Caballistas en la calle Antonio Bienvenida, ante la portada de Feria
Caballistas en la calle Antonio Bienvenida, ante la portada de Feria - Vanessa Gómez

Feria de Abril de Sevilla 2019Sevilla asume el nuevo modelo de Feria, pero lo adapta a sus costumbres

Culmina una semana de fiesta en calma, buen clima y dos partes definidas y separadas por el miércoles festivo

El Ayuntamiento se carga de razones económicas (impacto de 900 millones) para defender la Feria de sábado a sábado

SevillaActualizado:

Recién concluida la nueva edición de la Feria de Abril sevillana —en este caso en mayo por aquello de los calendarios lunares y las dos semanas necesarias para organizarse, según el Ayuntamiento, entre la Resurrección y el Alumbrado—, debe destacarse por encima de todo el éxito de la misma, transcurrida dentro de los cánones que la celebración exige, con una enorme afluencia de público, sin incidentes destacables ni mucho menos graves y con un clima que, además, ha acompañado para aliviar el incipiente calor de fechas como las actuales en la capital andaluza. De fondo, además, también debería ensalzarse el triunfo de la alegría y de las ganas de vivir que simboliza esta semana. Porque ese hecho, en tiempos oscuros y de incertidumbres y penas globales, es digno de elogio en sí mismo. Lejos de los manidos tópicos, una sociedad que organiza y monta una infraestructura de unos días sencillamente para divertirse y estar con los suyos aparcando los problemas debe ser bien considerada en los tiempos que corren. Sin necesidad de coaching. Pura genética local. Y que dure.

Un esquema consolidado

La primera de las conclusiones de esta nueva edición es que el modelo implantado durante este mandato por los socialistas tras aquella famosa votación popular se va asentando y las críticas son ya casi inapreciables. Se ha asumido. La gente se ha amoldado al calendario de sábado a sábado y, muy especialmente al miércoles festivo por muy heterodoxo que parezca. El sistema ofrece más opciones para ir al real los días que se considere, plantea dos fines de semana a efectos prácticos, deja más sitio al turismo en el arranque (y eso es más dinero nos pongamos como nos pongamos) y sirve para espaciar las visitas. Cierto es que para los cuerpos y, sobre todo, los bolsillos se hace larga, pero en ningún sitio está escrito que haya que ir todos los días ni cuánto ha de invertirse. El aplauso generalizado de hoteleros, hosteleros y comercios de toda índole es un hecho que refrenda la evolución positiva de este esquema. El parto tuvo dificultades pero la criatura crece y empieza a ser hasta guapa. Eso sí, lejos de la idea del equipo de gobierno municipal, el adelanto de dos días del inicio no ha servido para eliminar las vísperas, que han hecho lo propio de manera natural y existen tal cual en las dos o tres jornadas previas en el real, en las que ya hay fiestas organizadas sobre el albero. Y recepciones oficiales, que nadie se olvide. El sevillano termina imponiendo su hábito y su gusto sobre la norma administrativa. Sin más.

Crecimiento sostenido

Coincidiendo con un ciclo económico de bonanza como el actual, la Feria también presenta un crecimiento importante en todas sus cifras desde hace varios años. El modelo de sábado a sábado ayuda a ello, obviamente, y las cifras de impacto superan ya los 900 millones de euros según las estimaciones del Ayuntamiento. La afluencia está en los niveles del año pasado, ya altísima, el número de carruajes ha subido un 5% pese a estar ya prácticamente colmatado ese ámbito, el suministro de Emasesa también se ha elevado otro 5% y los datos de consumo presentan registros similares a los de 2018, que establecieron hitos de mucha relevancia. Los hoteles de la ciudad han superado el 85% en general, especialmente el primer fin de semana, cuando ese guarismo alcanzó niveles superiores al 90%. Y todo con una fiesta más larga y con la consabida preferia de tintes locales y familiares. Ante este panorama, no extraña que el actual gobierno local del socialista Juan Espadas tenga prevista una ampliación del recinto ferial hacia la zona de la calle del Infierno para dar cabida en el próximo mandato a 140 casetas más, tal y como avanzó esta pasada semana ABC. Esto permitiría reducir la lista de espera, en la que hay personas y entidades aguardando su oportunidad desde hace más de 20 años en algunos casos.

