La noria instalada en el muelle de las Delicias
La noria instalada en el muelle de las Delicias - j. m. serrano

El muelle de las Delicias avanza en su transformación como espacio de ocio

Una vez puesta en funcionamiento la noria solo queda por ejecutar la ampliación de la terminal de cruceros

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La puesta en servicio de la noria y la celebración del «Open-star», un evento centrado en el mundo del cine y la gastronomía que incluye la instalación, provisional, de una pantalla de cine gigante junto al río, ha completado, casi, la transformación del muelle de Las Delicias como espacio de ocio y lo ha convertido, al menos de momento, en el espacio de uso más urbano del puerto y en un lugar más para el ocio en la ciudad.

El muelle, nacido al amparo de la exposición iberoamericana, contó con una línea de tren, varias grúas que eran bien visibles y hasta unos tinglados que se construyeron a mediados de la década de los cuarenta, siendo utilizado para la carga y descarga de buques de tamaño medio hasta bien entrada la década de los ochenta, época en la que llegó a contar con una pequeña marina para embarcaciones de recreo. Si la Exposición del 29 vio sus primeros años, la del 92 lo introdujo en una época de cambios provocados por la construcción del nuevo puente que tomaría su nombre y la retirada del de Alfonso XIII. Aquella operación propició el inicio de un proceso que llevaría a adecuar ese espacio a los nuevos tiempos y usos portuarios y que se plasmaría en 1994 en el plan especial del puerto, un documento que iba a permitir aprovechar la gran potencialidad del muelle de Las Delicias como lugar para la recepción de cruceros y espacio para el ocio.

No obstante, el puerto no aprobó ejecutar la obra de transformación del muelle de Delicias hasta el año 2000 y el proyecto, realizado por el arquitecto Pedro Bermúdez, no se adjudicó hasta 2004. La obra, presupuestada entonces en seis millones de euros, perseguía convertir a este muelle, un espacio que había vivido de espaldas a la ciudad a pesar de su ubicación privilegiada, entre el parque de María Luisa y Los Remedios, en un lugar atractivo para el turismo, donde ofrecer todos los servicios a los cruceros turísticos, y también para los sevillanos.

Cruceristas

Para ello, además de retirar las grúas (excepto la número 1 que se mantendría) y las vías del tren, construir un aparcamiento subterráneo y usar el espacio entre el río y los jardines de Delicias como un espacio de transición y paseo peatonal, se reutilizó el antiguo tinglado para la recepción de los cruceristas y empezó a tramitarse tanto la concesión de dos espacios de restaurantes como del acuario. Las condiciones de licitación provocaron retrasos en la apertura de los restaurantes, primero se abrió el Puerto Delicias en 2008 y luego, en 2010, el Malaespina, y en el acuario. En este caso, los problemas de financiación provocaron un retraso a la primera concesionaria que terminaron en los tribunales y dieron pie a un nuevo concurso. La nueva adjudicataria consiguió abrir las puertas del acuario a finales del pasado mes de septiembre, aunque aún está pendiente una segunda fase, que incluye otro restaurante y un auditorio, que sigue sin fecha.

El proyecto original ha tenido que ir adaptándose a los tiempos y a las nuevas necesidades e iniciativas surgidas en el muelle. Así en la plaza situada junto a la sede de la Autoridad Portuaria se acaba de inaugurar una noria de 40 metros de altura que se suma a los atractivos del muelle en su vertiente de ocio mientras en la zona de recepción de cruceros hace un par de años se instaló una nueva y original estructura, hecha con contenedores, para ampliar el espacio de atención a los cruceristas.

Precisamente esta zona será sometida también a una reforma, ya que hay en marcha un proyecto de ampliación y mejora del centro de recepción. Se trata de uno de los proyectos que se van a acometer con el dinero que la Unión Europea había dado para acometer el dragado de profundización, frenado tras la sentencia del Supremo contra su inclusión en el Plan Hidrológico del Guadalquivir.