Ángeles Delgado, presidenta de Fujitsu en España, Portugal e Hispanoamérica
Ángeles Delgado, presidenta de Fujitsu en España, Portugal e Hispanoamérica - Ernesto Rueda
TECNOLOGÍA

Ángeles Delgado: «Sevilla podría ser el Silicon Valley europeo»

La presidenta de Fujitsu en España, Portugal e Hispanoamérica, natural de Sevilla, dice que Andalucía tiene una «oportunidad única» con la revolución digital tras perder hace más de un siglo el tren de la revolución industrial

SevillaActualizado:

Ángeles Delgado (Sevilla, 1962) es la consejera delegada de Fujitsu en España, multinacional japonesa especializada en tecnologías de la información y la comunicación (TIC) y puntera en automatización, software avanzado, computación cuántica e inteligencia artificial. Licenciada en Ciencias Económicas por la Universidad Complutense, cursó un Programa de Desarrollo Directivo en el IESE Business School. Pionera en la dirección de equipos comerciales en España, pertenece a la Junta Directiva del Círculo de Empresarios y del Consejo Empresarial de América Latina. También es patrona de la Fundación CEDE y de la Fundación Juan XXIII.

¿Puede alguien resistirse a la revolución digital y tecnológica?

Todos estamos impactados por la digitalización y no es algo realmente que podamos elegir, pero podemos ser protagonistas en la medida en que éste es un proceso que tenemos que dirigirlo. Las normas que hemos tenido hasta ahora no nos van a servir para el futuro y habrá que marcar nuevas normas y leyes para la organización de la sociedad.

¿Es importante avanzar en educación y formación para poder adaptarnos mejor a una transformación tan radical?

Es uno de los grandes temas donde hay que cambiar y hacer pactos de Estado a largo plazo entre todas las fuerzas políticas. Nos faltan competencias que no hemos desarrollado como el nivel de idiomas o el hecho de hablar en público. Debemos asegurarnos de que los jóvenes salen preparados para los retos de las empresas y para el tipo de sociedad que vamos a tener. En la educación tradicionalmente se ha adquirido conocimientos pero lo que se va a exigir es una formación más integral. Los conocimientos son necesarios, pero ya no es tanto tener la información como saber buscarla y puede darse el caso de que, cuando el alumno acabe su grado universitario, algunas cosas que ha estudiado se hayan quedado obsoletas. Tenemos que desarrollar conocimientos no sólo en áreas tecnológicas sino también en disciplinas humanísticas como filosofía o antropología.

¿Se necesitarán también filósofos, además de matemáticos, para el nuevo orden digital?

Necesitaremos muchos matemáticos para convertir en algoritmos muchas combinaciones que nos ayudarán a tomar las mejores decisiones en muchos campos. Pero la parte humanista es muy importante porque en el mundo digital lo importante son las personas. En nuestra compañía combinamos perfiles laborales de ambas áreas y la colaboración entre ambos resulta muy productiva.

Lleva 33 años trabajando en el mundo de la tecnología. ¿Era su objetivo desde que empezó sus estudios?

Yo estudié Económicas y en esa época, los años ochenta, había un gran «boom» tecnológico y empezaron a automatizarse muchas cosas como los Presupuestos Generales del Estado. En aquel momento tuve también la opción de la consultoría pero me atrajo más el mundo de la tecnología, el que está produciendo más cambios en la vida y bienestar de las personas.

La inteligencia artificial y los robots, uno de los campos prioritarios para su empresa, abren un abanico de posibilidades casi infinito en la vida cotidiana, pero también generan inquietud en muchas personas que temen ser sustituidas por máquinas.

Estamos investigando mucho en inteligencia artificial y desde hace tres años nuestros científicos de datos colaboran con psiquiatras de la fundación del hospital clínico San Carlos en un proyecto de referencia mundial para que los médicos puedan detectar de forma temprana la posibilidad de desarrollar enfermedades mentales. Éste es un ejemplo muy claro de colaboración entre disciplinas técnicas y humanísticas en el que creo firmemente. También de cómo la tecnología está al servicio de las personas y no para sustituirlas.

