La Anselma (a la derecha de la imagen) siempre fue muy rociera, muy ferianta y muy taurina
La Anselma (a la derecha de la imagen) siempre fue muy rociera, muy ferianta y muy taurina - ABC
Reloj de arena

Anselma Jiménez: En torno al casticismo

Hay volcanes que se enfrían cuando la oyen hablar. Y ciclogénesis que se convierten en gaseosa cuando la señora manda, ordena y decreta

SevillaActualizado:

Su voz es prusiana. Con galones de sargento. Y sus maneras expeditivas. No te equivoques con ella nunca. Porque te expulsa del paraíso trianero que tiene en Pagés del Corro sin necesidad de lucir una espada flamígera. Le basta su voz de bajo. La primera muestra de su carácter la dio en el colegio de monjas donde estudiaba. Tenía solo cuatro años. Y ya prometía. La profesora le dijo que era un caso. Y ella, sin dejarse intimidar por la autoridad, respondió: y tú una cacerola.

Bajo esa rupestre personalidad, labrada sobre el granito del temperamento y la berroqueña veta de su naturaleza, se esconde un peluche tierno y generoso, que ha ayudado a tanta gente que la Anselma podría ser el nombre de una ONG. Pero eso lo lleva en silencio. Como le gusta que se traten sus cosas más personales e íntimas. Desde un billetaje para sacar del apuro mensual a un tieso a unas fiebres inoportunas que acaloren su salud. Todo eso va en la talega del anonimato.

Porque la Anselma es una industrial de la alegría, de la guasa y el tronío nocturno que fabrica en su bar. Hay locales famosos en el mundo. El Floridita en La Habana, el White horse tavern en Nueva York, el Harry´s bar en París. Y el de Anselma en Triana. Hay quien lo elevó a categoría de pabellón de Sevilla durante la Expo. Y no es mentira que medio mundo paraba allí tras saludar a Curro y embobarse con las danzas de los maories…

«Con tan sólo cuatro años ya dio muestra de ser todo un carácter. Una monja le dijo que era un caso. Y ella respondió: y tú, una cacerola»

Pero pasó la Expo y el bar continúa lleno, abierto hasta que la Anselma, sobre las dos de la madrugada, con la gente empapadita por dentro y agarrada a la farola de la vida, canta la Salve rociera y cada mochuelo se va a su olivo. La clave de ese bar es ella. La que habla fuerte. La de la voz gorda. La del grito huracanado. La del desparpajo y el temperamento. La que pisa el suelo y se mueven los sismógrafos. Un terremoto como la bautizó con cariño el rey emérito en una feria del Toro. La que en un viaje por Italia, en Roma, se quedó atascada en las catacumbas porque iba pasadita de jamón serrano. Y la que puso bocabajo con la madre de Kuki Scotto, Rosa Fernández, el vaporetto de Venecia cantando la Macarena de Los del Río.

Si fuera agua no había compuertas para detenerla. Si fuera viento no había tejado que no levantara. Si fuera luz le devolvería a Sabina los meses de abril que le robaron. Cuando Paquirri y la Pantoja se casaron en San Lorenzo, ella fue detrás del coche de Sisí emperatriz donde viajaban los novios. Y desde el barrio de Bécquer a San Jerónimo, la gente al verla le gritaba por las calles: mira ahí va la Anselma, la de la lista de bodas del Corte Inglés.

Porque Anselma, antes de tabernera cañí y cantaora amateur con dos discos grabados, fue la responsable de las listas de boda de aquel Corte Inglés deJavier Peinado. Dicen que fue la listera que más vendió en una Sevilla sin despedidas de solteras ni niñas, como hoy, que no quieren ser princesas pero sí reinas de sus mareas, con corona de pene plástico sobre sus nebulosas cabezas. Una Semana Santa, en su casa de San Lorenzo, se reunió gente de apellidos largos y caireles de plata nobiliaria para ver al Cisquero del talón divino.

«En un viaje por Italia, en Roma, se quedó atascada en las catacumbas y con la madre de Kuki Scotto pusieron bocabajo el vaporetto de Venecia»

Con el desparpajo al uso, le dijo a los hijos de una aristócrata con más alcurnia que la reina de Inglaterra: tu madre será grande de España pero dile que tiene que cambiar de peluquero…

Esa lengua la ha utilizado siempre para cantar por el palo que se le haya antojado. Por eso van a verla a su bar de Pagés del Corro. Un bar engalanado con regalos y fotos de la torería. Con recuerdos de Curro, Espartaco, Curro Durán, Pepe Luis Vázquez… Mirando las paredes se puede escribir otro Cossio. Y mirando la puerta puedes hacer mil programas del corazón.

Porque allí latieron, cantando, bailando o escuchando, desde los de los príncipes de España hasta los de la flor y la nata de la copla nacional. Tampoco les fue ajeno a ese fragor de palmas, cajas peruanas y rumbas los consejos de ministros de gobiernos populares y socialistas.

Todos pasaron por La Anselma. Hasta Francis Bacon, uno de los artistas más grandes del mundo contemporáneo, que al conocer su santo y seña le dijeron que tenía nombre de desayuno inglés. Giorgio Armani, Domenico Dolce y Stefano Gabbana celebraron allí el cumpleaños del primero que le tomó las jechuras al sarao para hacerle un traje sin arrugas.

Y el Peine de los Vientos de Chillida desenredó los caracolillos de la noche trianera cuando el Orfeón donostierra se presentó para conocer el bar. Cantaron y se cuenta que la gente lloró de emoción, una noche más, en torno al casticismo del bar de la Anselma…