Suscríbete a
ABC Premium

El aprendiz de brujo

AL contemplar la foto de las vías desnudas del AVE Madrid-Sevilla, cortadas por los efectos de la tormenta, lo primero que me vino a la cabeza fue la economía española. Esos raíles en el aire, esas traviesas sin firme en que apoyarse, esa maravilla de la técnica que es el tren de alta velocidad suspendido o marchando a treinta kilómetros por hora es el mejor símbolo de una economía basada en una burbuja, que se ha desinflado ante la primera crisis de verdad que le ha caído encima. Con una importante diferencia: es de esperar que los rellenos que se están poniendo al tendido del AVE le permitan recobrar pronto su velocidad normal y evitar trastornos parecidos en el futuro. Pero los rellenos que se están poniendo a la economía española difícilmente lograrán sacarla del foso en que se encuentra. Los 420 euros mensuales que el Gobierno acaba de aprobar para los parados que se han quedado sin ningún otro tipo de prestación, es otra de sus medidas «analgésicas», como lo fueron los 400 euros de devolución del IRPF o el famoso «cheque-bebé», meros parches, alivios momentáneos, pero que en modo alguno resuelven el problema de fondo. Es más, lo agravan al endeudar al Estado aún más de lo que está, dejándole sin recursos para las horas negras que nos esperan.

Todo apunta que el Gobierno de Rodríguez Zapatero, incapaz de reconocer que se ha equivocado, sigue negando la gravedad de una crisis que en un principio no admitió. Piensa que con aguantar y ayudar a los más necesitados, bastará, porque otras naciones saldrán del bache y tirarán de nosotros. En su ignorante soberbia, no se da cuenta de que esta crisis no es como las otras: un mero ciclo del capitalismo de vacas flacas y vacas gordas. Pero esta crisis es como una guerra, de la que unos saldrán vencedores, y otros, vencidos. Los que hagan sus deberes y pongan en práctica las reformas estructurales que la crisis exige, saldrán adelante. Los que no lo hagan seguirán en el pozo, perdiendo puestos en la carrera del desarrollo. Tan simple como eso. Países como Estados Unidos, Alemania y Francia que se han tomado en serio la crisis, apretándose el cinturón, empiezan a ver los primeros síntomas de recuperación, sin darla ni mucho menos por segura en un futuro próximo. Mientras los que, como el nuestro, lo único que han hecho es echar más dinero al horno de las subvenciones, sin aumentar la productividad, siguen en el túnel sin ver la luz al fondo de él. Pues no me dirán ustedes que arreglar las aceras, como prevé el Plan E, tiene algo que vez con la economía sostenible y productiva. O los 420 euros que ahora van a darse durante seis meses a los parados que se han quedado sin subsidio.

Qué se inventará el Gobierno cuando pasados esos seis meses, se compruebe que la medida surtió tan poco efecto como las anteriores, ya lo sabemos: prolongarla otro semestre. Y otro. Pero ¿y cuando sigamos en las mismas, mientras otros países se recuperan y nosotros hayamos agotado nuestra capacidad de autoengaño y de endeudamiento?

José Luís Rodríguez Zapatero empieza a parecer aquel aprendiz de brujo que terminó siendo víctima de sus hechicerías. Lo malo es que se lleva al país con él. No ha puesto en práctica ni una sola de las medidas recomendadas por los expertos, insistiendo, en cambio, en las que desaconsejaban. Incompetencia y sectarismo de la mano es la fórmula segura del descalabro.

Esta funcionalidad es sólo para suscriptores

Suscribete
Comentarios
0
Comparte esta noticia por correo electrónico

*Campos obligatorios

Algunos campos contienen errores

Tu mensaje se ha enviado con éxito

Reporta un error en esta noticia

*Campos obligatorios

Algunos campos contienen errores

Tu mensaje se ha enviado con éxito

Muchas gracias por tu participación