Hay robots que atienden a los clientes en hoteles japoneses y otros que escriben crónicas deportivas aún muy rudimentarias en algunos periódicos norteamericanos. En un futuro no muy lejano esta entrevista, tal vez, podría hacérsela una máquina.

Los robots nunca van a tener sentimientos, ni intuiciones, pero nos pueden ayudar mucho. Nosotros hemos instalado robótica en nuestro departamento financiero para solventar tareas repetitivas como grabar facturas en una base de datos, que realmente no enriquecen al ser humano ni fomentan su creatividad y capacidad de innovación. Los médicos tienen que hacer muchas tareas repetitivas, de tipo administrativo, cada vez que reciben a un paciente; si eso lo puede hacer un robot, ellos tendrán más tiempo de examinar al paciente y mirarle a los ojos, algo que no podrá hacer nunca una máquina.

¿Entiende que estos cambios produzcan miedo en algunas personas?

Si pensamos en la vida hace doscientos años, veremos que la tecnología nos ha ayudado a avanzar y a mejorar el bienestar de nuestra sociedad. Con miedo no se va a ninguna parte y los líderes de las empresas y de los gobiernos deben ayudar a gestionar esta lógica incertidumbre que generan los cambios. Tenemos que definir el papel que le vamos a dar a la tecnología para que se mantenga al servicio de las personas y no al revés.

«Hay que asumir que en todos los nuevos empleos habrá que aprender cosas nuevas cada día y una nueva forma de pensar y de colaborar en equipo»

El mundo se ha vuelto muy complejo y se ha llenado de incertidumbres, como acaba de decir. ¿Tenemos que ir asumiendo que uno ya no va a poder permanecer muchos años en ninguna empresa y que ni siquiera lo que hace hoy tendrá mucho que ver con lo que deba hacer dentro de algunos años?

El desarrollo profesional se ha transformado radicalmente por el carácter disruptivo de las nuevas tecnologías y la velocidad a la que se están produciendo los cambios. Hay que asumir que cada día hay que aprender cosas nuevas y que vamos a tener que estar aprendiendo durante todo nuestro desempeño profesional. Mi padre trabajaba en el sector del petróleo y recuerdo que siempre estaba estudiando para actualizarse, igual que hacen los médicos, pero hay que asumir que la revolución tecnológica va a extender estos cambios constantes a casi todas las actividades. Vamos a desarrollar una nueva forma de pensar y de colaboración profesional mucho más dinámica.

¿Cree que en un futuro no muy lejano la mayoría de los trabajadores serán una especie de «free-lance» que prestarán sus servicios a distintas corporaciones?

Hemos hecho un estudio sobre el perfil del puesto de trabajo tecnológico hacia el año 2025. Y nuestra opinión es que será muy abierto, flexible e intergeneracional. Nosotros, de hecho, tenemos cuatro generaciones diferentes en nuestra empresa. La capacidad de colaborar entre las distintas empresas y disciplinas lo hará necesariamente flexible.

Ha trabajado en multinacionales francesas como Bull o norteamericanas como Digital Compaq. ¿Es diferente una japonesa como Fujitsu?

Fujitsu se fundó en 1935 y el entonces presidente les pidió a sus setecientos empleados ellos el día de la inauguración que no perdieran nunca su pasión por investigar y mejorar cada día. También les pidió siempre que pensaran siempre en los clientes de sus clientes. Las compañías japonesas nos distinguimos porque llevamos en nuestra esencia una serie de valores como el compromiso, la visión a largo plazo, la búsqueda continua de la mejora, la innovación y el respeto a las personas, a las que ponemos siempre en el centro de las decisiones.

La norteamericana Facebook utilizó los datos privados de sus usuarios para fines comerciales o a consultoras políticas. Google reconoce que escucha y transcribe las conversaciones de los usuarios con su asistente virtual con fines desconocidos. ¿No cree que todas esas actuaciones hacen desconfiar de la tecnología, de la inteligencia artificial y de todos esos avances?

