Una joven vestida de flamenca, junto al paseo de caballos
Una joven vestida de flamenca, junto al paseo de caballos - Juan Flores

Feria de Abril de Sevilla 2019Jueves de Feria: están todos los que son y son todos los que están

Lejos de las multitudes y superada la frontera del día festivo, la gran fiesta sevillana vive en su recta final su dimensión más amable, armoniosa y clásica. La medida perfecta... para el que aguante

Feria de Abril de Sevilla 2019: Todo lo que hay que saber

SevillaActualizado:

Aficionada como es Sevilla a disfrutar de sus momentos de manera atropellada, cuanto antes, en los primeros compases de cada hito o incluso en sus vísperas, un jueves de Feria con el nuevo modelo, más largo y con el miércoles de apoteosis festiva, termina convertido en el agridulce y cadencioso inicio del tramo final; con sabor a resaca y protector de estómago y olor a abrillantador de zapatos y fondo de bote de gomina, sí, pero también con una dimensión más cómoda y amable para el feriante de siempre y, especialmente, para el jartible. Que siguen quedando.

La jornada de ayer en el real, por ello, volvía a convertirse en un cuadro costumbrista muy ajustado al canon más clasicista, aunque también, pues todo depende de quién y cómo lo mire, en la confirmación de que el asunto decae ostensiblemente y de que el festejo se antoja algo largo para pies, tripas, espaldas, cabezas y muy especialmente bolsillos. Para muchos el vaso está ya casi vacío y encima lo poco que queda en él empieza a saber demasiado al agua del hielo derretido. Vuelve a ser momento de otra cosa para buena parte del sevillano medio, que vive de fogonazos pero cuyo interés se diluye tan rápidamente como esos cubitos.

Por eso desde hoy y mañana ya tocará playa, que el parte meteorológico apunta a un fin de semana de mercurios veraniegos y no hay cuerpo que eso lo resista ya sobre el albero de Los Remedios. Cuando los abanicos que una conocida marca de refrescos reparte por el recinto vayan a hacer falta de verdad, al cliente autóctono habrá que cazarlo con lazo. Pero ayer todavía aguantaba la fiesta a un nivel más que aceptable.

Paradójicamente, a pesar de que se anunciase estío y treintaytantos grados para las horas que vienen, ayer ayudó a ir rebajando esa tensión ferial el propio clima y ese cielo entoldado y hasta gris desde la mañana que refrescó ambiente y ánimos hasta que sobre las seis de la tarde terminó por despejarse, lo que aumentó ciertamente la afluencia a la hora en que siempre ocurre pero a niveles menores de los que se dan en la primera mitad de la semana. Medidas perfectas y temperatura ideal. Buen rebujito.

Con un ambiente más calmado, la espuma del champán desaparecida y sin multitudes, queda el sitio suficiente para que surja —e incluso se contemple— el purismo, la fiesta esencial, el que quizás sea el sabor más auténtico de la larga semana de festejo. Como una especie de equivalente al Viernes Santo, el tramo final en el campo ferial dibuja el escenario más tradicional y ajustado a la medida académica, familiar, reducida y hasta armoniosa.

En el paseo de caballos rodaban ayer las ruedas de los carros al compás adecuado y la gente podía pasear por las aceras sin aglomeraciones hasta bien entrada la noche, cuando la población más juvenil volvió a llenar el real ajena a los ritmos de sus mayores. Hasta los pólenes del olivo y del plátano de sombra parecían haberse esfumado de la ciudad artificial «de las tres tes» (tubos, tablas y toldos), como la llamaba un veterano feriante con su mujer de la mano en la esquina de Pepe Hillo con Pascual Márquez.

Ese aire semidecadente tan autóctono le dio al jueves, un año más, un aire romántico y equilibrado, sin apreturas y con la magnitud ideal. Si el fin de semana fue el de los turistas y el de los madrileños y martes y miércoles las jornadas de la masa, desde el jueves se vive el tiempo más sevillano donde las calles tienen nombre de torero. Están todos los que son y son todos los que están, adelgazada la Feria del exceso calórico y con su perfil más auténtico en flor.

