En 2010, Susana Díaz medió en la huelga de Tussam en plena Feria
En 2010, Susana Díaz medió en la huelga de Tussam en plena Feria - FELIPE GUZMÁN
PROTESTAS LABORALES

Susana Díaz ya no entiende de huelgas

Hace cinco años, medió en el paro de Tussam sin tener cargo institucional alguno y suplantando al Ayuntamiento; ahora, como presidenta de la Junta, esquiva el conflicto del metro

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Han pasado casi cinco años, período relativamente corto, sobre todo para la política. Ese lustro, con todo, ha resultado trascendental en la carrera de la socialista Susana Díaz. Sus responsabilidades y su rutina diaria han variado bastante. Su manera de acometer conflictos sociales o laborales, parece que también. Pisar moqueta modifica mucho los puntos de vista. El axioma se impone en este caso.

Esas distancias siderales en la forma de afrontar asuntos como, por ejemplo, la huelga de un colectivo están pudiendo comprobarse estos días con el anunciado paro de los trabajadores de Metro de Sevilla, que prevén dejar de trabajar de manera indefinida desde el Domingo de Ramos si no se responde a las demandas del comité de empresa. La actitud del ejecutivo andaluz que preside Díaz está siendo muy tibia a pesar de tener la responsabilidad de esta infraestructura e, incluso, de formar parte del consejo de administración de la concesionaria del suburbano. Está en juego nada menos que el transporte público en la capital andaluza durante la Semana Santa, momento crucial para la ciudad, pero desde la Junta de Andalucía, supervisora del servicio, no se ha movido apenas ficha.

La presidenta de la comunidad autónoma ha olvidado su ímpetu de hace cinco años, cuando sin tener papel institucional alguno y siendo sólo secretaria de Organización del PSOE andaluz, se reunió con los huelguistas de la empresa municipal de transportes (Tussam) y logró que éstos desconvocaran su huelga. Lo hizo en la misma Feria y con el traje de flamenca puesto. Un logro que provocó la dimisión, «por coherencia y dignidad», del entonces vicepresidente de la compañía, el también socialista Guillermo Gutiérrez, y la indignación de los ciudadanos. El alcalde en aquel momento, Alfredo Sánchez Monteseirín, quedó desautorizado por la «jefa» de su partido y la propia institución municipal suplantada por el PSOE, en una bochornosa injerencia aún recordada.