Imagen tridimensional del Nazareno de Los Santos de Maimona

La otra mirada del restaurador

Las nuevas tecnologías han sido aliadas de la restauración de la imaginería en madera policromada. Entre ellas, las radiografías fueron un gran avance; hoy en día ya son historia. Un TAC puede ser fundamental para conocer una obra y su autor

JOSÉ LUIS GARCÍA/
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La incorporación de los estudios radiológicos al campo de la restauración de obras de arte supuso en su día un salto cualitativo sin precedentes que, en el caso de la imaginería, facilitó sobremanera el trabajo de los especialistas, que no sólo lograban aproximarse al «alma» oculta de la obra en cuestión, sino que también podían disponer de un criterio de abordaje a la hora de llevar a cabo la labor reparadora encomendada.

Desde el punto de vista de la localización de elementos metálicos introducidos en origen o en el curso de restauraciones anteriores, las radiografías aportaban una fuente valiosísima de información que permitía valorar, por ejemplo, si los clavos internos ejercían la misión para la que habían sido colocados, o si era preciso retirarlos porque dañaban la talla. En este caso, la radiografía facilitaba la localización y eliminación del elemento extraño que supusiese un mínimo daño para la obra.

La información aportada por los estudios radiológicos ha sido, y continúa siendo, muy valiosa porque permite, incluso, tener una cierta orientación acerca de las alteraciones de modelado que haya podido sufrir una imagen mediante la incorporación de añadidos.

Pero aún sin renunciar a su vigencia y masiva utilización, hoy puede afirmarse que las radiografías tradicionales son ya parte de la historia, al haber encontrado los especialistas un aliado aún más valioso para su trabajo: la resonancia magnética.

Un detallado mapa

La posibilidad de realizar un detallado mapa de la estructura de la obra sometiéndola a una tomografía (TAC) está permitiendo hoy en día ver más allá de los límites de las radiografías, tanto por el detalle que ofrece el nuevo sistema como porque facilita la reconstrucción virtual en tres dimensiones de la zona estudiada, lo que a ciertos niveles puede ser válido incluso para determinar las similitudes constructivas de dos obras sobre las que se tenga la sospecha de que pueden haber sido realizadas por un mismo imaginero.

Este es el caso de la imagen de Jesús Nazareno de Los Santos de Maimona (Badajoz), cuya restauración ha concluido Juan Manuel Miñarro. Un trabajo a lo largo del cual el restaurador no ha encontrado datos objetivos que le hayan podido disuadir de la sospecha que mantiene acerca de esta imagen de autor desconocido, en el sentido de que puede ser obra de Francisco Antonio Gijón, el autor del Cachorro.

Ratificar las sospechas

Sin embargo, aún contando con su intuición profesional y con el criterio de los especialistas que han conocido la obras y seguido la restauración, Miñarro pretende ahora ratificar sus sospechas mediante el cotejo de las imágenes computerizadas obtenidas del Nazareno mediante TAC y las radiografías que en su día fueron tomadas del Cachorro mientras se hallaba en proceso de restauración. Unas radiografías que la hermandad ya ha ofrecido al restaurador, dado que un estudio a fondo puede arrojar luz sobre una nueva obra que vendría a sumarse así a la nómina conocida del imaginero utrerano.

Con unas y otras en la mano, Miñarro pretende comparar los sistemas constructivos de ambas imágenes, ya que considera por experiencia que cada imaginero tiene una manera de hacer a la hora de ensamblar y de tratar su obra.

Imagen tridimensional

Además, en el caso del Nazareno de Los Santos de Maimona, las resonancias magnéticas han permitido reconstruirlo en tres dimensiones «despojándolo» digitalmente de la policromía, lo que facilita el estudio morfológico, y al mismo tiempo ha dejado en evidencia detalles constructivos singulares, como la realización de la dentadura, hecha diente a diente, con su raíz y todo.

Si la morfología interna coincide, como lo hace la externa, y el Cachorro tiene construida la boca de igual manera, la conclusión -sino documental sí científica-, parece más que evidente.