El maestro Otero muestra cómo se hace la primera parte de la tercera copla de las sevillanas
El maestro Otero muestra cómo se hace la primera parte de la tercera copla de las sevillanas - ABC

Feria de Abril de Sevilla 2019El origen del baile por sevillanas

Las sevillanas, un baile folklórico con notación coreográfica desde hace más de un siglo, realizada por el maestro José Otero en el año 1912

Feria de Abril de Sevilla 2019: Todo lo que hay que saber

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Las sevillanas y su recorrido dancístico a través de los tiempos, ha hecho correr algunos ríos de tinta, algunos muy recientes, pero otros mucho más lejanos e insólitos. Se trata de uno de los escasos bailes folklóricos que tiene notación coreográfica, o podríamos llamar así a lo descrito por el maestro José Otero Aranda, en su «Tratado de bailes» editado en Sevilla en el año 1912 y cuyo título completo es: «Tratado de bailes. De sociedad regionales españoles. Especialmente andaluces. Con su historia y su modo de ejecutarlos».

En la calle San Vicente, frente al convento de los Dominicos, estaba la academia de José Otero Aranda que heredarían después sus sobrinos. Era un recoleto local compuesto de tres pequeñas salas donde impartieron clases, José Otero Aranda, y José y Manolo Otero del Castillo. La calle se llenaba de sonidos de piano y palillos y sobre todo de niñas que acudían a aprender el baile por sevillanas.

Relata una alumna de José Otero, el sobrino del mítico maestro, que se enseñaban las sevillanas a piano. «El maestro enseñaba primero los pasos principales, la salida, el cruce..., sin música, y cuando los sabíamos, su hermano nos enseñaba las sevillanas, porque el maestro se dedicaba más a alumnas mayores a las que enseñaba bailes más difíciles como el Vito, el Olé de la Curra, la Boda de Luis Alonso, bailes principales que se hacían dentro del clásico español. Su hermano también nos daba la clase de palillos. Las bulerías no nos las enseñaban a guitarra, sí te decían los pasos, pero no se tocaba. Para guitarra tenías que ir a aprender con Enrique el Cojo. Yo tenía once años», recuerda María Antonia Benítez, alumna de José Otero, que hoy va camino de cumplir los 91 años, y que también tomó clases con el maestro Realito.

«Realito enseñaba las sevillanas, pero se quedó más para artistas. En su escuela estaba Antonio el Bailarín, al que el maestro ponía de pareja de todas porque era el único chico, incluso enseñaba a las más pequeñas. Dí clases con Realito con seis años. Después pasé a Otero. En la Feria, el maestro Realito montaba un cuadro de baile y nos llevaban a bailar sevillanas a la caseta de la Asociación de la Prensa y a una caseta que se llamaba Er 77», recuerda María Antonia.

El maestro Realito con su hija Reyes en 1952
El maestro Realito con su hija Reyes en 1952 - ABC

Un baile con notación coreográfica

Las sevillanas han dado al mundo del libro no pocos tratados sobre su forma de bailar, y el boom de los años 90 hizo que además, se editaran numerosos vídeos, algunos muy desafortunados, sobre cómo bailar por sevillanas.

No había en aquella época ni una ciudad en España que no se preciara de tener la famosa y mal llamada, «sala rociera», donde se bailaban sevillanas, a veces como se podía. En Madrid todo el mundo tomaba clases, incluso las Infantas Elena y Cristina tuvieron como maestra de sevillanas a la bailarina y coreógrafa, Victoria Eugenia.

Pero si bien hay bailes folklóricos que se resisten a desaparecer, aunque no se bailen, en las sevillanas es todo lo contrario. Es un baile folklórico que tiene «moda», y que normalmente está marcada más por la música que por el baile, que ha llegado hasta nuestros días, casi intacto. Eso sí, con una estética diferente en la que se permiten algunas licencias a veces nada ortodoxas, u otras que se refieren al braceo, antes hacia abajo, y ahora, por la Escuela Sevillana, airoso y hacia arriba.

Hasta hace unos años el Ayuntamiento de Sevilla organizaba en la ciudad antes de la Feria, el Certamen de Sevillanas «Enrique el Cojo» que velaba porque el baile se conservara lo mejor y más riguroso posible. El Certamen, en el que estuvieron de jurado personalidades como Matilde Coral, lleva años sin convocarse.Una pena.

Rosario y Antonio, Los Chavalillos Sevillanos
Rosario y Antonio, Los Chavalillos Sevillanos - ABC

Los libros

Hay muchos libros a partir de la segunda mitad del siglo XX que hablan de las sevillanas, pero por excepcionales, en estas líneas vamos a hablar de algunos de ellos mas curiosos que se remontan a los principios del siglo XX.

