Abel Antón, momentos después de vencer en el maratón de 1999
Abel Antón, momentos después de vencer en el maratón de 1999 - AP

XX aniversario del Mundial de Atletismo de SevillaAbel Antón: «Fue algo espectacular. Sevilla brilló como solo ella sabe hacerlo»

Medalla de oro en un colosal maratón, Abel Antón rememora aquella cita en la Cartuja veinte años después

SevillaActualizado:

La imagen más icónica del Mundial de Atletismo de Sevilla de 1999 fue la entrada triunfante en el estadio del soriano Abel Antón, que se hizo con el oro en un maratón memorable.

Han pasado veinte años de su oro en maratón en Sevilla pero imagino que algunas cosas no se difumina fácilmente pese al paso del tiempo...

Así es. Recuerdo aquello como si hubiese sido ayer mismo. Lo tengo muy fresco en mi cabeza porque es algo inolvidable. El ambiente de aquel día por las calles por las que pasábamos los corredores, la gente volcada con el maratón... Fue espectacular, sobre todo por las calles del centro, que estaban llenas, y, cómo no, al entrar en el estadio, que iba a reventar de público y de ánimos. Lo que allí ocurrió fue muy especial, y encima logré llegar a la Cartuja con bastante diferencia sobre el segundo y pude entrar solo en el estadio y hasta ir saludando. Sevilla brilló como solo ella sabe hacerlo. Nunca olvidaré aquello, ni siquiera sus detalles.

¿Alguno de ellos en especial?

Hubo muchos, como es natural. La vuelta de honor una vez pasé la meta resultó muy emocionante. La presión era máxima porque todos estaban pendientes de que lográramos el oro, que por algo corríamos en casa. Y como salió tan bien... Tenía la adrenalina por las nubes y luego, incluso horas después, no logré pegar ojo en toda la noche. Pero sí es verdad que recuerdo algún detalle con mucha intensidad, como la mirada que nos cruzamos Yago Lamela y yo cuando entré en la recta de meta ya triunfante. Él me miró, me saludó y me animó dándome la enhorabuena con un solo gesto unos metros antes de que pasara la línea de llegada. Yago había sido plata en salto. Y luego... lo que es la vida.

Llegando a la Cartuja daba la sensación de que oía el rugir de las gradas y que eso le estaba dando más fuerza. Algo se escuchaba, ¿no?

Sí, sí que se oía. A un kilómetro era ya un sonido muy evidente, y además sabíamos que estaban poniendo el final de la carrera por las pantallas del estadio y notabas que la gente ya lo estaba siguiendo en directo. Todos estaban muy pendientes y cuando me iba acercando a la Cartuja ya sonaba el rugido. Era impresionante. La verdad es que la ciudad estuvo a una altura excepcional. Fue muy emocionante.

¿Qué pudo vivir de la ciudad durante aquellos días, más allá de la carrera en sí?

Bastante más de lo que esperaba, incluso. Llegué tres o cuatro días antes para aclimatarme, entrenar con el calor de agosto y organizarme un poco, pero noté que el ambiente y la expectación eran enormes, mayores de lo previsto. Y teníamos un apoyo constante de la gente por la calle, en el hotel al entrar o salir, entrenando... Había muchas esperanzas depositadas en esta prueba porque dos años antes se había logrado el gran éxito del Mundial de Atenas, con mi oro y la plata de Martín Fiz. La presión era importante, se notaba en la atención de los medios, la cantidad de entrevistas, le gente hablando de ello... y también la esperanza que se había generado. Además, era la última prueba del Mundial, el día 28, cuando todo terminaba. Eso se notó en el ambiente.

Su triunfo en la prueba reina, fue, quizás, la imagen más simbólica y recordada de aquel Mundial sevillano, ¿no le parece echando la vista atrás?

Puede ser, sí. Ya le digo que la expectación era muy grande. Y resultó inmejorable. El no va más. Fíjese que se retransmitía en directo por Televisión Española y tuvimos seis millones y medio de espectadores. ¡Seis millones y medio un 28 de agosto y con una prueba de atletismo! No es fácil encontrar ejemplos parecidos. Esto demuestra que la gente estaba muy pendiente.

Antón, entrando en el estadio con gesto victorioso
Antón, entrando en el estadio con gesto victorioso - DÍAZ JAPÓN

Después de aquello, su relación con la capital andaluza ha sido muy intensa y permanente.

Sí, sin duda. Luego volví muchas veces y más tarde me nombraron embajador del maratón de Sevilla, lo que para mí es un verdadero honor. Mi relación se ha intensificado con esta maravillosa ciudad. Ahora disfruto mucho de ella. Todos los alcaldes me han tratado muy bien, además, hayan sido del color político que haya sido. Con el actual, Juan Espadas, tengo un contacto muy bueno y tenemos una relación formidable. Nos vemos cuando vengo, quedamos incluso a comer con las familias... Es muy buen aficionado y una persona muy amable. En general, creo que en Sevilla me tienen un cariño especial. Así lo percibo. La gente me saluda mucho y me recuerda todavía con frecuencia aquello de la medalla de oro.

¿Puede decirse que aquel éxito suyo de 1999 fue la base del crecimiento del maratón de Sevilla y de las carreras de fondo en general en la ciudad?

Bueno, está claro que todo suma. Desde luego, eso puede haber ayudado al despegue de este deporte y de la práctica del running, que ahora goza de muy buen a salud. Son muchos los aficionados que me dicen que empezaron a correr después de aquella época en la que algunos destacamos y nos dimos a conocer, lo cual es un orgullo enorme. Indudablemente, todo suma. En aquellos maratones primeros de la ciudad había unos 2.000 participantes y este año que viene está previsto superar los 14.000. La evolución es enorme. Si aquel maratón del 99 fue el inicio, mejor que mejor.

Y volviendo al 99, ¿qué opinión le merece y qué sensaciones le genera que aquel estadio donde logró ese enorme triunfo esté ahora cerrado por desperfectos y falta de mantenimiento?

Es una verdadera faena, una pena muy grande. Ya para el maratón se decidió que la meta no fuera allí y sí en el centro de la ciudad, pero creo que debería recuperarse ese paso por el estadio, aunque no sea la línea de llegada, porque a los corredores les hace mucha ilusión. Espero que las autoridades resuelvan pronto esta cuestión, porque se trata de una infraestructura que costó mucho dinero y que habría que tener en uso. Por ese coste y por los eventos tan importantes que ha vivido. El Estadio de la Cartuja merece mejor suerte y seguro que se va a arreglar pronto.