Pantano de Melonares
Pantano de Melonares - Felipe Guzmán
su agua ya está disponible

Lo que quizás no sepa del pantano de Melonares y sus conducciones

De su nombre, equivocado, hasta los habitáculos para conejos y los parones por la cosecha

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La obra del pantano de Melonares ha concluido tras casi treinta años de espera. La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, presidió esta semana el acto que daba por finalizadas las conducciones que llevan el agua del embalse a la balsa de regulación y de la que, tras el pertinente permiso administrativo de la Junta, saldrá el agua hasta la red de Emasesa y desde allí a los hogares de Sevilla y su área de influencia. Pero tras ese acto oficial quedaron muchos años de dificultades y no pocas anécdotas, algunas de las cuales podemos contar.

La primera de ellas es que Melonares no debería llamarse así. Las primeras catas para ubicar el nuevo embalse se hicieron en una finca de la que cogió el nombre pero esa ubicación se descartó para ubicar la presa río abajo, en una zona conocida como Montegil.

El proyecto de construcción de la presa se redactó en 1989, pero la idea de construir el pantano tiene muchos más años, casi cincuenta pues fue a finales de la década de los sesenta cuando se planteó la necesidad de construir un embalse que abasteciera a Sevilla en la zona del río Viar. Fue necesaria una sequía de la gravedad de la que se produjo entre 1992 y 1996, en la que, cuentan las crónicas, llegó a plantearse un plan de evacuación de Sevilla, para que se impulsara el proyecto.

Europa puso no pocas reticencias al proyecto tanto en lo que respecta ala construcción de la presa en sí como a las conducciones. En el primer caso, en una época en lo que las declaraciones de impacto ambiental aún estaban por desarrollar se otorgó fondos comunitarios a la obra condicionados a la ejecución de fuertes medidas de compensación medioambiental.

Uno de los objetivos era proteger la fauna y muy especialmente la colonia de águilas imperiales que habitaba el lugar. Como estas águilas se alimentan especialmente de conejos y la presencia de éstos se había reducido sustancialmente, se puso en marcha un plan especial que incluyó la construcciónde 85 «vivares artificiales» para conejos, con comederos, bebederos y refugios dentro de un área vallada, y se introdujeron 724 conejos procedentes de la zona de Cádiz; el éxito de la operación fue tal que a los tres años de iniciarla se triplicó la población de estos animales. También se vieron sobrevolar más águilas por la zona.

Pero estas medidas no fueron las únicas, también se crearon pasos de lince para minimizar el efecto de barrera que podría provocar la presa, áreas de reservas de nutrias, islas artificiales para favorecer la nidificación de aves y algunas otras más dando lugar a un espacio, el área de compensación ecológica de más de 1.800 hectáreas. la Dehesa del Viar, que desde 2004 forma parte del Parque Natural Sierra Norte.

Europa tampoco se mostró muy conforme al principio con el cambio introducido en las conducciones. Inicialmente se iban a construir todas nuevas pero el coste de esa obra era tal que se le planteó el uso compartido del canal de los regantes del Viar y esa idea no gustó nada, las autoridades comunitarias temían financiar un pantano para consumo humano y que al final el agua se destinase a riegos. No fueron pocas las idas y venidas que tuvieron que hacer los responsables del proyecto para convencerles.

Al final lo lograron con el compromiso de que agua que saldría de Melonares agua que iría directa al consumo, para ello tanto en los canales de salida de agua del pantano hacia el Viar como en el acueducto de Alberquilla hay unos aparatos llamados «aforadores», que funcionan con energía solar y controlan los metros cúbicos de agua que salen que son los mismos que deben entrar en la balsa de nivelación desde donde el agua llegará, casi dos días después de salir del pantano.

Las obras de adecuación del canal del Viar por fases para no afectar a la campaña de riego y se completaron con la construcción de nuevas tuberías desde la balsa de nivelación hasta la toma de emergencia de Torre de la Reina donde conecta con la red de Emasesa.

La construcción de estas nuevas tuberías también estuvo plagado de anécdotas, entre ellas el hecho de que en alguna parte de su trazado la obra no se pudiera empezar hasta que no se recogiera la cosecha de una de las zonas afectadas y que el terreno que se movía en una parcela se clasificaba para devolverlo, una vez que terminasen los trabajos, a donde pertenecía y así que la tierra no perdiera las características logradas tras años de labor.