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En la muerte de Antonio burgos

El escribiente y sus atributos que le llevaron a nacer en Cádiz

«Don Antonio ha sido el atajo, el camino más corto para comprender la relación entre los dos hemisferios de la Baja Andalucía»

Muere Antonio Burgos, en directo: reacciones y último adiós al periodista y escritor

Muere Antonio Burgos

La literatura de Antonio Burgos

Antonio Burgos y Carlos Cano, pregoneros del Carnaval de Cádiz ABC

José María Aguilera

Cádiz

«Desde que estuve, niña, en La Habana

No se me puede olvidar.

Tanto Cádiz ante mi ventana, Tacita lejana,

Aquella mañana pude contemplar«

(Habaneras de Cádiz, Antonio Burgos y Carlos Cano, 1984)

Es la declaración de amor más bonita a Cádiz. La del novio meloso, el pretendiente acaramelado que corteja a su amada ante la mirada de su madre Sevilla. Cádiz y Sevilla, Sevilla y Cádiz. El mundo se divide en dos, que decía don Antonio, y resulta que la mejor manera de recordar este idilio es con las innumerables correspondencias que el escribiente pergeñó sobre nuestra memoria, ya fuera en poemas, canciones, en artículos y hasta en coplas de Carnaval.

Don Antonio ha sido el atajo, el camino más corto para comprender la relación entre los dos hemisferios de la Baja Andalucía. Ese misterioso sendero hasta el Cádiz de Pepe el del Manteca, Felipe de los Aerolitos, José de la Gloria, el maestro Chano Lobato o su compadre Antoñito Martín. Nada de realismo mágico. Es real, como esa calle que lleva su nombre paseando por la Caleta hasta Santa Catalina, la antigua prisión de los liberales. Real como ese título de Hijo Adoptivo que con tanto cariño acogió, con tanto orgullo mostraba, pese a no necesitarlo porque «la gente de Cadi nacemos donde nos sale de los cojones» (que entra mejor en el ritmo del tres por cuatro).

De esta Cádiz, «la novia del aire» según su admirado Pemán, 'la amante de los vientos' a tenor del buscavidas, le gustaban hasta sus entrañas, sus delirios y sus imperfecciones. El carácter liberal que ha marcado su pensamiento, su corte romántico y burgués, su gracia en la manera de contar las cosas. «Cómo el gaditano sabe defender todo lo suyo, aunque nunca se lo acaba de creer». La defensa de su identidad, y del bien más preciado. «yo a la Libertad le tengo puesto el bendito nombre de su cuna».

Y Cádiz, tan abierta de primeras, tan estrecha de segundas, aceptó el galanteo sincero sin reservas; tal fue el encanto que acabó rindiéndole pleitesía y entregándole las llaves de su arte. Fue pregonero del Carnaval (1988), premio Agustín Merello, Hijo Adoptivo y hasta se atrevió con el tanguillo en el colegio de la Salle-Viña, además de arrimar letras a los buenos amigos que se lo pedían.

Ante tal devoción, generoso, agradecido, Antonio se le solía acercar siempre a Pepe el de la Gloria, para susurrarle por lo 'bajini': «Ustedes me dirán qué se debe aquí».

No se preocupe Don Antonio, ya está 'tó pagao'.

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