Seguridad y botellona, ardua labor

La semana de fiesta se ha saldado sin incidentes destacados, afortunadamente, y el nivel de agresiones, reyertas y heridos sigue bajando. La seguridad sigue estando a gran altura últimamente en la Feria y en ello debe tener bastante que ver el buen trabajo del equipo comandado por Juan Carlos Cabrera y Rafael Pérez, de un lado, y la decisión de cortar por lo sano en lo que se refiere a venta de alcohol en el barrio de Los Remedios. En el que, por otra parte, se ha reducido considerablemente el fenómeno de la botellona, como ha pasado en la barriada del otro lado del recinto, la de Tablada. Se ha respondido, de esta forma, a una constante demanda vecinal, rebajándose un 20% la incidencia de este molesto fenómeno. Los responsables municipales hablan de «reducción drástica» incluso en el propio recinto ferial, pero ahí la realidad no es tan evidente y los grupos de jóvenes con sus «lotes» en plena calle, ante las casetas o sobre los adoquines de la calzada, no han desaparecido, ni mucho menos, especialmente a partir de cierta hora de la noche. Queda trabajo en esa faceta más concreta a pesar de la buena labor general.

Venta ambulante, luces y sombras

La lucha contra la venta ambulante se ha redoblado por parte de la Policía Local, con más redadas y un aumento de los agentes de paisano. Ese trabajo se ha agudizado en todo lo que tiene que ver con el alcohol y la venta que se realiza en la calle del Infierno a los menores, pero a pesar de la ardua labor queda mucho por hacer en este terreno. Es cierto que se ha acosado debidamente a quienes realizan esta actividad en la zona de atracciones, pero durante muchas franjas horarias estos vendedores sin escrúpulos han campado a sus anchas vendiendo combinados con bebidas alcohólicas sin control de procedencia alguno o tabaco de contrabando. De momento, insuficiente actuación municipal pese a la firme voluntad de las autoridades por ir acabando con esta práctica ilícita y peligrosa.

El complejo asunto del transporte

A pesar de los nuevos dispositivos que el Ayuntamiento ha ido incorporando para mejorar la conexión con el recinto ferial, el transporte sigue siendo un problema principal para los que desean llegar al real o volver a sus casas desde allí. La creciente afluencia de público no ha llevado aparejada un aumento suficiente de los servicios y se siguen sufriendo eternas esperas. Las líneas de autobús de Tussam y las lanzaderas funcionan a destajo y de forma aceptable, aunque el nivel de viajeros ha bajado punto y medio sobre el año pasado, probablemente porque más gente ha decidido ir en coche. No en vano, el cien por ciento de los abonos de parking se han venido este año. Como de costumbre, el mayor dilema en cuanto al transporte ha vuelto a estar en los taxis a pesar de que se ha incorporado otra parada en la contraportada, en la glorieta Avión Saeta, donde han coexistido con los vehículos de VTC (con su particular batalla suspendida durante unos días). Pero se han producido esperas de hasta dos horas y momentos sin un solo taxi en la parada. Tercermundista. Otra vez. Sí anunció el Ayuntamiento más bicicleteros (suena a broma eso de ir a la Feria en bicicleta) y más aparcamiento para motocicletas, que han desahogado algo la rutina de esos conductores.

Cuestión de detalle

El gobierno local se ha marcado un buen tanto con la estupenda iniciativa para personas con autismo del lunes de Feria, cuando las atracciones estuvieron sin sonido durante cuatro horas. La exitosa propuesta pretende ampliarse a otros días en próximas ediciones y la Diputación ha pedido que se extienda a otras ferias de la provincia. En otros detalles, el Ayuntamiento quizás se haya pasado de frenada, como ha ocurrido con la limpieza de la calzada por parte de Lipasam, pues una cosa es sanear y regar y otra llenar las calles de charcos; o con el apagado de la iluminación de las calles a las dos de la madrugada, quizás demasiado pronto para lo que demandan algunas noches de fiesta. Un rato más de luz posiblemente ayudaría a atajar mejor el problema de la botellona en algunas calles del real, por ejemplo. O incluso la posibilidad de reyertas. Si se trata de ahorrar, mejor en el agua de los camiones de Lipasam. Los bajos de los vestidos de flamenca lo agradecerán.