Por eliminar artificios se disipó hasta la agenda pública, concentrada de lunes a miércoles. Hay que dejar paso a la campaña electoral y los políticos se dejaron ver bastante menos durante la jornada en el real. Lo justo y necesario y, básicamente, para varios actos ya de menos eco y, como mandaban los cánones del día, mucho más locales: toros y cofradías centraron, de hecho, la atención en la caseta municipal en las citas oficiales de la primera hora de la tarde. El alcalde, Juan Espadas, presidió por un lado la entrega de la cuarta edición de los premios taurinos que da la Fundación Europea del Toro, esta vez para la conocida ganadería Miura, así como el premio periodístico que recuerda a Fernando Carrasco.

Entre los aspirantes a quitarle el bastón de mando al actual regidor, sólo compareció por la caseta municipal el candidato de Ciudadanos, Álvaro Pimentel, preparado para su primera carrera electoral y que comentaba con su equipo no sólo la satisfacción por el trabajo que vienen realizando sino su alegría por mantener la voz tras los días de Feria... y de alergia. Primer obstáculo, salvado. De los populares, algún concejal, como la incombustible y eternamente sonriente Amidea Navarro, pero no su cabeza de lista, con lo que fue el delegado del Gobierno de la Junta de Andalucía en la provincia de Sevilla, Ricardo Sánchez, la principal referencia de los populares en un evento que contó con numerosas caras conocidas del mundo de la tauromaquia y en cuya presentación se hizo un paréntesis para aclamar al pregonero taurino de la temporada, el periodista de ABC Alberto García Reyes, por su «magnífico y emocionante texto» que sirvió de anuncio de la fiesta este año en el teatro Lope de Vega.

De Bruselas a Laredo

Y de la Fiesta Nacional a las cofradías, siempre presentes y cuyos principales representantes, los del Consejo de Hermandades y Cofradías de la ciudad, recibieron el agasajo municipal junto a la Asociación Gremial de Arte Sacro. Minutos antes, además, el Ayuntamiento había organizado un acto en el vestíbulo de la caseta, de corte más institucional, en conmemoración del Día de Europa y con una izada de la bandera de las estrellas por parte de la presidenta del Consejo Andaluz del Movimiento Europeo, Maricruz Arcos, que estuvo acompañada por miembros del cuerpo consular en Sevilla y por el embajador de Bélgica en España, Marc Calcoen.

Entre lo internacional y lo estrictamente local, también hubo margen para un acto de homenaje a la ciudad cántabra de Laredo, con la que Sevilla está hermanada y que sirvió para que los responsables municipales de la ciudad norteña promocionaran sus famosas anchoas, que centraron buena parte del ágape de ayer bajo los toldos municipales. Un aperitivo delicioso y muy propio para el nublado que reinaba en el exterior y que permitió un día más el alivio que supone el paseo por el real en pleno mes de mayo.

Fue acabarse el abundante contingente gastronómico cantábrico y, curiosamente, empezar a despejarse el cielo y a apretar el calor para ir anunciando lo que se viene encima. Que terminará por agotar fondo de armario y, sobre todo, fondo de cartera, que ya apenas llega en muchas de las ocasiones a la famosa tortilla con diez tenedores. Esa sequía incipiente presenta una sólida relación nominal con el auge de casetas como la del 97 de Juan Belmonte. «La cosa está achuchá», lleva por nombre. Queda todo dicho. Y escrito.

Por allí se concentran estos días caras conocidas, toreros como El Litri, El Tato o Chamaco, pero se han sumado a ese aire internacional que empieza a impregnar la feria sevillana y ayer todavía se recordaba el paso por la caseta del actor Gary Dourdan, abordado por un grupo de seguidoras que realizaron un marcaje del protagonista de la serie policíaca más propio de un defensa central de la selección italiana. En esa caseta de moda, el jueves no se habló del CIS y sus encuestas políticas sino que cambiaron una de las siglas para mentar sólo al CSI y los selfies obtenidos como trofeos de caza. Porque allí el jueves también se resistía. Sevillanía. Por eso lo cantaba anoche, allí mismo, Ignacio Lasa con su grupo, Albero. «Si tú te vas, si tú te vas, yo me quedo en Sevilla hasta el final...».