Sigue siendo fundamental el «Tratado de Bailes» del maestro José Otero Aranda. En él, Otero no sólo dibujó a base de puntos y siluetas de pies cómo debían de bailarse las cuatro sevillanas, sino que hizo fotos de cada uno de los tercios.

El maestro habla siempre de la colocación de la dama y el caballero, y dice cosas como, «si es un caballero y una señorita los que van a bailar, él se colocará a la derecha y al empezar la salida marcará tres pasos al frente, empezando con el pie izquierdo, y cuando haya hecho los tres pasos dará media vuelta y hará frente a la pareja, comenzando con ello la primera parte de la copla...».

Esta forma de bailar solo la he visto ejecutar en la Feria por Manuel Otero Luna, el que fuera presidente de la Cámara de Comercio de Sevilla y de la CEA, y desciente directo del maestro. La descripción de cada copla en el libro es tan exacta, que no sólo describe el paso, sino la colocación del pie y por supuesto de los brazos.

Por cierto, el maestro enseñaba en la tercera sevillana la «matalaraña» y no el zapateado que hoy se hace, «dando un salto grande de costado y tres embotados», indica. Hoy la hemos sustituido por un zapateado con igual compás y número de pasos. Igual de milimétrico es el maestro cuando describe el toque de palillos por sevillanas, copla a copla y onomatopéyicamente

Anna Pavlova en 1928
Anna Pavlova en 1928 - ABC

Desde Pavlova a Trini Borrull

Pero la fascinación por lo andaluz ha recorrido el universo entero. El 15 de julio de 1928 la editorial Grjébiney Vishgnak de París publicó una edición numerada del libro titulado «Anna Pavlova» realizado por el gran especialista en Danza, André Levinson. (Famoso es su libro sobre Antonia Mercé la Argentina al que llaman simplemente «El Levinson»).

Pues bien, en ese libro se incluyen numerosas fotografías de la genial bailarina clásica ataviada con diferentes diseños teatrales. Quizás uno de los más curiosos es el que la presenta vestida de flamenca con peina y mantoncillo..., y zapatillas de punta, como si fuera a bailar sevillanas boleras.

Otro curioso libro que trata sobre las Sevillanas es el editado en Barcelona por Pertierra, Bartolí y Ureña de Barcelona, en abril de 1902 y que se titula, «El baile», cuyo autor es Carlos Ossorio y Gallardo. Uno de sus capítulos se dedica a las Sevillanas incluyendo la partitura de la música realizada por el maestro Manuel Liñán.

El texto es más un recorrido costumbrista por el mundo del baile por sevillanas que por sus pasos, pero describe bien a una bailaora de nombre Rosario y su atuendo, «lleva falda de color sangre con vuelo para otras dos; sobre ella los volantes caen como cascadas que al bailar ondulan con la suavidad de las aguas...» Y añade, «su baile recuerda al de las bayaderas orientales».

El estudioso y crítico de Danza, Alfonso Puig Claramunt escribió su famoso libro, «Ballet y Baile Español», publicado por la editorial Montaner y Simó de Barcelona en 1951. Puig Claramunt, descubridor de Carmen Amaya, dedica este libro al bailarín Juan Magriñá, y en su interior, no sólo describe el baile andaluz haciendo hincapié más en algunos palos flamencos, sino que, en relación a las sevillanas, «traduce» alguno de sus pasos.

Por ejemplo: Gran Battemant: Destaques; Rond de jambes: Rudisan; Pat de chat sissone: mata-la-araña.. Y añade descripciones como: palillos que traduce como triscar los dedos, o careos (de la cuarta sevillana), como pases enfrentados.

Una edición de la «Silueta folklórica de Andalucía» de Domingo Manfredi Cano editado en 1961, dice sobre las sevillanas: «quien por primera vez asiste a la Feria puede llevarse una visión muy completa de lo que es Andalucía Occidental.

Un libro que a modo de recorrido de las fiestas populares añade, «las sevillanas quieren expresar en su temario todo cuanto de alegre, bonito y bueno puede ofrecer Sevilla a la imaginación de un poeta«.

Y por poner un remate a modo de la cuarta, el libro de una bailarina catalana, Trini Borrull, titulado «La Danza Española» y editado en Barcelona por Messeguer en el año 1954. En este manual no describe el baile por sevillanas pero sí su toque de palillos: «golpe con izquierda, carretilla con derecha»..., al que llama toque de sevillanas, y que califica como «el baile más popular y conocido de España. Consta de siete coplas y suelen bailarse únicamente las cuatro primeras, dividiéndose cada copla en tres partes». Para Trini Borull, «Andalucía es la fuente de la Danza genuinamente española», sentencia.