Un joven a caballo saluda con el sombrero
Un joven a caballo saluda con el sombrero - Manuel Gómez

Feria de Abril de Sevilla 2019Los ocho apellidos vascos de la Feria

Una expedición del gobierno vasco promocionó ayer su tierra en la caseta municipal y se trajo las nubes del Norte para refrescar un lunes con menos de media entrada

Feria de Abril de Sevilla 2019: Todo lo que hay que saber

SevillaActualizado:

La Feria la fundó un vasco, José María Ybarra Gutiérrez de Caviedes. Por eso ayer había «pintxos» en la caseta municipal. Ybarra fue alcalde y junto con Narciso Bonaplata solicitó a la reina Isabel II el permiso para celebrar una feria del ganado en abril en Sevilla, donde había instalado su empresa naviera a mediados del siglo XIX.

Ya entonces descubrió Ybarra lo que el otro día entendió un importante consultor del Norte que ha estado por aquí todo el fin de semana por cuestiones de trabajo (y de ocio). El paréntesis es sólo para que quede claro que lo primero es lo primero. El hombre ha dado el callo durante las mañanas y por las tardes ha estado en el real. Y de vuelta en el AVE el domingo por la noche no tuvo más remedio que claudicar cuando comentaba la jugada con un compañero suyo al teléfono: «Oye, Pachi, que eso que dicen de que en Sevilla no se trabaja es mentira, se trabaja mucho. Lo que no se hace en Sevilla es dormir».

Eso es. La Feria, aunque muchos no lo sepan, tiene genética empresarial. Es una forma de trabajar duro, de vivir siempre con un ojo abierto. Por eso la fundó un empresario de Bilbao. Porque la Feria tiene ocho apellidos vascos. Ayer estaba en la caseta del Ayuntamiento la consejera de Turismo de por allí, Sonia Pérez Esquerra, con una comitiva de aizcolaris. Ahora se entiende mejor por qué han fallado los meteorólogos que nos han metido miedo con el calor.

Los chicarrones nos han traído desde su tierra unas buenas nubes, que es su producto más típico. Muchísimas gracias. Lo que se podían haber dejado allí es el humorista que pusieron en la caseta a contar chistes con gracia vascongada. El tío estaba dando un verdadero monólogo. No lo escuchaba nadie. Qué cosa más mala. A esa misma hora estaba recibiendo en su caseta la Policía Nacional. Y uno que andaba por la municipal no pudo reprimirse: «Me voy para la de los maderos, que esto no se puede aguantar. Ahora mando para acá a una pareja para que se lleve a este tío detenido».

En la de la Policía estaba el presidente de la Junta, Juanma Moreno, que dijo una frase memorable: «La de Sevilla no es sólo la mejor feria de España, sino de todo el conjunto de Europa». El conjunto de Europa es una indefinición extraordinaria. ¿La Feria que fundó un vasco es la mejor de hasta dónde exactamente? ¿En México las hay mejores? Seguro que no.

Puede dar fe un empresario sevillano que tiene toda la semana en la ciudad a unos mexicanos ricos que la lían todos los días en su caseta cantando rancheras. El poderío de ellos es demasiado. Mandaron sus yates por delante, para tener hospedaje en el río, y luego se vinieron en avión. Y aquí llevan desde la semana pasada homenajeando a Ybarra con sus navíos. «Eso es exactamente ser del taco», explicaba uno de los anfitriones en su caseta de Pascual Márquez a media tarde.

Entonces estaba el real medio vacío. La gente justa. Y todas las caras conocidas se cruzaban en el recorrido de casetas que organizaban recepciones oficiales. Un político, de hecho, se despistó al salir de una de las «convidás» y se sacó del bolsillo un cuadrante con las casetas convocantes, el horario y la dirección de cada una. «Esto es como el programa de la Semana Santa del ABC», dijo al sentirse observado. Si te lo montas bien con ese listado, comes de válvula. Sobre todo en los días en los que hay menos de media entrada.

Ayer estaba todo en silencio: la calle del Infierno y las casetas. Máxima tranquilidad. Freidoras paradas. Jamones de adorno. A la derecha, casi nadie. A la izquierda, sin el casi. Día de transición. Un clásico lo definió con exactitud: «Hoy es un día para vender, mañana para cobrar y el miércoles, que es festivo, para gastarte el dinero». Esta genialidad la soltó casi engarzada con otra. Le estaba explicando a su acompañante que su amigo, un importante ejecutivo de una empresa, no había podido venir porque estaba malo. «Mira que le he avisado veces. Le he dicho: quillo, no despidas a tanta gente que te vas a lesionar». Si el vasco de la caseta municipal hubiera dicho eso en su monólogo habría callado a todo el gentío como en los cacharritos. Pero ese estaba en otro aire. Se lesionó contando «malajás».

Llegó a contar incluso que un paisano suyo levantador de piedras levantó el peñón y otro le dijo que lo soltara, que eso era Gibraltar. A ver cómo se lo explico. Ayer era el día del silencio. ¿Por qué estropearlo? Ese hombre no se enteró de que en la Feria, el Estrecho está en la caseta de la Guardia Civil, que tiene un ventilador gigante que deja en pañales al levante. Las flamencas tienen que recoger las peinetas en la acera de enfrente. Ni se enteró tampoco de que aquí tienen más gracia que él hasta los guardias civiles. «Nosotros sí que somos cariñosos cuando paramos a uno, que hasta le damos un autógrafo», dijo un benemérito. Eso es lo que se merecía el monologuista vasco, un buen autógrafo de los civiles con ocho apellidos sevillanos por agraviar a su antepasado fundador de la Feria.