dijo al Gran Poder que jamás volvería a su iglesia y que la próxima vez que se vieran sería porque el Señor de Sevilla hubiera ido a visitarlo a su casa.

    Caprichos del destino, aquel mismo año se celebraron en la capital hispalense las llamadas Misiones Populares, en las que varias imágenes de la Semana Santa sevillana salían de su confinamiento en el casco histórico para hacer un recorrido extraordinario por los diferentes distritos de la ciudad. Al Gran Poder le correspondió la zona de Nervión, donde Araújo había montado un taller.

    El día de la procesión, la lluvia sorprendió a la cofradía, que buscó refugio en un templo cercano, pero estaba cerrado. Al ver la nave del local de Juan Araújo, decidieron llamar para buscar cobijo. «¿Quién es?», preguntó y la respuesta que obtuvo fue «El Gran Poder». Cuando abrió, efectivamente encontró al Cristo en la puerta, tras lo que cayó arrodillado al suelo, tan sorprendido como arrepentido por su desafío.