La tecnología no es la responsable de estos usos y resulta evidente que no podemos dejar que se desarrolle por sí sola. Las personas somos los que tenemos que definir esa relación entre nosotros y la tecnología. Fujitsu ha hecho una declaración ética en su desarrollo de la inteligencia artificial que incluye expresamente que los algoritmos respeten la decisión de la persona, que no sean cajas negras en las que no sabemos qué sucede. Que no sea discriminatorio y que siempre deje la autonomía de la capacidad de decidir a las personas.

«Los algoritmos no pueden ser discriminatorios y deben respetar la decisión de las personas. No pueden ser cajas negras en las que no sabemos qué sucede»

Una de las áreas en las que está invirtiendo su compañía es la computación cuántica.

-Sí. Y en un futuro próximo contaremos con una nueva generación de ordenadores que nos va a permitir no sólo grandes capacidades de proceso sino resolver problemas que tienen una componente combinatoria. Gracias a ellos, se podrán tomar decisiones óptimas en el campo de la sanidad, de las inversiones bancarias o en el de la optimización de una cadena de montaje de automóviles, por poner tres ejemplos, con muchísimas, casi infinitas, combinaciones de datos.

¿El avance en «big data» hará mejorar las vidas de todas las personas?

Sí. Disponemos de un centro de excelencia de analítica avanzada en Madrid que está haciendo de puente entre el mundo físico y el digital. La tecnología nos permitirá avanzar y mejorar toda la sociedad. En el campo sanitario, la tecnología hace posible avances en diagnósticos y tratamientos impensables hasta hace pocos años. También hemos colaborado con Caixabank en un proyecto pionero en todo el mundo, gracias al cual los cajeros automáticos funcionan por reconocimiento facial, sin necesidad de pin.

La oportunidad de Andalucía

La imagen general que se tiene de las multinacionales es que son empresas muy jerarquizadas. Sin embargo, las tecnológicas parecen diferentes, más horizontales que verticales y con una cultura de trabajo en equipo.

Fugitsu se arraiga mucho en cada uno de los cien países en los que opera y en sus respectivas sociedades. En España llevamos más de cuarenta y cinco años y somos conscientes de que nuestra organización debe evolucionar. El concepto de trabajo en equipo se nos ha quedado corto: ahora hablamos de una colaboración multifuncional y dinámica, de tal manera que ante un proyecto o un problema de negocio seamos capaces de sumar el talento necesario. Hace nueve años, arrancamos un programa que ahora se llama Rumbo al 2020 que consistía precisamente en eso, en fomentar el espíritu colaborativo. En dar mayor agilidad y dinamismo donde el talento pueda fluir.

¿Trabajan muchos empleados de Fugitsu desde su casa?

La tecnología tiene que facilitar la conciliación. Yo a veces he estado trabajando desde mi casa en Cádiz. Nosotros hemos promovido una fórmula que va más allá del teletrabajo y que le llamamos «smartworking». Nuestra flexibilidad horaria es muy grande en función de las necesidades de cada empleado y esa la combinamos con un equilibrio entre el trabajo presencial y el trabajo remoto.

¿La productividad se ha mantenido con esas fórmulas?

No sólo se ha mantenido sino que ha crecido. Y hemos comprobado que ha mejorado mucho la satisfacción de las personas que trabajan con esta flexibilidad. Y también su compromiso y sentimiento de pertenencia a la empresa. De todas maneras, opino que siempre hay que preservar el trato personal, el elemento humano. Siempre debemos mirarnos a los ojos y también debemos mirar a los ojos de nuestros clientes.

En España trabajamos más horas al año que los alemanes y casi que cualquier europeo, pero nuestra productividad es inferior. ¿Cuál cree que es la razón?

La mejora de la productividad es una de las asignaturas pendientes en España. Debemos trabajar en eso porque el mundo está globalizado y la competitividad es también global. Creo que la mejora en este campo tiene que ver con la aplicación de metodologías, tecnologías y procesos que nos hagan trabajar de manera más eficiente, aunque hay otros componentes de tipo cultural.

