La primera Feria de Abril se celebró en 1847 con 19 casetas
La primera Feria de Abril se celebró en 1847 con 19 casetas - ABC
Feria de abril 2019

Las casetas privadas, fruto del elitismo del Duque de Montpensier

El que fuera cuñado de la Reina Isabel II prefería rodearse de gente de su nivel social

Sevilla Actualizado: Guardar
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La Feria de Abril siempre ha despertado multitud de opiniones y muy distantes unas de otras. Una de los comentarios que suele generar y se repite habitualmente es «la feria de Sevilla es para los sevillanos». La privacidad de la gran mayoría de las casetas provoca que muchos vean dificil poder disfrutar de ella.

Los origenes de la Feria en Sevilla, se remontan al 25 de Agosto de 1846. Ese año Narciso Bonaplata y José María de Ybarra firmaron una proposición para que durante los días 19, 20 y 21 de abril se celebrara una feria anual. El Cabildo Municipal vio con buenos ojos esta iniciativa, que había sido secundada por ganaderos y agricultores. Así en 1847 se celebró la primera Feria de Abril de Sevilla.

La propuesta fue aprobada en parte por el gran peso que en aquel momento representaban la ganadería y la agricultura en la economía. Esta nueva festividad abrió para Sevilla una oportunidad de crecimiento comercial.

La primera feria contó con 19 casetas, pero no como las conocemos hoy en día. Estas primeras casetas no eran más que pequeñas carpas con las que resguardarse del sol. Dentro se encontraban puestos de venta y tabernas públicas ubicadas en la calle San Fernando y el Prado de San Sebastián.

El Duque de Montpensier, el que fuera cuñado de la Reina Isabel II y asiduo a la feria de Mairena, montó en 1848 una «tienda» prácticamente a las puertas de su propio palacio en San Telmo y, dos años después, instaló la primera caseta privada en el real. Este nuevo espacio iba destinado únicamente para aquellos de su mísmo nivel social y así alejarse del pueblo.

«En Sevilla decidió instalar una tienda de campaña lujosa en el real para disfrutar del ambiente pero en un recinto privado, cerrado y vigilado por sus criados, para invitar a sus amigos y pasar la feria rodeado de sus iguales. En los años siguientes le imitaron los nobles y ricos de Sevilla y pronto el real se fue llenando de casetas privadas», explica el historiador José Manuel Navarro a ABC.

Ya lo decía José Velázquez y Sánchez en el desaparecido diario El Globo en 1877, cedido por el historiador Julio Mayo: «Los duques de Montpensier, las autoridades, los institutos diferentes de la milicia, distinguen sus respectivos apeaderos en el Real, y bandas y orquestas amenizan mañanas y tardes en torno a las casetas privilegiadas (...). Los forasteros contemplan embebecidos los pabellones que ocupan jefes y oficiales de la guarnición (...). Las sociedades de recreo disponen hospedaje y diversión a sus individuos y familias y a los extranjeros notables».

Es decir, desde que la Feria de Abril de Sevilla se instalara en el Prado y sus inmediaciones era una fiesta donde había diferentes estamentos sociales y restricciones en el acceso a la casetas. La clase alta, las entidades sevillanas y las distintas sociedades se situaron en la calle San Fernando y el pueblo, en el Prado.

Las cigarreras jugaron un papel imporante, porque a ellas se le debe parte del origen de las sevillanas. Como dato curioso, «las sevillanas se consideraban de clase baja, de hecho en las casetas de la nobleza no se bailanban», apunta Mayo.

Resto de Ferias

Sin embargo, las ferias andaluzas, como la de Mairena del Alcor, Carmona o Jerez, han sido abiertas desde sus comienzos. Tenían un carácter comercial, en la que las «casetas» pretendían hacer negocio. «La mayor parte de las casetas, desde que tengamos datos fidedignos en el siglo XIX, eran establecidas por taberneros para hacer negocio y eran públicas». asegura Navarro.

Hoy en día, las ferias han perdido su carácter ganadero imponiéndose el festivo. También, la mayoría de las casetas son públicas y suelen pertenecer a grupos de amigos, hermandades, asociaciones, colegios, partidos póliticos, sindicatos... y las usan como medio de financiación de sus actividades durante todo el año.

En Sevilla capital no sucede esto. «Hay un sector de la sociedad sevillana con mucho apellido que necesita destacar por encima de los demás. La Feria de Sevilla es una proganda social», dice el historiador. «La capital es muy conservadora y las costumbres permanecen a pesar de los siglos».

Pero en los últimos tiempos estas costumbres están dando un giro. La tradición va cambiando, lentamente, a favor de los que vienen de fuera, para dar cobijo a los miles de visitantes que se esperan. Lentamente parece que la Feria de Abril se está convirtiendo en un punto de encuentro acogedor para todos.