Moreno Andrade recibió el despacho de juez del entonces ministro, Antonio Garrigues
Moreno Andrade recibió el despacho de juez del entonces ministro, Antonio Garrigues - ABC
CGPJ en Andalucía Occidental

Antonio Moreno Andrade, la antítesis del juez

Tras 42 años se jubila y deja su dedicación enamorada a una Justicia más «cercana» y amigos por todos los órganos que pasó; «los jueces no somos superiores», dice

SEVILLAActualizado:

No es un jurista engolado, ni un juez estrella. «Los odio», dice sin cortarse un pelo. Como buen sagitario, Antonio Moreno Andrade (Chiclana 1945) no tiene pelos en la lengua ni hace distinciones a la hora de relacionarse con los que le rodean. El mismo respeto y la misma cercanía emplea para tratar al más alto jerifalte de la judicatura que a la limpiadora del despacho, al guardia civil de la puerta o a la periodista que lo entrevista. Por eso al representante del CGPJ en Andalucía Occidental y presidente de la sala de lo Contencioso Administrativo del TSJA, que, como dice el refrán, tiene amigos hasta en el infierno, lo van a echar mucho de menos cuando en unos días se jubile al cumplir los 72 años. «No quiero ni pensar cuando se vaya», dice apenada Inmaculada Algarín, su secretaria.

La vida de Moreno Andrade da para otro libro que se sume a los que escribió: varios de jurisprudencia, dos dedicados a su pueblo, otro del pregón y una novela «La sombra del patio». Porque en la Justicia este hombre ha hecho prácticamente de todo desde que se puso la toga en 1975, poco antes de cumplir los 30 años.Dos días después se casó con Margarita Odero, la mujer de su vida y la madre de sus dos hijos, Borja y Álvaro. Nacido en Chiclana, hijo de bodeguero y ama de casa, fue «un niño feliz» que, tras estudiar en Los Marianistas de Cádiz, recaló en Sevilla para estudiar Derecho. En las aulas de la vieja fábrica de tabacos coincidiría con Manuel Chaves, José Antonio Griñán o Pedro Cruz Villalón entre otros. Y luego, tras la carrera, comenzó a opositar. «Quería ser juez desde niño».

En el camino de la oposición se encontró con juristas de prestigio como Santiago Romero Bustillo, su preparador, y entre sus compañeros de promoción con notables fiscales como Eduardo Torre Dulce o Luis Navajas, fiscal general en funciones. «José Manuel Maza iba a venir a mi despedida», dice impactado por la reciente muerte del que fuera su gran amigo. Unas amistades que no impiden al chiclanero volver cada fin de semana que puede a su tierra. Allí es «Antonio a secas» y se reencuentra con los suyos. Luego hizo otros amigos por donde quiera que fue. Desde su primer destino, en Marchena, una plaza que lleva «en el alma» porque allí dio su primer pregón y porque se topó con el caso más complicado de su vida: el crimen de Los Galindo. Pese a la dificultad del asunto, acabó haciendo amistades con los familiares de las víctimas.

Llegada a Sevilla

De ahí pasó a Osuna, Morón, Utrera, El Puerto Santa María, Tarrasa y las Palmas de Gran Canaria hasta llegar a Sevilla en 1983. En la capital hispalense fue juez de instrucción, puesto que compatibilizó con el de decano. Luego, en 1990, recaló en la Sala de lo Contencioso Administrativo del TSJA, de la que es presidente desde 2004, cargo que ha compatibilizado con representante del CGPJ hace un año.

Moreno Andrade, que no piensa retirarse ya que seguirá como presidente de la Real Academia Sevillana de Legislación y Jurisprudencia además de pertenecer al Consejo Consultivo de Andalucía y colaborar con un despacho de abogados, es un apasionado de la Justicia. «Es una dedicación enamorada», proclama explicando que lo que más le ha gustado de estos 42 años es «el trato con la gente» y cuestionando a otros magistrados más distantes. Es consciente de que no es un magistrado al uso. «Los jueces tienen que tener cordialidad con los profesionales y los justiciables», reivindica. Porque, a su juicio, «nadie debe salir de un juzgado peor de lo que entró» y porque los togados «no somos superiores».

Los toros, la escritura, el flamenco. su tierra o el Sevilla F.C. son sus pasiones ¿Y la Semana Santa? El juez, que fue pregonero de Sevilla en 1992, dice haber cambiado su relación con la semana grande. «Hemos cambiado mucho la Semana Santa y yo también. Se ha trivializado y se ha folclorizado y me he hecho más escéptico», explica.

Y tampoco oculta como ha evolucionado su forma de pensar ni le molesta que le pregunten por sus ideas. «En mi juventud fui bastante de izquierdas, luego me he serenado y un día le confesé a un cardenal que Zapatero había hecho de mí un hombre más católico y un poco de derechas». Aún así, la ideología nunca le influyó para dictar sentencia. Tiene amigos de izquierdas y de derechas y se considera conservador, tolerante y un poco feminista. «No creo en la superioridad del hombre» dice indignado por la falta de respeto y recalcando que la vida está llena de «alegría».

Sigue creyendo en la independencia judicial pero también sabe que la Justicia no siempre es igual para todos. No por los jueces, sino porque hay grandes abogados con «extraordinaria habilidad» para defender a sus clientes. Y admite que la Justicia que él conoció era más artesanal y dejaba más tiempo para pensar. «Yo he arreglado matrimonios con una cerveza; eso hoy es imposible», dice riendo. Así es Moreno Andrade, un juez cercano.