Entrenamiento del Betis en el Estadio de la Cartuja en 2013
Entrenamiento del Betis en el Estadio de la Cartuja en 2013 - R. Doblado

XX aniversarioEstadio de la Cartuja: el escenario del Mundial de Atletismo de Sevilla se pudre cerrado al público

El Estadio de la Cartuja está clausurado por los desperfectos en su cubierta. Así «celebra» este martes los 20 años de la inauguración del evento por el que nació

SevillaActualizado:

Veinte años. Este martes, precisamente 20 de agosto, se cumplen esos cuatro lustros de la inauguración de un evento deportivo de primer orden en Sevilla capital, el Mundial de Atletismo de 1999. El hito, que resultó un verdadero éxito tanto a nivel deportivo como de promoción e imagen de la capital de Andalucía, supuso también la construcción de un gran hito urbano necesario para ser escenario de esta cita, el Estadio de la Cartuja, bautizado entonces como Estadio Olímpico porque la ciudad y sus gobernantes (esencialmente, el Partido Andalucista) habían promovido esta edificación para respaldar las aspiraciones de albergar incluso unos Juegos Olímpicos, a los que luego se optó sin éxito.

Para promover el ambicioso proyecto, se jugaba con la baza de que los dos principales equipos de fútbol de la ciudad, Sevilla y Betis, usaran el estadio de manera comunal y abandonaran los suyos, algo que garantizaría la reutilización adecuada y la rentabilidad del gigantesco recinto, pero ninguna de las dos entidades se decidió finalmente por esta alternativa y se mantuvieron en sus «casas» de Nervión y Heliópolis.

El futuro del coliseo quedaba así en el filo de la navaja una vez concluyera el Mundial al aire libre, pero sus gestores lo mantuvieron durante más de 15 años con actividad y cierta salud a base de algunos eventos deportivos de cierta relevancia (dos finales de la Copa del Rey y varios partidos de la selección española de fútbol) y, sobre todo, de grandes conciertos (U2, Springsteen, ACDC, Madonna, Maná...) que compensaron los desequilibrios financieros con los que, estructuralmente, debía cargar la instalación. Hasta que llegó la crisis económica entre 2012 y 2013.

Desde hace cinco o seis años, el descenso letal en las actividades que provocó el estallido de la famosa burbuja financiera terminó por descuadrar el funcionamiento del «Olímpico»: ni había ingresos extra suficientes ni se mantenía el recinto en las condiciones suficientes. Tanto es así que, como ABC adelantó en diciembre del año pasado, hubo que cerrar el estadio a los eventos por los problemas surgidos con la cubierta del mismo, tan deteriorada que los técnicos que firman cada año el certificado de seguridad para que el estadio se pueda usar se negaron a hacerlo.

A efectos prácticos, campo cerrado más allá de las oficinas y descalabro mayúsculo de las administraciones encargadas de su gestión y explotación. Especialmente de la Junta de Andalucía, encargada de la gestión del recinto a través de la sociedad Deporte Andaluz, que admitía entonces su incapacidad para afrontar la reparación del techo del recinto (más de 16 millones de euros) y se limitaba a valorar la posibilidad de ejecutar una «chapuza» momentánea para poder seguir tirando (invirtiendo dos o tres millones a lo sumo). La degradación de la cubierta por el paso del tiempo y la falta de mantenimiento obligó a cerrar el estadio a efectos prácticos dado el peligro de desprendimiento de parte de su estructura. Fracaso consumado.

Los nuevos responsables del Ejecutivo autonómico tras las últimas elecciones andaluzas (y la salida del PSOE del poder tras 36 años) se encontraban con una coyuntura delicadísima en este apartado y comenzaron a trabajar para solventar la cuestión lo antes posible. En el reparto de áreas entre PP y Ciudadanos surgido del pacto de gobierno regional, la formación naranja se hizo con la Consejería de Educación y Deporte y el nuevo responsable de la cartera, Javier Imbroda, tiró de agenda y de su nuevo equipo de colaboradores para poner sobre la mesa nuevas posibilidades con la que no sólo resolver el problema del deterioro del estadio y de su cubierta en particular sino incluso acabar con el mal endémico del recinto, el de su deficitaria explotación por parte de la Administración pública. Ambos asuntos podrían afrontarse y resolverse de una tacada, mediante una sola decisión.

La nueva visión

Como este periódico narró en mayo, los responsables de Deporte mantienen desde hace varios meses contactos e incluso reuniones con empresas multinacionales de la gestión de recintos deportivos, y de enorme peso en el panorama internacional, para negociar la posibilidad de hacerse con las riendas del estadio cartujano y poder sacarle el rendimiento necesario e incluso beneficios organizando eventos de toda índole.

Los contactos han sido ya numerosos estos últimos meses y «se están barajando y contemplando todas las posibilidades», según fuentes de la Consejería, desde la alternativa de un alquiler —por más o menos tiempo o incluso por fases— hasta la concesión administrativa para la explotación del recinto. Con este punto de partida, el planteamiento del Gobierno andaluz es que el hipotético acuerdo incluya el arreglo de la cubierta, del que se haría cargo el nuevo operador incluyendo las cantidades de esa reforma en el contrato final. La compañía que se haga con la gestión tendrá también que costear el arreglo de los techos, o al menos buena parte de los mismos, a tenor de la idea con la que está trabajando Educación y Deporte.

En este sentido, y como ya se apuntó, ha cobrado especial relevancia en estas negociaciones el importante bagaje del nuevo secretario de Deportes de la Junta, el malagueño José María Arrabal, persona muy cercana y de total confianza de Imbroda que hasta hace varios meses ocupaba la dirección del área de Negocios en de Liga de Fútbol Profesional (LFP) en Oriente Medio —concretamente en Dubai— y el Magreb. Arrabal comenzó su andadura profesional en la oficina de la NBA en Barcelona para incorporarse posteriormente al Real Madrid, donde perteneció primero al área de marketing de la sección de baloncesto y después al departamento de internacional de la entidad blanca.

Desde la capital de España se trasladó a la Costa del Sol, encargándose del área de Negocio y Desarrollo del Málaga CF, donde estuvo en varias etapas intercaladas con su trabajo en la LFP. Su cartera de contactos es, obviamente, muy importante y en ella están sustentándose buena parte de las reuniones que se vienen celebrando para dar una salida a la situación del estadio, una verdadera rémora para la Administración autonómica.

Eso sí, la cuestión está todavía sin concretar, algo que se espera hacer en los próximos meses según las fuentes consultadas. Prefieren evitar precipitaciones al tratarse de un asunto de mucho calado y de una decisión que supondría un cambio radical en la explotación incluso a medio y largo plazo. Las instituciones que forman parte del accionariado de la sociedad (Junta, Gobierno central, Diputación y Ayuntamiento) están «trabajando de forma coordinada, manteniendo el diálogo y avanzando con el objetivo de relanzar el estadio», se exponía esta semana desde Educación y Deporte.

Mientras tanto, una infraestructura que costó al bolsillo de los ciudadanos casi 130 millones de euros (se invirtieron unos 125 pero luego la financiación a quince años elevó mucho ese precio) permanece cerrada y en constante deterioro. Así «celebra» el viejo «Olímpico» los veinte años del mayor evento deportivo que ha albergado, el que le vio nacer y le dio todo su sentido, el Mundial de Atletismo del 99.