La portada encendida da el pistoletazo de salida a la Feria de Sevilla 2019 - Juan José Úbeda Video: A. Periáñez

Feria de Abril de Sevilla 2019Empieza la Feria de las cruces de mayo

Se esperaba calor y fue un día fresquito. Se esperaba feria y unos chiquillos organizaron una cruz de mayo con varias sillas de enea... Sevilla ha empezado su locura

Feria de Abril de Sevilla 2019: Todo lo que hay que saber

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Mentira. Mentira gorda. Sevilla no existe. Es un embuste. Un visto y no visto. Sevilla es un abrir y cerrar de ojos, un vergel temporal, una exposición de obras maestras que pasa de largo, que no se queda nunca en ningún lugar concreto. Sevilla es como sus dos exposiciones. Un recuerdo. Una idea que dura dos semanas. Una semana de penitencia y otra de gloria. Todo es mentira a partir de hoy. Las predicciones habían dicho que haría calor y el cielo le dio al botoncito de Currito hasta la hora de los victorinos. Le llaman Feria de Abril y es entera en mayo. El lunes del «pescao», que es el único día que no hay «pescao», ahora es el sábado. Y además decían que el «Alumbrao» sería a las doce, pero anoche fue antes. Porque en la Portada se pusieron a cantar cosas luminosas de Rafa Serna. «Vivo en Sevilla, / si no, me muero, / porque Sevilla / es lo que más quiero»... Si no, me muero, dice la letra. Esencia de la ciudad: morir y resucitar, morir y resucitar, morir y resucitar... Girar siempre alrededor de sí misma, como una noria, a sabiendas de que unas veces toca arriba y otras veces toca abajo.

Allí estaba Melhaza, girando por la parte de abajo de la memoria, cantando una sevillana vieja que Rafael escribió agarrado a una de las rejas del Salvador. «Vente en Abril a Sevilla / para la feria / y verás lo más bonito / que hay en la tierra... / Vente en abril a Sevilla, / no te lo vayas a perder, / verás las mil maravillas, / llegarás a enloquecer / aquí en Sevilla». Porque, como decía el de la Costanilla en estas fechas de mentira, si no has visto la Giralda cuando se pone a llorar, tú no sabes de Sevilla de la misa la mitad.

Si tú no has visto a la gente brindando por su amistad cuando la Feria se enciende y se muda la ciudad, tú no sabes de Sevilla de la misa la mitad... A partir de hoy todo es mentira. Es mentira el Casino de la Exposición, que ya no está junto al Parque, sino en un erial volandero que desaparecerá como el jurdó. Rápido y veloz. Ha llegado la hora de la ciudad que sólo se puede ver cerrando los ojos. Es la mentira en punto. La corbata bajo las lonas. El jamón sobre un colchón de croquetas. La apariencia. El contratiempo. La habilidad que tiene Sevilla para dislocar su reloj es una de sus mayores idiosincrasias.

El abril de mayo confunde hasta los estornudos. Por eso unos chiquillos juntaron en la víspera seis sillas de enea con unas sogas, le pusieron en lo alto una cruz hecha con dos tablas de un palé, adornaron el monte con farolillos y flores de seda y se metieron debajo para procesionar por el real al mediodía, antes de que la oficialidad le quitara su sitio a la verdad. Este año hemos visto morir a Cristo a la hora de la Feria y la Feria a la hora de las cruces de mayo. El tiempo va por detrás del tiempo, mezclando las costumbres y los escenarios, el amén y el ole, la salve y la sevillana, el juego de los costaleros con los cacharritos. Todo vale para todo. La enea sirve para la canastilla de un paso y el pan de oro para las cornucopias de las casetas. Los claveles sirven para el calvario y para la solapa. Los farolillos, para la luz y para la cruz.

Ya han montado esos niños su cruz de mayo, que entretiene más que los coches locos, y todavía hay casetas que tienen que colgar un par de cuadros. Si el reloj se adelanta, Sevilla llega tarde. Si el reloj se atrasa, Sevilla llega tarde. Sevilla llega tarde. No le demos más vueltas. Va siempre con la lengua fuera, vive apresurada, en una constante urgencia, con su propia puntualidad. Porque aquí las cosas son en punto cuando pasan, no cuando se premeditan. Ayer pasó que el camión del «pescao» no daba abasto. Cuando las lonas estaban echadas y los caseteros colocaban las copas bocabajo —estrategia antimosquitos—, en el Arenal estaban ya las freidoras fritas.

