Albert Boadella recibe el premio de manos de la marquesa de las Torres de la Pressa - Juan Flores
Feria de abril de Sevilla 2019

Albert Boadella dedica su Caseta de Oro a un vasco y un catalán «algo sosos»: los creadores de la Feria

El dramaturgo hace estallar las carcajadas en Chicuelo 12, donde los anfitriones le entregaron uno de los galardones más antiguos de la fiesta sevillana

SevillaActualizado:

El dramaturgo Albert Boadella estuvo a punto de hacer estallar las costuras en Chicuelo 12 este miércoles de Feria. No sólo por el numeroso público que se amontonó, como pudo, en una caseta de un sólo módulo sino por las carcajadas que levantó con el discurso que leyó en agradecimiento por el premio Caseta de Oro que le han concedido los anfitriones. Boadella se lleva uno de los premios más antiguos que se entregan en el real hispalense. La miniatura de caseta que viajará de vuelta en su maleta es la número 153 y la Feria cumple este año 172 años. Casi nada.

El acto de entrega sigue una misma liturgia todos los años que arranca con la entrada en la caseta de parte de la banda del Maestro Tejera a ritmo de pasodoble. Esos sones castizos indican a los asistentes que el evento va a empezar. Enrique Moreno de la Cova, uno de los anfitriones, ejerció de maestro de ceremonias e introdujo al protagonista del día.

Boadella hizo el silencio en la caseta -algo poco frecuente- cuando agarró el micrófono y prometió que sólo hablaría 30 segundos. Aunque a renglón seguido añadió que en su vida se ha caracterizado por no obedecer a nadie «por lo tanto puede que haya algún segundo más». Los hubo, muchos más, pero el respetable se lo agradeció.

La dedicatoria de su premio fue a «título póstumo» para un vasco y un catalán «algo sosos». Se refería a Narciso Bonaplata y José María Ybarra, los dos empresarios que idearon la Feria de Abril. Boadella sacó de su solapa «una carta» cuyos remitentes eran los dos fundadores de «este milagro hispalense».

En clave de humor, el fundador de la compañía Els Joglars les pregunta a Bonaplata e Ybarra como consiguieron caer cautivados por esta «tierra tan luminosa». «Seamos sinceros, a un catalán le cuesta trabajo entender la sensualidad de una ciudad como ésta y no digamos un vasco, que tales cuestiones las notará más en el tronco de un roble que en el perfume del azahar».

Delicioso fue el momento en el que describió el acento sevillano: «Esa forma de hablar evadiendo aristas del lenguaje como si patinaran por encima de las palabras». La carta concluye con un hasta pronto a lo Boadella: «Espero verles tan tarde como sea posible».

En un espacio tan reducido se pudo ver a un ramillete importante de la alta sociedad sevillana como el duque de Alba, el duque de Segorbe, la princesa María de la Gloria de Orleáns o la marquesa de las Torres de la Pressa, quien también ejerció de anfitriona. También se dejaron ver rostros de la política española y andaluza como Esperanza Aguirre o el exconsejero de la Junta Antonio Ramírez de Arellano. Muy cerca del premiado, tanto que se arrancó a bailar un pasodoble, el teniente general Juan Gómez de Salazar.