Lourdes Sivianes, en el bufete Cremades-Calvo Sotelo de Sevilla
Lourdes Sivianes, en el bufete Cremades-Calvo Sotelo de Sevilla - Raúl Doblado
Entrevista

«Los abogados podríamos ahorrar mucho sufrimiento a nuestros clientes, si quisiéramos»

Lourdes Sivianes, abogada especializada en Derecho Eclesiástico, asegura que «no todo en la vida es dinero» y que «es mejor no litigar» si hay posibilidad de arreglo

SevillaActualizado:

En 2004 la abogada Lourdes Sivianes se convirtió en la primera mujer doctora en Derecho Eclesiástico. Experta en mediación, profesora universitaria e investigadora, ha sido fichada por el bufete Cremades-Calvo Sotelo en Sevilla para abrir una nueva área jurídica orientada al asesoramiento y la resolución de conflictos con instituciones religiosas.

¿Para anular un matrimonio eclesiástico es preciso tener mucho dinero?

La idea de que sólo los ricos pueden anular sus matrimonios es una idea muy extendida que no se ajusta a la realidad. Si el solicitante acredita una mala situación económica se le aplica una importante reducción de costes, incluso la gratuidad total del proceso. Otra idea muy extendida es que siempre se concede y esto tampoco es cierto. Las causas son previamente estudiadas y si los abogados no tenemos la certeza de que no se dan las causas se lo decimos al cliente para que no inicie el proceso.

¿Esto no va en contra del negocio? Si no hay proceso, los abogados no cobran.

El objetivo de un abogado debe ser ayudar, no sólo ganar dinero. Si veo posible un arreglo me resulta más gratificante. Hay gente que viene un poco perdida y no está segura de lo que quiere y yo propongo entonces la mediación para tratar de arreglar el matrimonio, si eso es posible. Incluso desvío a los clientes a psicólogos si considero que les pueden ayudar a arreglar sus diferencias. No todo en la vida es el dinero y a mí mis maestros me enseñaron el arte de la mediación y es algo que me gusta practicar

No todos los abogados son como usted. La idea más extendida es que prefieren alargar los procesos en vez de acortarlos por motivos económicos.

Hay abogados de todo tipo y cada compañero tiene un talante diferente, pero yo sigo una línea muy concreta. Creo que esa imagen de la que habla procede de las películas norteamericanas pero la vertiente personal y profesional van muy de la mano, en mi opinión. Uno se comporta como profesional según sus valores como persona. Y yo no puedo abandonar mis valores para ejercer mi profesión. Yo prefiero que no haya pleito si veo que la cosa tiene arreglo.

Decía Kapuscinski que una mala persona no puede ser un buen periodista.

Estoy convencida de que eso es aplicable también a los abogados y a otras profesiones. El ejercicio de la investigación y de la docencia me ha ayudado mucho a ser una profesional que le da mucha importancia a los valores humanos. Me considero humanista.

¿Esos valores se inculcan en las facultades de Derecho?

A mí me los inculcó mi familia pero también he tenido grandes profesores humanistas en la Universidad de Sevilla. Tuve la suerte de tener grandes maestros tanto en el colegio como en el instituto y en la universidad. Y eran centros públicos. El Derecho está basado en la equidad y en la facultad nos decían que había que ser buenas personas.

Decía Manuel Olivencia que el mayor tesoro de un abogado es su ética.

Y tenía mucha razón. Si quisiéramos, los abogados podríamos evitar mucho sufrimiento y dolor a nuestros clientes. Siempre que se pudieran plantear las cosas, habría que hacerlas por mutuo acuerdo, antes que por el enfrentamiento. A veces es mejor no litigar.