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Curiosidades de Sevilla: la torre secreta de Espiau

Historia de sevilla

Al parecer, esta torre fue construida antes que la Giralda, y se ubica en un enclave oculto a los ojos de los sevillanos

¿Dónde esconde Sevilla un olivo traído del mismo Monte de los Olivos de Jerusalén?

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Panorámica del Casco Histórico de Sevilla ABC
Laura Liñán

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Sevilla está llena de curiosidades, es uno de esos lugares que siempre tiene algo que descubrir. Plazas escondidas, callejuelas con leyendas, azulejos con historia propias, columnas de antiguos templos romanos, o iglesias que guardan en su interior o en su fachada auténticos tesoros. A esta lista de curiosidades, además, se han sumado últimamente los hallazgos en las obras que se realizan para ampliar o rehabilitar edificios antiguos, o al levantar el suelo los solares en los que se levantan nuevos inmuebles.

En esta línea, desde hace algunas semanas ABC de Sevilla hace un alto en el camino entre las noticias para indagar acerca ciertos hechos curiosos o desconocidos. Si hace unas semanas nos detuvimos a contar la historia de un olivo traído del mismo Jerusalén, ubicado en el hotel Fontecruz 'Los Seises', esta no nos alejamos apenas de ese enclave para la siguiente historia: la torre secreta de Espiau.

En el número 1 de la calle Placentines se encuentra hoy en día un edificio con un patio interior que antiguamente fue casa señorial perteneciente a la familia Calvi y que parecía poseer un antiquísimo minarete. Tal y como indica Ángel José Hidalgo Garrido en su libro 'Enigmas y leyendas de Sevilla' (Editorial Almuzara), algunas opiniones apuntan que esta torre era más antigua que el alminar mayor, que posteriormente sería reconocido como la Giralda, emblema de Sevilla.

La torre de Espiau vista desde las alturas Mapas iPhone

En algún momento de principios del siglo XX, al arquitecto José Espiau le encargan el proyecto de adecentar la torre, su base de ladrillo, los azulejos y hasta un capulín-mirador de forja en la parte superior, que recuerda de sobremanera al del Café París de Aníbal González, en la esquina de La Campana. Puede hacerse una idea de cómo era la torre que hoy nos atañe con la siguiente imagen del Gran Café de París extraída del Archivo Gráfico de ABC de Sevilla. Este famoso café fue construido entre 1904 y 1906 y sufrió varios cambios hasta ser destruido en los años setenta.

Gran Café de Paris de Sevilla en La Campana ABC

José Espiau y Muñoz, nacido en Sevilla en el año 1879, es uno de los arquitectos que transformó Sevilla en el primer tercio del siglo XX, donde dejó su huella con obras como el edificio de La Adriática en la Avenida de la Constitución, el Hotel Alfonso XIII, el inmueble del antiguo Cine Llorens o el comercio Ciudad de Londres en la calle Cuna. Fue coetáneo y compañero de Aníbal González, el artífice de la conocida plaza de España, y junto a él uno de los principales representantes de la arquitectura regionalista en la primera mitad del siglo xx.

Tras el trabajo del famoso arquitecto, la torre-minarete quedó restaurada, aunque más que eso resultó recreada, pues su restauración la habría dejado presuntamente del estilo de la Torre de la Plata y de la Abd-el Aziz.

Vista aérea de la esquina de la calle Placentines con Argote de Molina Google Maps

Al estar ubicada en un patio interior y en una manzana cuyos edificios aledaños están muy pegados unos a otros, no es posible divisar nuestra torre protagonista de ningún modo desde la calle. Es algo que también sucede en la ciudad de Cádiz, que posee cientos de torres miradores (que en su origen tenían una función defensiva) pero que al estar ubicadas en el interior de los edificios y en zonas de calles angostas, son invisibles desde la calle. Y aunque estén decoradas y revestidas de estucos de colores y de azulejos vidriados, su hermosura no está al alcance de todos, y son testigo silencioso de la historia de la ciudad pasando casi desapercibidas.

Si al lector le pica la curiosidad, y si no tiene la posibilidad de acceder a alguno de las viviendas colindantes de los inmuebles cercanos, hay una única manera de verla: desde las alturas. Y es que desde una torre se ve otra, y la torre que nos incumbe se ve perfectamente desde media altura durante el acenso a la Giralda.

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