Es usted sevillana y tiene casa en Cádiz. ¿Por qué cree que persisten fuera de Andalucía los tópicos de que los andaluces trabajamos menos que los vascos, los madrileños o los catalanes?

Nací en Andalucía, me casé con un gaditano y alguna magia debió de darme Sevilla. Me encanta el flamenco y estudié guitarra española. Creo que Andalucía tiene una gran oportunidad que no debe desaprovechar. En el momento de la industrialización, no tomó ese tren industrial, pero ahora está perfectamente preparada para tomar el tren digital. En Andalucía sobra el talento y esto no es una frase bonita. Lo hemos comprobado.

¿Por esa razón han apostado por Sevilla y abierto una nueva sede?

Todas las aplicaciones digitales del correo británico, por ejemplo, las está desarrollando talento andaluz. En ese nuevo centro trabajan seiscientas personas que están haciendo gestión compleja de datos y desarrollo de software muy avanzado. No lo digo solo yo sino nuestros clientes y no sólo los españoles sino de todo el mundo.En una economía digital en la que prima la creatividad, la innovación y el talento, creo que Andalucía tiene una grandísima oportunidad.

Habla del talento y del trabajo andaluz, pero desde otros lugares de España se pone el foco en nuestra inclinación a la fiesta.

La fábrica de Fujitsu en Málaga, que ha cumplido cuarenta años, es un modelo de productividad. Si además de trabajar, los andaluces trabajamos con alegría, creo que lo hacemos incluso mejor que los de otras comunidades.

«Tenemos muchos motivos para estar orgullosos de España: infraestructuras, talento, seguridad, competitividad, universidades, cultura e historia»

José Rodríguez de la Borbolla dijo hace varias décadas, cuando era presidente de la Junta, que Andalucía podría ser «la California de Europa». ¿Sevilla tiene condiciones para convertirse en un foco de atracción tecnológica, una especie de Silicon Valley europeo?

Absolutamente. Es una oportunidad irrepetible para Sevilla y Andalucía para lograr un liderazgo en economía digital. Se dan hoy una serie de variables únicas para que esto ocurra: hay mucho talento en Andalucía en este momento, grandes universidades, una combinación de seguridad, de competitividad en costes laborales y un atractivo cultural e histórico incomparables, aparte del clima, que también nos hace imbatibles.

Pero tenemos en contra nuestro histórico pesimismo.

Tenemos muchos motivos para estar orgullosos pero los españoles somos los europeos que peor imagen tienen de su país, a pesar de que tenemos todo eso, unas infraestructuras fantásticas, unas multinacionales que hacen obras espectaculares en los cinco continentes y las mejores escuelas de negocio del mundo, por ejemplo. Y tenemos una historia increíble y joyas como la Mezquita de Córdoba, la Catedral de Sevilla o la Alhambra de Granada. Ahora bien, esta gran oportunidad que se nos presenta no saldrá adelante sola. Debemos configurarse una estrategia para que se vayan dando los pasos para mejorar la competitividad andaluza. Tendemos a hablar de la Junta de Andalucía pero debemos colaborar todos los organismos públicos, universidades y empresas. Hay que crear un ecosistema y alinearlo en esa estrategia.

La presidenta de Microsoft en España dijo hace poco que cerca de un veinte por ciento de los profesionales TIC europeos se han afincado en España, muchos de ellos en Andalucía. Será por algo.

Málaga o Sevilla son lugares mucho más agradables para vivir que Londres o Bruselas. Esa estrategia debe ir, en mi opinión, en esas dos direcciones: exportar talento y servicios, pero atraer también a Andalucía y España el talento de fuera.

El localismo despierta rivalidades y recelos entre algunas ciudades andaluzas. ¿Málaga y Sevilla podrían colaborar más de lo que hacen?

Absolutamente. La unión hace la fuerza. La colaboración es fundamental en el mundo digital y eso no está reñido con la defensa de la cultura propia, incluso de cada pueblo. Conil de la Frontera, que me encanta, también tiene sus peculiaridades respecto a otros pueblos de la comarca gaditana de la Janda.