El paseo de caballos fue ayer muy lucido tras la Exhibición de Enganches
El paseo de caballos fue ayer muy lucido tras la Exhibición de Enganches - Juan Flores
Feria de Sevilla 2019

El revoltijo dominguero de la nueva Feria de Sevilla

Este domingo hubo mucho público en el real, pero muy desorganizado. Convivieron los guiris, los de otras provincias y los que sólo van a ir un día con los feriantes de toda la vida

Feria de Abril de Sevilla 2019: Todo lo que hay que saber

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El domingo de la nueva era es un revoltijo. Van a la Feria los autobuses de los pueblos, los extranjeros, los madrileños que están apurando el puente, los sevillanos que aspiran a ir sólo un diíta y acaban yendo una semanita, los que se acostaron por la mañana tras la cena del «Alumbrado» y los buscavidas. Antiguamente, los ganapanes rondaban el real el lunes del «pescao» para marcar territorio y los forasteros desembarcaban el último fin de semana, cuando ya estaba todo el «pescao vendío». Ahora todo se agolpa. Y ayer lo mismo te encontrabas una guiri con una flor de plástico y botines, un alemán con sandalias, una reunión de gente con ceceo bailando en la portada, una mulata vestida de gitana o un fuertote tatuado con camiseta de gimnasio que con el que vende los globos, la de los claveles, el de las cañas, el de las pistolitas de pompas, el de los petardos a euro, el afilaor, el del Winston del Águila y el del perrito que ladra. Estaba todo por encajar todavía. Un poco caótico. Por la calle Asunción había un montón de americanos repartiendo un pasquín de una secta de Filadelfia que analiza la Biblia. Vaya cortapunto. Antes de cruzar la portada te daban una ristra de salmos de Isaías y Zacarías. Trabajo extra para Lipasam. Estaba todo el suelo perdido de folletitos. La gente cogía el papel por educación y unos metros más adelante se le caía sin querer. «¿Pa un día que vengo a la Feria me vas a comer la cabeza?», le dijo un señor bien encorbatado a una de las repartidoras guiris. Y luego lanzó al aire entre el gentío que caminaba para el real una incógnita de Cuarto Milenio: «¿Quién le ha pagado a esta gente el viaje para contarnos este rollo?». Hay gente «pa tó». Pero aunque el comecocos bíblico encajaba menos en la Feria que una tapa de cuscús, el título de la cuartilla sí tenía su conque. «¿Por qué está el mundo tan dividido?». ¿Por qué en la Feria había ayer casetas en las que no se cabía y otras en las que no había literalmente nadie al mediodía? ¿Por qué hay gente que se compra chaquetas de color naranja? ¿Por qué ahora todos los jóvenes van con el pecho al aire y sólo se abrochan los botones de la camisa hasta la barriga? Todos estos enigmas también necesitan una secta que resuelva el misterio de esta fiesta. ¿Por qué hay cada vez más gente que incumple la esencia ferial, que consiste en saber beber? La madrugada se ha puesto complicada. Hay demasidos «rempujones» y huele a orín. Y el domingo no tiene quien le escriba. Lo único reconocible de ayer en el real eran los farolillos. ¡Ha empezado la Feria y están todos puestos! Qué pedazo de organización. Este año hay varias cosas que están funcionando mejor, pero la más importante es la que le estaba comentando un tardón a su grupo de amigos en una caseta para justificar su retraso: «Estos del Ayuntamiento han puesto este año un sistema demasiado bueno para evitar que se cuele la gente por Los Remedios para aparcar. Yo lo conseguía todos los años, pero hoy ha sido imposible. ¿Sabéis qué han hecho? Han quitado los municipales de las calles cortadas y han puesto bolardos. A los policías se les podía pegar el mangazo, pero ¿cómo se le pega un mangazo a un bolardo?».

Alguna conversación con los bolardos también se ha visto. A ciertas horas, el personal ya no distingue un tío de un palo y le cuenta su vida a una señal de tráfico si hace falta. En la cola del taxi de la portada había por la tarde un caballero solitario que estaba obsesionado con explicarle su problema al resto del público: «Mi hija no me quiere, ¿sabe usted?». Nadie le prestaba atención. A la Feria no va nadie a recoger problemas de otros. Esa reflexión la clavó una mujer que contemplaba el paisaje desde la esquina de Juan Belmonte con Chicuelo: «A mí lo que más me gusta de la Feria es que te sientas un rato a mirar en la barandilla de tu caseta y te hartas de reír de los políticos que denuncian problemáticas. ¿Problemáticas aquí? ¿Usted ha visto cómo está esto?». La única problemática del real es el taxi. No porque te pueda dar la barrila un ermitaño con sus penas mientras espera la cola, sino porque las vallas que ha puesto la Policía obligan a hacer un recorrido que es una media maratón. «Si yo llego a saber que tengo que dar tantas vueltas aquí dentro, me voy andando a mi casa, que está más cerca», se quejó un cliente. Es verdad que la Feria está todavía bastante lejos de la Feria. Ayer había mucha gente andando para nada. El fresquito lo permitía. Los guiris de la Biblia, los mexicanos con guita, los que tenían el AVE de vuelta por la tarde, los que no saben darle al pirriaque y los de las peñas apuraron su última oportunidad. Y hoy por fin ya es lunes. El día en el que esto empieza de toda la vida de Dios.