Un grupo de flamencas
Un grupo de flamencas - Rocío Ruz

Feria de Abril de Sevilla 2019El lunes más alegre del año

Tanto el clima como la ausencia de masificación ofrecieron una agradable jornada para disfrutar del Real

Feria de Abril de Sevilla 2019: Todo lo que debes saber

SevillaActualizado:

¿Quién dijo que el lunes es el día más triste de la semana? El de ayer desde luego fue uno para el recuerdo, con una más que agradable tarde donde la ausencia de calor y de masificación fueron las protagonistas. Los que se lanzaron al albero desde primera hora se acomodaron en las casetas para almorzar entre familia y amigos.

Conforme avanzaba la tarde, la cosa se fue animando pero lentamente, lejos de ese bullicio que seguramente esté guardando los ánimos (y la cartera) para la tarde de hoy y el festivo de mañana. Ayer eran los más fieles a esta fiesta los que estrenaron la tarde del lunes, como Carlos Carrasco, uno de los incondicionales de Gitanillo de Triana 187, donde tiene su caseta. Uno de sus hijos y su hija iban perfectamente ataviados sobre sus caballos recorriendo las calles del Real, una tradición que repiten cada año.

Muchos amigos madrileños de esta familia acuden como invitados a su caseta para vivir la Feria. «Este año incluso nos han visitado amigos portugueses y mexicanos y han quedado encantandos. Dicen que el año que viene repiten», explicaba ayer Carlos Carrasco.

En una de las casetas más grandes de la Feria, la del Real Círculo de Labradores, apenas había una mesa libre pasadas las cuatro de la tarde. Entre los socios se encontraban Manuel de Castro y su mujer Blanca Espuny, que tienen diez hijos con edades comprendidas de los 6 a los 24 años. Algunos iban de jinetes y amazonas con sus caballos y las que no, vestidas de flamenca. «Se visten todos los días, cada una de ella tiene varios modelos, con lo que durante esta semana mi casa está llena de trajes de gitana colgados por los pomos de los armarios y las barras de las cortinas», decía Manuel. Esta gran familia no se pierde un solo día de Feria, aunque la noche del «Pescaíto» la celebraron en casa. «Mis hijos traen a sus amigos y lo pasan muy bien», añadía. Ellos que tienen niños de todas las edades agradecen la distribución que tiene esta caseta, dividida en zona para familias con niños y otra solo de adultos. «Así no nos molestamos, porque en la parte que da a Joselito el Gallo solo estamos padres con niños y cuando llega la hora de los payasos los mayores nos pasamos a la zona de adultos y ellos se quedan tan felices viendo el espectáculo», indicaba.

Justo enfrente la que está considerada la caseta más grande de la Feria, la del Círculo Mercantil, se animaba sin prisas, con bastantes sillas y mesas vacías a la hora del almuerzo (una estampa inusual en esta concurrida lona) que lentamente se fueron llenando.

Uno de los más tempraneros fue el Duque de Alba, que había quedado a las tres de la tarde en la Caseta del Aero, donde llegó en un carruaje de mediados del sigl XIX. Allí pasó un rato entre amigos, como Enrique Moreno de la Cova y la Duquesa de Cardona, entre otros. Su hermano menor, el Conde de Salvatierra, pasearía también en carruaje más avanzada la tarde.

Caseta de abogados

En Joselito El Gallo 34 encontramos la caseta de la familia Bores donde muchos de los socios son abogados como Jesús Bores y Francisco Ballester. Responde al nombre de «Tos palante» y allí nos atendió Álvaro Domínguez. «Entre tanto abogado hacen falta otro tipo de profesionales para que se hable de otras cosas», bromeaba este agrónomo, que estaba acompañado de algunos amigos y clientes. «Sobre todo los primeros días de la Feria aprovechamos para atender bien a los clientes», indicó Domínguez, quien confesó que vive esta fiesta más intensamente los primeros días.

En una de las esquinas más privilegiadas del Real almorzaba Milagros Román con unos familiares y amigos. Es de esas casetas que permiten ver despejadamente lo que ocurre en el albero, entre otras cosas el cercano concurso de caballistas y amazonas que se celebra en la vecina caseta del Ayuntamiento. «Esta caseta la fundó mi padre, Pepe Román, junto a Rafael Rodríguez Blanco y tiene más de seis décadas», explicaba.

Como suele ocurrir en muchas de las casetas antiguas, ahora son los hijos de los fundadores quienes las gestionan. «El ambiente es muy familiar, venimos con nuestros hijos y amigos todos los días y lo pasamos muy bien», indicaba Milagros en la tarde de ayer. La familia de los Sánchez-Dalp es otra de las que frecuenta esta concurrida esquina de la Feria, donde se toma buen pescaíto frito y una rica tortilla, entre otras viandas.