En Los Remedios había furgonetas descargando ollas de puchero y caseteros quejándose de las instalaciones por teléfono: «Quillo, que me has montao un fregadero al que se le va el agua como si fuera un canasto». Es lo que hay. El ambiente estaba por la calle Adriano, donde se estaba resolviendo el enigma de la venta de humo sevillana. Dicen que el humo de la plaza es el de los puros. Otra mentira. Porque cada vez hay menos puristas. El humo de la Maestranza viene de las tabernas. El bacalao se evaporaba ayer por los extractores justo cuando los toreros bajaban las persianas de su soledad, viendo pasar el tiempo más lento que el miedo. Y en el Taquilla, un guiri pidió una ración de cola de toro: «Tenga usted cuidado, que es de Santa Coloma», le dijo el camarero.

El forastero no se enteró de nada. Porque Sevilla también es mentira en su forma de decir las cosas. No existe fuera de ella misma. En la mesa de al lado, un cabal de piel aceitunada y pelo tordo discutía con otro aficionado: «A mí me han dicho que Gabriela Ortega parió cinco toreros». «¡Que no, hombre, que fueron tres, Rafael, José y Fernando!». «Po yo te digo que te faltan dos». «Que no, que sólo tuvo tres varones, las demás fueron hembras, Gabriela, Trini y Dolores». «¡Eso es lo que pone en los libros!». El tío no se bajaba del burro, así que el otro tiró por la calle del medio. «Bueno, yo no voy a discutir más. ¿Cuántos dices que fueron, cinco? Ea, po cinco». Y entonces el otro se destapó: «¡Cinco de qué, fueron tres!». Lo que provocó el puñetazo en la mesa de su adversario: «Decídete, que me vas a volver loco, ¿cuántas guantás quieres que te dé, cinco o tres?». Se dieron un abrazo. Porque estas conversaciones surrealistas de ojana sólo se entienden aquí. Son porfías de primera de barrera. Preparativos para la cena del «pescao», donde es obligatorio discutir. El que se ponga de acuerdo con el de al lado en cualquier cosa durante el homenaje del «Alumbrao», ése no sabe de Sevilla de la misa la mitad.

En la Feria funciona mucho más el cuchillo jamonero que el jamón. Esto es el paraíso de la puñalada suavona. «¿Te has enterado de que Antonio ha invitado a su caseta a Juanma Moreno? Qué poca vergüenza. Toda la vida comiendo del PSOE y ahora se pega el tío al PP». El que estaba largando fiesta, con toda la razón, tampoco sabe de Sevilla de la misa la mitad. Ignora la teoría de los girasoles. No sabe que el gran símbolo de la ciudad es una veleta que gira con el viento que mejor sopla. Pero su compadre lo orientó rápidamente: «¿Po tú no sabes ya que en Sevilla nadie es de Juanma, de Susana o del que sea, que aquí todo el mundo es de Villegas». «¿Quién es Villegas, joé». «¡El último que llega!».

Este año hay tortas por hacerse una foto con Juanma. Y seguro que vamos a ver a más de uno diciéndole a Espadas que es el mejor alcalde que ha tenido Sevilla y al rato, cuando se encuentre con Beltrán Pérez, criticar lo sucias que están las calles y la faltita que hace un cambio. Porque hasta ayer, nada era verdad. A partir de hoy, todo es mentira. Por eso hasta los niños juntan unas pocas de sillas de enea, las atan con la soga con la que hace un par de semanas iba Cristo cautivo, le ponen unas flores de techo de caseta al monte y procesionan por el real. Porque acabamos de inaugurar el mayor embuste de nuestra historia y, aunque en el escaparate pongamos un manojo de alegría, lo que de verdad estamos haciendo todos en estos días de Feria de Abril es aliviar el peso de nuestras cruces. De mayo, por supuesto.

Ya está encendido el Casino de la Exposición de mentira y apagado el de verdad. Esto ya ha empezado. Bienvenidos al único reloj que descuenta el tiempo. «¿A qué hora te acostaste anoche». «Muy tempranito». Sevilla pura: abril es en mayo, hay pasos en la calle del Infierno y acostarse tempranito significa acostarse al amanecer. Y el que no entienda este disloque es que no sabe de Sevilla de la misa la mitad. ¿Estamos? De la misa la mitad...